domingo, 18 de mayo de 2014

Luis Ocaña. El héroe trágico

El 19 de mayo de 1994 el ciclismo sufrió una trágica noticia. Aquel día Luis Ocaña acabó con su vida con un disparo en la cabeza. Hoy, veinte años después, desde aquí le quiero rendir homenaje al que fuera el corredor más singular del pelotón, una figura muy ninguneada en su propio país natal. Un hombre que no tenía medida, tanto en la vida como en la carretera, y cuya personalidad le hizo llevar todos los asuntos al extremo del todo o nada, como demostró su rivalidad con el Caníbal Eddy Merckx.

Y es que la historia de Ocaña es la historia de una persona maldita, pero al tiempo también es la de una persona inconformista y luchadora. El conquense fue una persona que vivió tanto en la vida y como en el ciclismo con la misma pasión, con el mismo riesgo. El exceso era su forma de vivir, su interpretación de la vida, y así lo fue hasta aquel trágico 19 de mayo de 1994.

Sus primeros años
Jesús Luis Ocaña Pernía fue hijo de la posguerra, naciendo un 9 de junio de 1945 en la localidad de Priego, Cuenca. La situación de pobreza general que se vivía en el país le hizo sufrir mucho desde niño. La escasez de trabajo hizo que cuando apenas contaba con seis años, tratando de huir de la pobreza, su padre encontrase trabajo en el Valle de Arán, en la frontera española con los Pirineos, muy cerca del Col de Portillon. Su vida siguió siendo igual de dura, tanto para los padres como para Luis y sus tres hermanos. En el Valle de Arán el trabajo no era abundante, y un tiempo después el cabeza de familia debió buscar un destino que les ofreciera otra oportunidad. La situación en el país les había obligado a abandonar España.

Ese destino lo iba a encontrar al otro lado de la frontera, en donde el padre trabajaría como leñador. Luis tenía entonces doce años, y aunque durante un tiempo siguió acudiendo a la escuela, meses después comenzaría a trabajar como carpintero, abandonando la escuela. Al lugar de trabajo se desplazaría en bicicleta, en la misma con la que echaba carreras con los amigos, a los cuales, a pesar de sus mofas por el material con el que competía contra ellos, siempre derrotaba.

El joven conquense sabía que era bueno sobre la bicicleta, pero se encontró con la oposición de su padre, quien le decía que nunca llegaría a nada en el deporte y lo que debía hacer era centrarse en su oficio, que era lo que le permitiría salir adelante. Nunca tuvo una gran relación con su padre, pero siempre admiró de él su determinación y capacidad de trabajo.

La carrera de Luis se habría echado a perder de no ser por la figura fundamental de Pierre Cescutti. Pierre tenía un equipo de chicos jóvenes y fue quien habló con el padre, convenciéndole que su hijo podía tener un futuro brillante con la bicicleta. Una vez que obtuvo el beneplácito del progenitor, Pierre le encontró alojamiento en Mont-de Marsan (que pagaba él) y le acogió en su equipo, además de negociar con el dueño de la carpintería para que le dejase tiempo libre al joven corredor para poder entrenarse.

De carácter fuerte, Ocaña no pudo compaginar mucho tiempo el oficio en la carpintería con el ciclismo. Luis tenía que hacer las cosas a su manera, en cualquier ámbito de la vida. Por eso tuvo una fuerte discusión con el dueño de la carpintería, hasta que le arrojó un martillo y este le despidió. Por fortuna para él, los triunfos no tardaron en llegar sobre la bicicleta, con lo que pudo salir adelante. Aún no era profesional, pero se iba a labrar un nombre importante como corredor independiente del equipo Mercier. Ese fuerte carácter hizo que se negase a pasar al equipo profesional como gregario de nadie y finalmente fichar por el conjunto Fagor.

Paso a profesionales
En su primer año de profesionales, en 1968, Ocaña se coronó como campeón de España. El corredor conquense, casi sin bajarse del podium, fue a visitar a su padre, que con un cáncer de próstata se encontraba ingresado en el hospital. El padre se alegró enormemente. Ambos, padre e hijo, se emocionaron. Semanas después moriría, como consecuencia del cáncer.

Al año siguiente la mala suerte se volvería a cebar con él. En esta ocasión fue en la sexta etapa del Tour de 1969, el primero del Caníbal Merckx, y fue en forma de caída. Ocaña sufrió una aparatosa caída en los primeros compases de la etapa, la cual le dejó muy magullado y con múltiples heridas. Orgulloso, como era, volvió a subirse en la bicicleta, decidido a concluir la etapa. Conforme avanzaba, cada pedalada le iba costando más y más esfuerzo. Su equipo entero se paró a esperarlo y empujarlo cuando fuera preciso: Perurena, López Rodríguez, Galera... Ahí estaba todo su equipo para ayudarle a llegar a meta. En el Ballon de Alsacia, llegó a decir Perurena, el conquense no pudo dar una pedalada y fue empujado por sus compañeros.

Al llegar a meta, no pudo más. Le bajaron de la bicicleta semi insconsciente, sin poder hablar y habiendo perdido mucha sangre. Tuvo que ser trasladado a un hospital para poder ser atendido de las múltiples heridas que se había producido en la caída. Se había acabado de esta forma tan cruel su primera aventura en Francia. Sería el inicio de una mala suerte que le acompañaría toda la vida.

Para la temporada de 1970 iba a cambiar los colores del equipo Fagor por los del francés Bic. Ese cambio de equipo vino acompañado de su primer triunfo en una grande esa misma temporada, la Vuelta a España. En el Tour estuvo al borde del abandono a causa de problemas físicos, aunque acabaría la prueba y conseguiría una notable victoria en la etapa de St. Gaudens. Ahí fue cuando se dio verdadera cuenta de sus posibilidades y de que podía ganar al todopoderoso Merckx. Entonces fue cuando comenzó su obsesión por derrotar al belga. Desde ese momento Ocaña tendría dos enemigos: él mismo y Eddy Merckx. No podía someterse a la autoridad que imperaba desde hacía dos temporadas en el pelotón, y él sería el encargado de acabar con la autoridad. Su obsesión iba a ser derrotar a Merckx.

Derrota a Merckx y caída
Ocaña se había obsesionado con derrotar en la carretera a Merckx. Tal fue su obsesión que llegó a enviar un telegrama al belga a comienzos de la temporada de 1971 diciéndole que respirase en esos momentos, porque en el Tour no le iba a dejar hacerlo:
"Silba ahora que puedes. Stop. Vendrán días en que no podrás hacerlo. Stop. Yo me encargaré de que esos días lleguen. Stop. Firmado: Luis Ocaña (París-Niza, 1971)"
Y en la Grande Bouclé cumplió su amenaza. En la undécima etapa, con final en Orcières-Merlette, destrozó a todo el pelotón, incluido Merckx, aventajándole ese día en casi nueve minutos. Ocaña estuvo ese día exultante, al final lo había conseguido. Había derrotado al campeón Eddy Merckx. Ese Tour, después de la demostración de ese día, ya tenía dueño, pues le sacaba al segundo casi 9 minutos y al belga uno más.

El Tour parecía tener dueño, pero con Merckx ninguna ventaja es suficiente. Al día siguiente, una etapa llana sin aparente peligro, atacó desde la salida y consiguió recortarle dos minutos al líder en la meta de Marsella. Dos minutos a los que se sumaron los once segundos de la contrarreloj de Albi. Aún quedaban por disputarse todos los Pirineos, pero la fortaleza mostrada por Ocaña en la montaña, unido a los siete minutos y veintitrés segundos de ventaja con los que contaba, situaban al español como el futuro vencedor en París.

Pero a Luis Ocaña siempre le acompañó en su vida la mala suerte, como iba a demostrar la 14ª etapa, la cual uniría Revel con Luchon, a través de 214,5 kilómetros. Era la primera etapa de los Pirineos de aquella edición, y en ella los corredores iban a afrontar las subidas a los puertos de Portet d´Aspet, el Col de Menté y el Portillon.

La etapa vivió sus primeros kilómetros bajo un sol de justicia, como había sido durante toda la carrera. Merckx lanzaría dos ataques brutales en el Aspet, primer puerto del día, que serían neutralizados por el líder Ocaña. Como consecuencia de dichos ataques, se formó un un grupo cabecero donde se encontraban los hombres más fuertes de la carrera, entre ellos el propio Merckx, el líder Ocaña y corredores como Zoetemelk, Thevenet o Van Impe.

Tras ese primer descenso, los corredores afrontaban la ascensión al Col de Menté. En ese puerto no pasó nada relevante hasta que a unos dos kilómetros de la cima, el belga Merckx quiso tensar la situación, realizando un tercer demarrage terrible, que iba a poner en jaque a los pocos hombres que formaban ese grupo de favoritos. Al tiempo, el cielo se estaba cerrando sobre sus cabezas.

Nada más coronar, con Merckx primero y Ocaña segundo en ese grupo de favoritos, la lluvía haría acto de presencia, convirtiendo desde ese momento la etapa en peligrosísima para los corredores, pues el barro y riadas de agua inundarían las cunetas en el descenso de Menté. El belga se lanzaría a tumba abierta en el descenso, situación ante la cual, Maurice de Muer, director del Bic, indicó a Ocaña que le dejase marchar, pues con la renta que tenía y los 40 kilómetros de llano que había entre puerto y puerto, era mejor evitar en lo posible los riesgos. Pero Ocaña no podía, no quería, dejar marchar al belga. Quería demostrarle que él era el mejor, y por eso no podía hacer ningún tipo de concesión con nadie.

La violencia con la que había estallado la tormenta hizo que la carretera se convirtiese en un río, y los frenos de las bicicletas quedasen inutilizables, por lo que para tratar de evitar las caídas los corredores debían frenar con el pie. Aún así, todos los corredores se fueron al suelo en alguna ocasión. De esta forma, en una curva de herradura a izquierdas Merckx se salió de la calzada, con Ocaña haciendo también lo propio a continuación. El belga tuvo que colocar la cadena antes de continuar el descenso, en el que cayó otras dos veces. Ocaña por su parte rompió una rueda, la cual fue rápidamente reemplazada. Cuando iba a montar nuevamente en la bicicleta para continuar en carrera, surgió de la nada la figura de un Zoetemelk que había perdido el control de su máquina y no pudo evitar al corredor español, con el que chocó de forma virulenta. Ocaña cayó al suelo y quedó semi insconsciente. La mala suerte había aparecido y aún se multiplicaría cuando, estando en el suelo, Agostinho tuvo el mismo problema que Zoetemelk y les golpeó. El caos en aquel punto fue total y hasta un motorista de la televisión francesa cayó sobre las personas que trataban de auxiliarle.

Ocaña se había roto la clavícula en alguno de los golpes que recibió en esa caída en el descenso de Menté y no pudo volver a levantarse del suelo. El Tour se había acabado para él y tuvo que ser evacuado al hospital más cercano, para ser tratado de sus lesiones. El orgullo había hecho caer a Ocaña. Había perdido el Tour. Pero a pesar de no haber acabado el Tour, de no subirse al podium de París, había derrotado a Merckx, que parecía que era lo que él más quería.

La etapa la ganaría Fuente, pero nadie estaba pendiente de ello, ni siquiera los miles de españoles que se concentraban desde el puerto del Portillon hasta la meta de Luchon. Estos tenían pancartas de apoyo a un Ocaña que jamás llegó a verlas, y lo pagaron con un Merckx que se mostraba tan afectado como ellos. Recibió insultos, escupitajos y hasta recibió alguna pedrada. Al día siguiente el belga no se pondría el jersey de líder, en un gesto caballeroso, en medio de lagrimas.

Nuevo fiasco en Francia
La caída y abandono en el Tour del 71 sumió a Ocaña en un periodo de crísis que sólo pudo superar volviendo a competir. Su nueva meta sería batir a Merckx en julio, en el mismo lugar donde ya le había derrotado el año anterior, el Tour de Francia.

El Tour se iba a vender como una carrera de Merckx contra Ocaña. Pero hasta entonces, la temporada de ambos corredores fue notable, con el belga sumando su tercer entorchado en el Giro, y con el español consiguiendo un nuevo campeonato de España y la Dauphiné Liberé. El duelo volvía a estar servido.

Y sería en los Pirineos, nuevamente en los Pirineos y en su primera etapa, en donde la mala suerte volvería a aparecérsele a Ocaña, esta vez en forma de caída. Fue en la etapa del Aubisque, cuando los corredores iban a afrontar el descenso del Soulor. Allí el corredor español pinchó. Merckx se acordó de lo sucedido el año anterior en Coucheron, cuando él también sufrió un pinchazo, y decidió lanzar un ataque. Ocaña se vio obligado a arriesgar en el descenso para reducir la desventaja y en una curva entró muy fuerte y se fue al suelo. Thevenet y otro compañero del francés también se fueron al suelo. Sólo el español se levantó. Llegó a meta a duras penas, muy magullado. No pudo continuar en la carrera debido a las lesiones producidas en la caída y a problemas respiratorios que tenían su origen en su infancia. Merckx y su particular tragico destino le habían vuelto a derrotar.

Victoria en París
1973 iba a ser un año diferente para Ocaña. Esa temporada sería la más exitosa para el corredor español, consiguiendo más de una decena de triunfos, en escenarios tan importantes como la Volta a Catalunya, o la Dauphiné Liberé. Pero destacaría especialmente ese año su victoria final en París, la segunda de un corredor español, tras la de Bahamontes. También hay que añadir a sus triunfos, un segundo puesto en la Vuelta a España, en donde Merckx volvió a derrotarle.

Aunque Merckx le había derrotado en la primavera, Ocaña iba a mostrarse intratable en el mes de julio en el Tour, mostrándose como el amo y señor de la carrera. Tal fue el domino del corredor español aquel año en Francia que aventajó al segundo clasificado, Thevenet, en más de un cuarto de hora. Sólo otros dos corredores después de la Segunda Guerra Mundial han hecho una hazaña similar; Koblet en 1951 y Merckx en 1969. Ese dominio se reflejó en la octava etapa de la carrera, en un fantástico duelo entre Ocaña y el asturiano José Manuel Fuente.

Esa octava etapa era una terrible travesía desde Méribel-les-Allues y Les Orres, en donde los corredores afrontarían las subidas a la Madeleine, el Galibier por la vertientes del Telegraphe, el Izoard y la ascensión final a Les Orres. Aunque en la Madeleine los corredores marcharon en grupo, en el coloso de la Grande Bouclé el asturiano Fuente realizó una serie de ataques a los que sólo pudieron responder Ocaña y Thevenet en un primer momento. A pocos kilómetros de la cima, tras un pequeño reagrupamiento, Fuente volvió a realizar un ataque al que esta vez sólo Ocaña respondió.

Ocaña le había ofrecido marchar juntos hasta la meta, y una vez allí, conseguir el triunfo de etapa. Aquello no gustó al Tarangu, que no estaba dispuesto a colaborar con su compatriota y decidió pasara a la acción. Una vez, dos veces, tres veces... así hasta veinte, que fueron las veces que atacó Fuente a Ocaña, sin conseguir dejar atrás al líder de la carrera.

No había podido el Tarangu con Ocaña y a partir de ese momento, a más de 130 kilómetros de meta, sería el de Priego quien pasase a comandar la carrera, situándose en una primera posición que no abandonaría en el resto de la jornada. Fuente marcharía desde entonces a su rueda, sin dar ningún relevo. Antes de subir el Izoard, la ventaja con Thevenet, López Carril y otros favoritos, la renta era de un minuto y medio. La ventaja aumentaría en la cima en casi tres minutos más. La etapa, no había duda, sería para alguno de los dos españoles, viendo la renta con la que contaban.

Pero a 30 kilómetros Ocaña se quedaría sólo en cabeza. El ritmo del conquense parecía que descolgaría en cualquier momento al asturiano, pero éste finalmente se quedó atrás debido a un pinchazo. Fue uno de los pocos golpes de suerte en la vida deportiva de Luis.

La renta del líder con respecto a Fuente llegó a rondar los dos minutos, pero un desfallecimiento hizo que entrase en meta con apenas uno de ventaja. Siete minutos más tarde que el ganador harían su entrada en meta Thevenet y Martínez. Perín llegaría a trece minutos y el grueso del pelotón lo haría a veinte. El coche escoba no llegaría a meta hasta pasada una hora desde la entrada del líder de la prueba. Ocaña había sido protagonista de una de las mejores etapas de toda la historia de la carrera.

Declive deportivo y vida tras retirarse
Nada más ganar el Tour, Ocaña invirtió sus ahorros en comprar un terreno vitícola y una casa de campo, a la que llamó Orcières-Merlete, la etapa en la que por primera vez había derrotado a Eddy Merckx. Cuando no competía dedicaba sus esfuerzos a sus tierras. Fueron unos meses de felicidad en la casa de Luis y Josiane, su mujer. 

Pero nuevamente la desgracia iba a sacudir al conquese. Otra vez iba a presentarse en forma de caída. Esta tuvo lugar semanas antes del Tour de 1974, en el Tour de l´Aude, y le impidió participar en la edición de ese año de la carrera francesa, en lo que iba a ser el gran duelo Ocaña-Merckx. Con 29 años, cuando debía estar en el mejor momento de su carrera, no volvió a ser protagonista en la Grande Bouclé, a pesar de correrla otras tres ocasiones más.

Su declive fue fulgurante y a una persona como él sólo le quedaba la retirada como el siguiente paso digno a su carrera. Dicho paso lo dio con 32 años, tras concluir la temporada de 1977. Su frustración intentó aplacarla trabajando en sus tierras, en las cuales quería producir armagnac, a pesar de las recomendaciones de no hacerlo. El orgullo nuevamente hizo que desoyera los consejos de sus allegados y entendidos y quiso producir el armagnac, llegando incluso a pedir ayuda para su distribución a antiguos compañeros de profesión, como Eddy Merckx o Johnny Schleck.

Pero convertirse en viticultor no fue una una buena idea, como demostró una tormenta destrozó la cosecha y que provocó que durante tres años no se pudiera producir nada en sus tierras. Ante los problemas económicos por no tener aseguradas las tierras, Luis se vio obligado a volver al ciclismo, esta vez como director. No tuvo éxito y probó suerte como comentarista. Tampoco se prodigó mucho en esta faceta.

A esos problemas económicos por perder la cosecha se sumó un grave accidente de automóvil que apunto estuvo de costarle la vida, en 1979. Volvió a sufrir otro grave accidente cuatro años más tarde. En el hospital, recuperándose de uno de esos dos accidentes, le contagiaron la hepatitis C, algo que por desgracia sucedía con mucha frecuencia en esos años en los centros médicos.

Los accidentes en coche, el final de su carrera deportiva, los fracasos en los negocios y especialmente su enfermedad, todo le golpeó al tiempo y no pudo soportarlo a largo plazo. Poco a poco la enfermedad le fue debilitando y las depresiones y las crisis cada vez eran más comunes en Luis.

Así fue hasta que el 17 de mayo de 1994 la enfermedad le provocó un ataque muy grave de pánico. 26 años antes, tras la muerte de su padre, le había dicho a sus más íntimos que si él algún día él sufría una enfermedad como la de su padre, no lo dudaría y pondría fin a su vida. Aquel 17 de mayo amenazó con quitarse la vida, hasta que su mujer llamó al médico para ver si conseguía calmarle. Finalmente Luis se consiguió calmar ante la presencia en su casa de los gendarmes (ante una llamada por intento de suicidio siempre acudían) y pareció desechar su idea del suicidio. Pero era algo temporal.

Dos días después de aquel primer gran ataque de pánico, el día 19, Luis volvió a tener un ataque con el que se puso muy nervioso. Consiguió calmarse un poco y se marchó a su despacho. Josaine extrañada aprovechó esos instantes de calma de su marido para llamar al médico por el teléfono inalámbrico que tenía escondido. Instantes después comenzó a preocuparse y fue al despacho. Allí encontró una escena dantesca. Según el informe oficial, Ocaña se había pegado un tiro en la cabeza, acabando de esta forma con su vida, a la temprana edad de 48 años.

Aquel español emigrante en Francia desde niño, el español de Mont de Marsan, como era conocido, ponía fin a su vida un 19 de mayo de 1994, sufriendo una grave enfermedad hepática y problemas de depresiones, además de problemas financieros por malas inversiones. Murió siendo uno de los deportistas más ninguneados dentro de su propio país, donde apenas recibió reconocimiento alguno. Y murió también siendo el único corredor que había sido capaz de mirar de tú a tú al mejor corredor de la historia, Eddy Merckx, el único que no se sintió inferior al belga y el único al que el Caníbal realmente pudo temer en la carretera. A título póstumo, el 27 de mayo de 2008 recibiría la Real Orden del Mérito Deportivo, en un acto que no compensaría el olvido que su figura había sufrido hasta entonces.


Saludos a todos!!