martes, 30 de julio de 2013

Tour 1971. Merckx claudica ante Ocaña

En la salida de la edición del Tour de Francia de 1971, el gran favorito iba a ser el campeón de las dos últimas ediciones, el belga Eddy Merckx, quien corría bajo los colores del potente equipo Molteni. A priori, el gran rival del belga en aquel Tour sería el español Luis Ocaña, quien capitaneaba el potente equipo Bic, en el que se encontraría gente de la calidad de Labourdette, Mortensen, o Johnny Schleck (el padre de Andy y Frank Schleck). En teoría ambos corredores, español y belga, serían los grandes favoritos a pelear por el triunfo en la gran ronda francesa, siempre con el belga un peldaño por encima. Otros corredores, como Zoetemelk o Agostinho, también presentaban en la línea de salida su candidatura al triunfo final.
 

Grenoble - Orcières-Merlette

El jueves 8 de julio se iba a disputar la undécima etapa del Tour de Francia. Una etapa corta, de 134 kilómetros, que discurriría entre Grenoble y Orcières-Merlette, atravesando los puertos de Laffrey y Noyer antes de alcanzar la meta, situada en la cima de Orcières-Merlette. Los días anteriores a esa etapa, Ocaña había ido poniendo a Merckx en serias dificultades en puertos como el Puy de Dôme o Porte, y había visto que el belga también era humano y había flaqueado.
 
La etapa iba a comenzar muy rápida, ya que el primer puerto del día, el de Laffrey, se encontraría situado en el kilómetro 13 de la etapa. Desde la salida, el equipo Kas tiraría a bloque, escapándose Fuente casi de salida. Ese fuerte ritmo de salida desarmaría por completo al equipo del belga Merckx, quien se vería sin el apoyo de sus compañeros casi desde la primera pedalada del día. Pero no iban a terminar ahí sus problemas.
 
Nada más comenzar ese primer puerto del día, en la primera rampa, Agostinho lanzará un potente ataque, siguiendo las instrucciones de su director Geminiani, que algo habría visto extraño en el pelotón para mandar a su pupilo atacar de forma tan tempranera. El primer corredor que salió a por el corredor portugués fue el español Ocaña, seguido por Van Impe y por el líder Zoetemelk. Rápidamente estos tres corredores formaron un terceto perseguidor que se entendió perfectamente y mantuvo controlado al bravo corredor portugués. Nadie más pudo alcanzar ese grupo. Gösta Pettersson lo intentó, pero no pudo contactar con el grupo cabecero, mientras que Merckx ni intentó moverse para neutralizar ese peligrosísimo movimiento. Fuente, por su parte, a pesar del ataque inicial, había hecho aguas y no se le volvería a ver ese día.
 
Eso era lo que Geminiani había visto, Merckx había flaqueado y quería eliminarle de la carrera. Era otro ciclismo. Que el belga no intentase contactar con los hombres de cabeza sin duda llenó de moral a los corredores que marchaban por delante de él, especialmente a Ocaña, quien ese día iba con una fuerza descomunal y casi no tuvo necesidad de que le diesen relevos en la persecución a Agostinho.
 
El primer corredor que coronó el puerto fue Agostinho. El hueco con el trio perseguidor era mínimo, y estos coronaron con apenas quince segundos de retraso. Petterssen sería el siguiente en coronar, cediendo un minuto más que el trío perseguidor. Merckx, por su parte, viajaría en un grupo con Guimard, Thévenet o Mortesen. El retraso de ese grupo en la cima sería de un minuto y medio con respecto al corredor portugués.
 
En el descenso y en el llano posterior al primer puerto de la jornada se formaron dos grupos diferentes, que formarían los dos frentes de batalla de la jornada. El primer grupo estaría formado por Ocaña, Zoetemelk, Van Impe y Agostinho, que había decidido levantar el pie y esperarlos. Por detrás, el otro frente de batalla sería el grupo formado por Merckx, que encabezaría la persecución al grupo que les precedía en la jornada.
 
El grupo cabecero marchó desde el momento de la neutralización al corredor cabeza de carrera con gran armonía, colaborando todos en aumentar la ventaja con respecto al grupo perseguidor. Tal era la armonía de los corredores que en el sprint de Pierre-Châtel la ventaja con el grupo de Merckx había aumentado hasta casi los dos minutos y medio. El sprint, por cierto, fue vencido por Ocaña, por delante de Zoetemelk.
 

Victoria en solitario de Ocaña

Pero la armonía entre los corredores no podía ser eterna, y marchar todos juntos hasta la meta, como se demostró en el segundo puerto del día, en el Col de Noyer. En los primeros kilómetros de dicho Col, Ocaña acelera el ritmo, buscando una hazaña imposible. Los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de viaje, no son capaces de seguir el ritmo del corredor conquense. Quedaban más de 70 kilómetros para llegar a meta.
 
Palmo a palmo, metro a metro, Ocaña va abriendo más y más distancia con sus antiguos compañeros de aventuras. A mitad de puerto su ventaja con respecto a ese trío se sitúa sobre el minuto. Su locura poco a poco va tomando forma. El bueno de Luis va creciéndose con los kilómetros, mientras que los perseguidores se van desinflando muy alarmantemente, cediendo una distancia que ya será tan irrecuperable como para pensar que no puede haber otro ganador de etapa que no sea el corredor del equipo Bic.
 
En la cima de Noyer las diferencias ya serán alarmantes para los perseguidores. Ocaña será, evidentemente, el primer hombre en pasar por la cima del puerto. El trío formado por Van Impe, Zoetemelk y Agostinho, acumulará en la cima un retraso de prácticamente cuatro minutos. Mientras, el grupo que comanda Merckx en todo momento, coronará con un tiempo perdido de casi cinco minutos y medio con respecto a cabeza de carrera.
 
Desde ese momento, y hasta el final de la etapa, las diferencias a favor de Ocaña no hicieron sino aumentar. El último puerto, el de Merlette, supuso un paseo para el corredor español, que aumentó significativamente sus rentas al atravesar la línea de meta. Ocaña completó su hazaña en poco más de cuatro horas. El segundo corredor en atravesar la línea de meta sería el holandés Van Impe, que llegaría con una increible desventaja de 5 minutos y 52 segundos. Merckx, que a pesar de haber estado tirando en todo momento de su grupo, pudo ser el tercer corredor en atravesar la línea de meta, a tres segundos del corredor holandés, y a nada menos que 8 minutos y 42 segundos del corredor español..
 
Luis Ocaña, aquel 8 de julio de 1971, completó una fuga heroica, bajo un sol incandescente. Además de haber realizado tan impresionante etapa, el español había hecho encajar a Merckx la primera gran derrota de su carrera. Sin embargo, a pesar de ese duro golpe, el corredor belga se negó a rendirse y, a pesar de lo que dijese en sus declaraciones, iba a pelear con todo con el fin de conseguir su tercera victoria en el Tour de Francia. El amarillo ya era suyo, y la ventaja tan tranquilizadora que París ya se podía atisbar al fondo del horizonte.
Merckx: "Ocaña nos ha matado hoy a todos, como `el Cordobés´ mata a sus toros".
 
Tal fue la batalla que presentaron aquel día los corredores que 68 de ellos llegaron fuera del límite de tiempo, por lo que la organización se vio obligada a ampliar el fuera de control, pasando este del 12 al 15% del tiempo del ganador del día, para evitar que la carrera quedase hecha un solar. Esta medida, sin embargo, no pudo ayudar a Godefrot Walter, quien era el segundo clasificado en la clasificación de puntos al comenzar la jornada, e iba a tener que abandonar la carrera.
 

Abandono en el Col de Menté

Ocaña se situó desde ese momento como el estandarte anti-Merckx, el hombre que le había hecho doblar la rodilla en señal de derrota. Pero si algo tenía el campeón belga es que jamás se rendía. Podía estar herido, o incluso encontrarse moribundo, que él iba a morir matando. Y eso es lo que hizo desde que había sido derrotado en Merlette en aquel Tour. Atacó en el largo descenso de Orcières-Merlette hacia Marsella, y, en una etapa brutal para los corredores, consiguió recortar dos minutos al líder. En la contrarreloj del día siguiente también consiguió superar al español.
 
Y como no, Merckx volvió a atacar en los Pirineos. Esta vez el ataque más importante del belga iba a tener lugar en el descenso del col de Menté, el cual, debido al granizo que estuvo cayendo durante toda la jornada, se había convertido en un arroyo de agua y barro. En ese ataque kamikaze de Merckx, Ocaña intenta seguir el ritmo del belga cuando, sin frenos, se cae en una curva a izquierdas. La caída no es grave y se levanta rápidamente, optando por cambiar la rueda con su comapñero Maurice de Muer, por precaución. Pero cuando se iba a reincorporar a la carretera, Zoetemelk, que también iba sin frenos, golpeó al español, dejándolo tirado en el suelo. En el Col del Portillon, el siguiente puerto de la jornada, miles de españoles esperarían el paso triunfal del flamante líder español por el puerto. Pero Ocaña jamás llegaría al Portillon. Había tenido que ser evacuado al hospital por la gravedad del atropello sufrido.
 
En la meta aquel día, Merckx se negó a ponerse el maillot amarillo, un amarillo que ya no abandonaría hasta París. "No, no me pertenece. Este Tour lo he perdido, no tengo nada que hacer, me vuelvo a casa". Sin embargo, a pesar de sus palabras, al día siguiente salió en dirección a Superbagnères, eso sí, sin vestir la preciada prenda amarilla, como muestra de respeto hacia el líder caido. "Habría preferido quedar segundo después de una dura batalla que ganar en estas condiciones. Será una victoria manchada para siempre". Y es que, en ese Tour de 1971, Ocaña había derrotado a Merckx. Eddy había encontrado en Luis a la horma de su zapato.
 

Clasificación 11ª etapa. Grenoble - Orcières Merlette.
1- Luis Ocaña (Bic) 4 horas 2 minutos 49 segundos
2- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) 5´ 52´´
3- Eddy Merckx (Molteni) a 8´ 42´´
4- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) m.t.
5- Gösta Pettersson (Ferretti) m.t.
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) m.t.
7- Bernard Labourdette (Bic) m.t.
8- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 8´ 45´´
9- Thomas Pettersson (Ferretti) m.t.
10- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) m.t.

Clasificación general.
1- Luis Ocaña (Bic) 58 horas 33 minutos
2- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) a 8´ 43´´
3- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) a 9´ 20´´
4- Gösta Pettersson (Ferretti) a 9´ 26´´
5- Eddy Merckx (Molteni) a 9´ 46´´
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) a 10´ 8´´
7- Leif Mortensen (Bic) a 13´ 22´´
8- Thomas Pettersson (Ferretti) a 14´ 50´´
9- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) a 20´ 31´´
10- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 21´ 35´´


Saludos a todos!

martes, 23 de julio de 2013

Hautacam 1994. Indurain pasa a la ofensiva

La temporada de 1994 no estaba resultando tan satisfactoria para Miguel Indurain como lo habían sido las dos temporadas anteriores. En esas dos temporadas, el corredor navarro se había hecho con la victoria final en el Giro de Italia, para posteriormente completar el doblete venciendo también en el Tour de Francia. Pero en esa temporada 94, Miguel no pudo hacerse con el triunfo en la ronda italiana, cediendo tan privilegiada posición al ruso Evgeni Berzin, mientras que segundo fue un irreconocible joven llamado Marco Pantani (que lucía pelo en aquel momento). El campeón de los dos años anteriores solamente pudo ser el tercer hombre en el podium.

La preparación para el verdadero objetivo del año, el Tour, no había sido la esperada ni para el corredor, el equipo, ni mucho menos para la prensa y aficionados. A ese rendimiento inferior al esperado por parte del corredor del conjunto Banesto, se sumó la excepcional actuación de Tony Rominger, segundo en el Tour el año pasado, en la Vuelta a España de ese año, en la cual venció con una solvencia propia de un gran campeón.

Estos dos hechos hicieron que los medios de comunicación vaticinaran que el fin del reinado de Miguel Indurain era inminente, y que en este Tour tomarían el relevo otra serie de corredores. El principal candidato a coger el testigo sería el suizo Rominger, que se postulaba como el gran rival en la lucha por la Grande Bouclé. Se pensaba en la previa de la ronda francesa que en ese momento la pauta en las ascensiones la iba a marcar el campeón suizo, pero no se quisieron dar cuenta los medios que realmente de que ese nuevo patrón a seguir en las subidas iba a ser cosa de quien sería uno de los aspirantes al triunfo final, el joven escalador que ya le había derrotado en el último Giro, Pantani.

Finalmente, entre tantas quinielas sobre favoritismos y jubilación anticipada o no del actual campeón, comenzó la carrera un 2 de julio de 1994, en Lille. El vencedor del prólogo fue el británico Chris Boardmand, quien aquel día voló literalmente. El segundo en el registro del día fue el navarro Indurain, por lo que el Tour no comenzaba del todo mal para el defensor del título.

La jornada clave de la carrera fue la contrarreloj que se disputaría dos jornadas antes del primer contacto con la montaña, en la que se afrontaría la subida a Hautacam. En esa crono el que voló fue Indurain, haciendo nacer el mito del “Tirano de Bergeraç” ya que alejó a un mundo a todos y cada uno de sus rivales de la carrera, siendo el más próximo después de aquel día Tony Rominger, pero con 2 minutos y 28 segundos de retraso en la general.

Indurain pasa a la ofensiva
El corredor español había destrozado la carrera después de la primera y única contrarreloj llana de aquel año. Después de su exhibición no había más que un solar en la lucha por quitarle el maillot amarillo. Pero aún no había comenzado la alta montaña de la carrera, y en ella se podía vivir un vuelco en la general, situación en la que confiaban todos los aspirantes. Aquella primera etapa montañosa tendría un perfil unipuerto, con una única subida en toda la jornada, la de Hautacam, que sería el final de la etapa. La subida de Hautacam tendría 16 kilómetros y un porcentaje medio del 7.3%.

Al llegar a pie del puerto habría un grupo formado por cinco unidades en cabeza de carrera, grupo que rápidamente se fragmentaría según comenzasen las primeras rampas. El primer ataque en el seno del pelotón fue obra del corredor del Mapei Arsenio González, preparando teóricamente el terreno para el ataque de su jefe de filas, Rominger. Pero el ataque no prosperó y apenas duró unas decenas de metros, debido al excepcional trabajo de González Arrieta, del Banesto, controlando la carrera.

El siguiente corredor en atacar sería Udo Bolt, con Pantani y Giorgio Furlan a su rueda. El ataque no fue especialmente duro, pero tuvo una continuidad inmediata en la persona de Pantani, que forzó el ritmo y se marchó en solitario, ya que tanto Furlan, como Bolt no podrían seguir el ritmo. Ese fue el momento en el que Indurain echó un vistazo atrás al grupo de los favoritos en que marchaba y se puso en cabeza del mismo poco antes de pasar por la pancarta de 10 kilómetros a meta, aunque pronto recibió la ayuda de su compañero Jean François Bernard y abandonó la cabeza de su grupo.

El hueco que había abierto Pantani con el grupo de favoritos se situaba ligeramente por encima de los quince segundos. En el grupo ahora marcaba el ritmo Bernard, marchando con Indurain a rueda. Rominger no estaba transmitiendo buenas sensaciones y durante mucho tiempo marchó en las posiciones centrales o traseras del grupo, al igual que sus compañeros Olano y Escartín, que lo escolgaban. Riis, la revelación el año anterior (junto con Jaskula) con su quinto puesto final, también marchaba a cola del grupo. Virenque, De Las Cuevas, Zülle, Conti, o Ugrumov eran otros de los componentes del grupo. 

A 7.5 kilómetros para el final, cuando la ventaja de Pantani había superado los 40 segundos, fue Laudelino Cubino quien atacó en el grupo. Se le dejó un pequeño margen de tiempo, y tras un nuevo vistazo a la parte trasera del grupo, Indurain se puso en cabeza del mismo, imponiendo un fortísimo ritmo, que estaba haciendo mucho daño al resto de rivales.

Algo había visto el navarro para ponerse a tirar en cabeza con esa fuerza. Y ese algo fue que al girar su cabeza una y otra vez para buscar a su máximo rival, vio a Rominger casi en todo momento en la parte trasera del grupo. Después de tan sólo un minuto de imponer un fuerte ritmo Miguel, Rominger se quedó totalmente descolgado de un grupo que quedó hecho añicos. Olano trataba de llevar alante a su jefe de filas, pero no había nada que hacer, el suizo no marchaba y Miguel iba super.

Rominger, Zülle, Cacaito Rodríguez, Ugrumov, De Las Cuevas... todos, uno a uno se fueron descolgando de la rueda del navarro, a la que en el paso por la pancarta de 5 kilómetros a meta solo quedaban a su rueda dos Festina, Virenque y Luc Leblanc. 25 segundos separaban en ese punto al trío en el que iba el líder de la general y el corredor que marchaba como cabeza de carrera.

Dieter Senft, situado antes de la pancarta de 4 kilómetros a meta, fue testigo directo de la exhibición que estaba realizando aquel día Indurain. Poco después de encontrase con el diablo alemán, Virenque no pudo seguir el ritmo y se cortó de la rueda del corredor español y de su compatriota francés. La ascensión estaba recordando a los mejores momentos que se habían visto del belga Eddy Merckx, con un ritmo que estaba destrozando a todos y cada uno de los demás corredores. En la pancarta de 4 la desventaja del español era de 20 segundos con respecto al escalador italiano. Las diferencias de Indurain y Rominger no se fueron mostrando en ningún momento por parte de la realización, pero la fortaleza que transmitía Indurain en su pedalada contrastaba con el ritmo cansino del suizo.

Poco antes del último kilómetro de la etapa, Miguel neutralizaba el peligroso ataque de Pantani, al tiempo que Leblanc, que no había gastado un gramo de fuerza intentando hacer algún relevo, lanzaba un poderoso ataque. Ese gesto le molestó muchísimo a Indurain, quien aceleró nuevamente su ritmo,y en apenas medio minuto hizo que se viniera abajo la tentativa del bravo escalador francés. Pantani, al tiempo, que había cogido su rueda, no pudo seguir el ritmo y comenzó a ceder metros.

Un Miguel lleno de rabia había neutralizado rápidamente el ataque de Leblanc, además se colocarse a rueda inicialmente, hasta que pensó en seguir abriendo hueco de cara a la general antes que en la victoria de etapa y se puso otra vez a la carga.

En los últimos metros, entre una niebla que impedía ver siquiera quien atravesaría antes la línea de meta, Leblanc se ponía en cabeza del dueto formado por Miguel. Leblanc sería el primero de los dos en sprintar y la maniobra le salió bien, ya que Indurain se había quedado sin fuerzas para tratar de conseguir la victoria.

Aquel día sólamente Leblanc había sido capaz de seguir la rueda de un Miguel Indurain totalmente desconocido en el Tour, ya que jamás, desde que se vistiera por primera vez de amarillo, había realizado un ataque en montaña como el que ese día pudieron disfrutar los aficionados al ciclismo. El corredor navarro dejó sentenciada la carrera con aquel terrible movimiento en la primera jornada de montaña de la carrera, ya que aventajó en meta al que, a priori, era su máximo rival en la carrera, el suizo Tony Rominger, en casi dos minutos y medio. Miguel iba a salir de Hautacam conservando el maillot amarillo y distanciándose del suizo, siguiente clasificado de la general, en casi cinco minutos de ventaja. Sólo un fantástico Leblanc consiguió evitar que Indurain consiguiese el broche dorado a una jornada perfecta para él.

Clasificación 11ª etapa.
1- Luc Leblanc (Festina) 6 horas 58 minutos 4 segundos
2- Miguel Indurain (Banesto) a 2´´
3- Marco Pantani (Carrera) a 18´´
4- Richard Virenque (Festina) a 56´´
5- Armand de las Cuevas (Castorama) a 58´´
6- Pavel Tonkov (Lampre) a 1´ 26´´
7- Piotr Ugrumov (Gewiss-Ballan) m.t.
8- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 1´ 36´´ 
9- Roberto Conti (Lampre) a 1´ 46´´
10-Laudelino Cubino (Kelme) a 1´ 50´´

Clasificación general
1- Miguel Indurain (Banesto) 51 hora 47 minutos 25 segundos
2- Tony Rominger (Mapei) a 4´ 47´´
3- Armand De las Cuevas (Castorama) a 5´ 36´´
4- Piotr Ugramov (Gewiss-Ballan) a 8´ 32´´
5- Luc Leblanc (Festina) a 8´ 35´´
6- Bjarne Riis (Gewiss-Ballan) a 8´ 59´´
7- Gianluca Bortolami (Mapei) a 9´ 14´´
8- Abraham Olano (Mapei) a 9´ 20´´
9- Thomas Davy (Castorama) a 9´ 46´´
10- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 11´ 15´´


Saludos a todos!!

domingo, 14 de julio de 2013

1986. Alta Tensión en el Alpe d´Huez.

Durante la Vuelta a España de 1983, en plena Sierra de Gredos, el que resultaría vencedor de aquella edición, Hinault, se destrozaría la rodilla. Esa lesión hizo que no pudiera acudir al Tour de Francia, del que resultó vencedor quien iba a ser su gregario en aquella edición, el también francés Laurent Fignon. Hinault era la estrella del ciclismo, pues era en aquel momento tetracampeón del Tour, pero acababa de surgir una nueva figura en el pelotón, Fignon, quien además compartía equipo con la estrella.

Ese surgimiento de Fignon, unido a que Hinault quería seguir siendo competitivo y jefe de filas absoluto, supuso que a final de temporada el campeón francés discutiera con el director de su equipo, el genial Cyrille Guimard. Resultante de esa discusión se produjo la ruptura definitiva entre el corredor estrella del equipo, Hinault y el director, Guimard. La emergente figura de Fignon, también tendría que ver en el final de esa relación, pero no sería el motivo más importante, ya que la salud de la rodilla de Hinault, y el  deseo de querer seguir siendo jefe de filas único de este, hicieron que Guimard y el campeón francés optasen por separar sus caminos.

Debido a esa separación y por obra y gracia del empresario Bernard Tapie, una de las figuras más oscuras del deporte en Francia, nació el conjunto La Vie Claire, que, como todo lo que tocaba Tapie, sería un proyecto que se haría a lo grande. Casi de forma inmediata, este nuevo conjunto se convertiría en el equipo más poderoso del ciclismo, con capacidad para fichar a los mejores corredores del mercado. La dirección del equipo sería encargada a Paul Köchli, que realmente no tendría ningún peso en las decisiones, y el corredor estrella del equipo sería el ídolo francés, Hinault, que sería quien realmente tomaría todas las decisiones deportivas, por encima de Köchli. 

La Vie Claire e Hinault se presentaron a la salida del Tour de Francia 1984 con el único objetivo y deseo de hacerse con el triunfo final, y de paso, igualar el bretón los cinco triunfos en la carrera, como Jacques Anquetil y Eddy Merckx. Pero ese Tour no salió como el galo habría deseado y no pudo hacerse con la victoria en la general final, que volvió a caer de nuevo en las manos de Fignon. Hinault intentó de todas las maneras posibles la victoria, pero no solo no consiguió inquietar al corredor parisino, sino que además casi se ve sobrepasado por un joven corredor proveniente de los Estados Unidos, Greg Lemond, compañero de equipo de Fignon. Apenas un minuto separó al segundo y al tercer clasificado.

Hinault quedó asombrado con el corredor estadounidense y decidió ficharlo para su equipo, el cual no tendría ningún problema para afrontar su fichaje. Finalmente Lemond acabó fichando por La Vie Claire a finales de aquella temporada, seducido por el poder del dinero y seguramente también porque veía el ocaso de la carrera del que sería su nuevo jefe de filas, lo que le hacía verse a corto plazo como líder del equipo, mientras que habíendo permanecido en el conjunto Renault hubiera seguido estando a la sombra de Fignon.

Traición del director a Lemond
La temporada 1985 comenzó con la obsesión de Hinault por hacerse con el quinto Tour, el que le igualara con los más grandes de la carrera. Un más que posible candidato a la victoria final, Lemond, había sido eliminado de una hipotética candidatura, debido al fichaje por su equipo, en donde tendría funciones de gregario en el Tour de Francia. Pero quedaba el que ya era el candidato número uno a hacerse con el Tour, merced a sus triunfos en las dos ediciones anteriores.

Hinault podía no haber vuelto a vencer en París, siendo la sombra del talentoso corredor de la melena rubia y las gafas, pero tuvo lo que es conocida como la suerte de los campeones. Durante la temporada 1985, Fignon sufrió una grave lesión de rodilla, muy similar a la que había sufrido el bretón en la Sierra de Gredos dos años atrás. Esa lesión le haría perderse el Tour, y por lo tanto, con Fignon gravemente lesionado y con Lemond en su equipo, Hinault podía volver al cajón más alto del Tour.

El hecho de la lesión del que era su gran rival revitalizó la carrera de Hinault, que se presentó en el Giro de Italia, venciéndolo con relativa comodidad, aunque las diferencias no reflejasen con exactitud su superioridad. El italiano Moser y Lemond le secundarían en el podium.

En el Tour se plantó con unas ganas de victoria como no se le recordaba anteriormente. El posible récord le había provocado un alto grado de ansiedad. Esa ansiedad provocó que a la bronquitis que venía padeciendo desde hacía varias jornadas antes, se le uniese una fractura de su nariz, debido a una caída en la 14ª etapa de la carrera, la que finalizaba en Saint Etienne. Esa fractura le pudo haber costado su quinto y último Tour, de no ser porque su mayor rival era su compañero de equipo, y que a este le engañaron en la etapa clave de la carrera.

Aquel 1985 el Tour iba a estrenar un final inédito en Luz Ardiden, en la 17ª etapa, en la que pasarían previamente por el Col d´Aspin y el Tourmalet. El primer vencedor en el puerto pirenaico sería el corredor del Seat-Orbea, Perico Delgado, quien se impondría por 25 segundos al colombiano Herrera. Pero el interés de la jornada no iba a estar en el triunfo de etapa, sino en la lucha del maillot amarillo, Hinault contra su compañero Lemond, y la traición que desde el coche le hicieron a este último.

Lo que sucedió aquel día fue que el líder de la carrera estaba atravesando graves problemas en la etapa,  y había cedido terreno con respecto a cabeza de carrera, debido a la nariz rota y a que la carrera se le estaba haciendo larga. A pesar de haber cedido terreno, en la general no habría habido ningún problema de no ser por el hecho de que Lemond se encontraba en ese grupo delantero, y la ventaja que estaba cogiendo le colocaba provisionalmente como nuevo líder de la carrera. Ante ello, para solucionar esta papeleta caliente el director del equipo decidió mentir a Lemond, diciéndole que debía pararse a esperar a su líder, que estaba atravesando problemas. "Me dijo que Hinault venía a 45 segundos, pero cuando el primer grupo perseguidor me alcanzó, comprendí que todo era mentira", declararía más adelante el corredor. En todo momento le hizo creer que su compañero marchaba mucho más cerca de lo que realmente marchaba, y en mejores condiciones.

El enfado de Lemond fue terrible y prácticamente llegó a las manos con su compañero de equipo. Hubo que hacer una reunión de emergencia entre ambos corredores y se llegó al acuerdo que comentaría Hinault en París: "Este año Lemond me ha ayudado a ganar el Tour a mí, el año que viene le ayudaré yo a él".

Tensión en La Vie Claire 1986
Con el inicio de la temporada Hinault iría matizando las palabras que había dicho al conseguir su quinto entorchado: "De acuerdo con ayudar a Greg, pero en la medida en que él sepa mostrarse digno del jersey amarillo". La tentación de ganar un sexto Tour, hecho que nadie había logrado hasta ese momento, era demasiado grande para Hinault, quien poseía una ambición insaciable.

La tensión que se fue acumulando en el seno del equipo La Vie Claire era tan grande que al poco de comenzar el Tour, el equipo se rompió en dos bloques, en donde la traición estaba al orden del día. Tal era la tensión y el grado de desconfianza de todos con todos que años más tarde un joven corredor del conjunto francés, Jean François Bernard confirmo que Lemond subía su bicicleta a su habitación, temeroso de que algún miembro del equipo la manipulara.

La primera gran muestra de traición por parte de Hinault con respecto al que en teoría era el jefe de filas, tuvo lugar durante la duodécima etapa, que finalizaba en Pau. Era la primera etapa pirenaica de aquel año, y en ella se impondría Perico Delgado, con Hinault entrando a continuación en meta, aventajando en la etapa a su compañero en más de cuatro mintuos y medio y distanciando a casi cinco y medio en la general, a Lemond. La justificación de Hinault fue que era un movimiento defensivo y que pensaba que su compañero le seguiría fácilmente. Si en aquel momento la tensión se podía observar claramente en el ambiente, al día siguiente podría haberse cortado ya con un cuchillo, debido a que el que era maillot amarillo de la carrera, Hinault, lanzó un nuevo ataque, que puso al pelotón patas arriba. Teniendo que atravesar Tourmalet, Aspin y Pereysourde antes de llegar a Superbagnères, el líder de la carrera lanzó un ataque a la antigua y se distanció del pelotón. Puerto a puerto fue abriendo una considerable distancia con el resto de corredores, con lo que el Tour quedaría visto para sentencia.

Pero la obsesión de Hinault por entrar en los libros de historia le condujo a una pájara en la última ascensión, la de Superbagnères, que aprovechó Lemond, respondiendo de forma contundente al ataque que había lanzado el bretón muchos kilómetros atrás. El norteamericano fue el vencedor de la etapa, y redujo la diferencia con el líder en la clasificación general de casi cinco minutos y medio a apenas cuarenta segundos. El Tour parecía a tiro del estadounidense, pero estaba siendo víctima de una gastroenteritis, e Hinault iba a vender su derrota muy cara.

Desde fuera del equipo nadie entendía nada, pero la prensa disfrutaba enormemente, ya que hacía muchos años que no habían vivido un enfrentamiento así, de dos corredores del mismo equipo. La Vie Claire era noticia día sí, día también. Y si nadie de fuera entendía nada, mucho menos lo hacían desde dentro, en donde tenían que convivir con dos líderes que no se hablaban entre ellos, los cuales tenían la fidelidad de medio equipo cada uno.

Batalla en el Alpe d´Huez
El lunes 21 de julio de 1986 los corredores tendrían que marchar de Briancon a Alpe d´Huez a través de 162,5 kilómetros, ascendiendo entre medias los puertos de Galibier y la Croix de Fer antes de la subida final al Alpe d´Huez. La jornada comenzaba con el nuevo líder, Greg Lemond, el suizo Zimmermann y el compañero del líder, Hinault, situados en menos a menos de 3 minutos en la general. Cuarto sería el escocés Robert Millar y en quinta posición aparecería el español Pedro Delgado, estando estos más alejados en la general.

En la jornada anterior, la que finalizaba en el Granon, Hinault había quedado muy tocado y había cedido un liderato que ya no recuperaría nunca más. En meta se había dejado más de 3 minutos con el nuevo líder de la carrera, y compañero suyo de equipo, Lemond. El bretón alegó en la línea de meta que su rodilla le había dado problemas, aunque eso no significaba que fuera a darse por vencido y retirarse de la carrera.

En la noche anterior a su equipo en el hotel y les había explicado que había que atacar al día siguiente, ya que no podían consentir que Zimmermann estuviese situado en la general entre los dos compañeros de equipo. Eso intraquilizaba al nuevo líder de la carrera, que había visto como, a pesar de la promesa que le hiciera `el Tejón´ el año anterior, este había atacado día sí día también en aquel Tour.

La carrera comenzó con bastante tranquilidad hasta que llegó el pelotón al Galibier. Una vez en el coloso alpino el ritmo del grupo fue aumentando conforme se acercaban a la cima del puerto. El primero en saltar del grupo sería Lucho Herrera, que sería el primero en coronar la cima, seguido por Wintenberg. En el grupo, a cierta distancia de la cabeza de carrera, sufrían los reiterados ataques de un Hinault que había aislado al suizo Zimmermann y había dejado un grupo muy reducido.

La etapa se estaba poniendo muy cara, y en el descenso se pondría más caro aún, cuando, de forma inesperada atacó Hinault. Lemond le vio las orejas al lobo y en plan kamikaze se lanzó para enlazar con el pentacampeón, seguido de su compañero Bauer y de Cabestany. Finalmente enlazarían  con cabeza de carrera antes de afrontar el repecho del Telegraphe (habían subido por la otra vertiente). En dicho repecho Hinault realizaba un nuevo ataque y se fugaría con su fiel compañero Steve Bauer. Si la situación de la carrera hasta ese momento no terminaba de ser corriente, más extraño sería aún cuando en la persecución a Hinault tiraría Cabestany (al que Lemond ofreció dinero) y el propio norteamericano. Por su parte, el segundo de la general, Zimmermann, se había quedado rezagado al iniciarse el descenso.

En el valle de Maurienne se produjo la neutralización de Hinault, y Bauer, se puso en cabeza del cuarteto e impuso un fuerte ritmo, en el que también daba fuertes relevos Cabestany. Por ese orden cederían ambos corredores al comienzo de la Croix de Fer, dejando en solitario al primer y al tercer clasificado de la general. El ritmo lo marcaría ahora, durante casi todo el tiempo, el corredor francés, quien previamente había realizado un nuevo ataque que había quedado en nada. El ritmo era my alto y ambos corredores coronarían juntos el puerto con más de dos minutos de ventaja con respecto a Zimmermann. Dos minutos que pasarían a ser cuatro tras el descenso y el llano que precedía al último puerto del día.

Cuando los corredores que eran cabeza de carrera llegaron a Bourg D´Oisans, Hinault le dijo a Lemond que estuviera tranquilo, que ya no le iba a atacar más, y en un rasgo de soberbia propio de un campeón le dijo que se pusiera a su rueda durante la subida al Alpe d´Huez. El estadounidense relevó poco durante la subida. Ante el público francés, Hinault quedaba como un jefe generoso, que se desgasta en favor de su líder. Ambos llegaron a la línea de meta cogidos de la mano, con Hinault cruzando la meta en primer lugar. El mundo del ciclismo aplaudía lo que parecía, gracias a ese gesto, el fin de las hostilidades entre los dos mejores corredores de la carrera. Pura fachada para salvar la imagen del campeón francés.

Así llegaron a meta y dejaban el Tour sentenciado, con triunfo en la general para Lemond y la victoria en la mítica montaña para el francés. Zimmerman sería el tercero aquel día, pero cediendo en meta su segunda plaza de la general y más de cinco minutos. Aquel día, lamentablemente, Perico Delgado se vio obligado a abandonar la carrera debido al repentino e inesperado fallecimiento de su madre. Un Delgado que al comenzar la etapa era el quinto corredor de la general, situado exactamente a ocho minutos del líder de la carrera.

En las últimas horas de ese día Hinault comentaría que el Tour aún no había acabado, ya que faltaba por disputarse  una contrarreloj y la etapa del Puy de Dôme. Lemond se quedaba perplejo ante esa declaración de intenciones del pentacampeón, a quien ya poco le importaba su promesa del año anterior de ayudar al norteamericano a vencer en aquella edición como agradecimiento a tu trabajo del año anterior.

Finalmente en la etapa del Puy de Dôme Lemond conseguiría aventajar en 52 segundos más a su compañero y rival Hinault, compensando así los 25 (se cayó y tuvo que cambiar de bicicleta) que había cedido el día anterior en la crono de St. Etienne.

Lemond se había hecho con su primer Tour de Francia, no sin haber sudado más de la cuenta frente al que un año atrás consideraba su aliado y quien pensaba que le había traicionado durante toda la que debía haber sido su primera victoria, tal y como habían acordado otrora. El cruce de declaraciones no se hizo esperar y Lemond acusó al francés de sabotaje y de no cumplir su palabra, mientras que Hinault dijo que había cumplido en todo su momento su palabra, ya que todos sus ataques habían sido para que Lemond se quedase sin rivales. Lo que Hinault olvidó es que, de no ser por su desfallecimiento en Superbagnères, sería el quien se habría quedado sin rivales y habría ganado su sexto Tour.

Lamentablemente no pudo haber una tercera parte de este enfrentamiento, ya que al finalizar la temporada, y esta vez sí, cumpliendo lo que había dicho tiempo atrás Hinault, se retiraba. A punto de cumplir 32 años, se retiraba en la élite, demostrando que aún podía haber peleado por algún Tour más, aunque difícilmente lo habría conseguido, ya que las nuevas generaciones, representadas en Lemond y Fignon, ya le habían derrotado en la carretera, a pesar de los vanos intentos del francés por evitarlo.

Clasificación etapa.
1- Bernard Hinault (La Vie Claire) 5 horas 3 minutos 3 segundos
2- Greg Lemond (La Vie Claire) m.t.
3- Urs Zimmermann (Carrera) a 5´ 15´´
4- Reynel Montoya (Postobon) a 6´ 06´´
5- Yvon Madiot (Système U) a 6´ 20´´
6- Andrew Hampsten (La Vie Claire) a 6´ 22´´
7- Ronan Pensec (Peugeot) a 6´ 26´´
8- Samuel Cabrera (Reynolds) a 6´ 34´´
9- Pascal Simon (Peugeot) a 6´ 45´´
10- Álvaro Pino (ZOR) a 6´ 48´´

Clasificación General:
1- Greg Lemond (La Vie Claire) 86 horas 27 minutos 11 segundos
2- Bernard Hinault (La Vie Claire) a 2´ 45´´            
3- Urs Zimmermann (Carrera) a 7´ 41´´ 7min 41sec
4- Andy Hampsten (La Vie Claire) a 16´ 46´´           
5- Ronan Pensec (Peugeot) a 21´ 34´´           
6- Claude Criquielion (Hitachi) a 22´ 27´´           
7- Niki Ruttimann (La Vie Claire) a 22´ 37´´            
8- Robert Millar (Peugeot) a 26´           
9- Steven Rooks (PDM) a 26´ 30´´           
10- Alvaro Pino (ZOR) a 27´ 46´´


Saludos a todos!!

domingo, 7 de julio de 2013

Bernardo Ruiz. Primer podium español del Tour

Bernardo Ruíz Navarrete nació en la población alicantina de Orihuela en 1925, en la calle San Francisco, al pie de la Sierra de La Muela. Bernardo era el cuarto de cinco hermanos, a los cuales su padre les inculcó la honestidad en el trabajo. Bernardo se centró pronto en las tareas agrícolas, trabajando en el campo y repartiendo verduras y frutas.

La historia de Bernardo como ciclista comenzó a labrarse en la modesta empresa en que trabajaba, donde de forma casual encontró abandonada una vieja bicicleta que pesaba casi veinte kilos. La aprovechó para moverse de un lado a otro a diario, y también para trasladar las hortalizas. La bicicleta, aunque pesada y a la costaba hacer avanzar, le servía para hacer cumplir su tarea de una forma mucho más rápida y eficiente. Entre caminos, y repartiendo pedidos se fue forjando como ciclista.

En su pueblo había un taller de bicicletas, rejentado por Juan Iborra, quien había visto pedalear al joven chico por las cuestas del pueblo. Después de ver durante mucho tiempo al joven chico pedaleando por las calles, le ofreció una de sus bicicletas para cuando él quisiera. Le trató de convencer diciéndole que era más moderna que su bicicleta y ese hecho le beneficiaría a la hora de participar en las carreras de la región.

Su afición al ciclismo venía desde siempre, prácticamente, pero se vio en la necesidad de correr para poder ganar dinero, ya que sus ingresos no eran muy elevados en esos difíciles tiempos de posguerra. Tenía 18 años cuando empezó a correr. Para empezar a correr, su hermano Tomás, cuatro años mayor que él, le regaló una bicicleta de gran calidad. Tomás había reunido unos ahorros en concepto de la paga como integrante de la División Azul enviada a la Unión Soviética, de la que fue miembro. De ese dinero que le dieron, destinó una parte a tratar de hacerle la vida más sencilla a su hermano de lo que él la había tenido en la guerra. El precio de la bicicleta fue de 425 pesetas de la época, casi un tesoro, pero confiaba en las posibilidades de su hermano. El tiempo no hizo sino darle la razón en su apuesta. El joven Bernardo empezó a correr en las carreras que tenían lugar en las proximidades de Orihuela: Desamparados, Molins, Callosa, o la propia Orihuela, entre otros lugares. Carreras de barrio, por así decirlo, en las que los corredores no tenían ni licencia para competir, pero que les servía para ganar un dinero que les permitía seguir malviviendo.

La primera participación de cierta entidad en la que participó el alicantino fue en el Circuito de la Ermita de las Angustias, de una distancia de 40 kilómetros. A la salida de la carrera se presentó vistiendo un pantalón corto, una camiseta de futbolista y unos zapatos de día festivo. A pesar de su atuendo, nada le impidió hacerse con la victoria, ante la sorpresa de la mayoría de asistentes. El premio que obtuvo fueron 65 pesetas y un pollo. Esto tuvo lugar en 1943, cuando tenía tan sólo dieciocho años.

Al año siguiente, en 1944 Bernardo se aventuró a correr en una carrera fuera de su provincia. Esa carrera iba a tener lugar en Cartagena y fue con aquella bici que le había regalado su hermano. En previsión de una hipotética mala participación, se puso en contacto con una persona de la zona en donde vivía, llamado `El hojalata´, que también iba a ir a la carrera. Acordaron ambos corredores el ayudarse mutuamente, y en caso de obtener algún premio, lo repartirían a partes iguales entre ambos. Aquella prueba la ganó Ruíz, quien cumplió con su palabra y no dudó en dividir a partes iguales las 300 pesetas que obtuvo por su victoria, regresando ambos triunfantes a Orihuela.

En esa carrera deportiva que estaba llevando a cabo para poder ganarse la vida, en 1944 se inscribió en la Vuelta a Valencia, en el equipo del Frente de Juventudes de Valencia, representando a Alicante. En dicha carrera compitió también con la bicicleta regalada por su hermano. Y mejor suerte no le pudo traer, ya que terminó venciendo de forma expléndida, tanto en la general final como en la clasificación de la montaña. Al año siguiente repetiría victoria, y meses más adelante, a pesar de ser un novato, se haría con la Volta a Cataluña, que por aquel 1945 cumplía sus Bodas de Plata.

Que pudiese participar en la Volta fue gracias a una suscripción popular iniciada en su pueblo y los alrededores por parte de unos paisanos que tenían confianza en su vecino. Se presentó con 350 pesetas en Barcelona, y sin un equipo que pudiera ayudarle. Ante ello Sebastián Masdeu, el primer vencedor de la prueba, en 1911, sintió lástima por él y le regaló un par de tubulares para que se sintiera algo protegido ante las deterioradas carreteras catalanas. El de Orihuela debió defenderse durante toda la prueba por si sólo. Su estrategia para subsistir día a día en la carrera, se fugaba para ganar las primas de mitad de carrera, y de esta forma evitar el volver a casa. Su estrategia no pudo ser mejor, ya que ganó la Volta y las 17.000 pesetas de premio que daban le sirvieron para convertirse en profesional.

Antes de que a los españoles les abrieran las puertas en el extranjero para participar en las pruebas francesas e italianas, Bernardo se impuso en dos ocasiones en el campeonato de España, en 1946 y 1948 (lo conseguiría una tercera vez, en 1951). También consiguió tres victorias de etapa, la general de la montaña y la general final en la octava Vuelta a España. Ya estaba listo para debutar en el calendario europeo.

La internacionalización del ciclismo español
Si bien hubo otros corredores antes que él que representasen a España en el Tour, como fueron Vicente Blanco `El Cojo´, o el verdadero primer español en el Tour, José María Javierre (Joseph Maria Habierre para los franceses), Bernardo Ruíz fue realmente el pionero. Hubo también otros de gran importancia, como Salvador Cardona, Vicente Trueba o Mariano Cañardo, pero fue Ruíz quien abrió realmente las puertas de Europa al ciclismo nacional, que por aquel entonces era un ciclismo muy maltrecho, con escasa capacidad económica y con una ausencia de patrocinadores que recuerda en gran medida a la que se vive hoy en día.

El ciclismo español en este caso no era un oasis con respecto a la situación en que se encontraba el país en el contexto internacional a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, en la que había colaborado con el Eje. Fue por ello que resultó algo sorprendente que para el Tour de Francia de 1949 España consiguiese reunir seis representantes para el equipo nacional. Los seis representantes serían Capó, Langarica, Rodríguez, Sierra, y por supuesto no podían faltar Berrendero y Bernardo Ruíz. No hubo suerte en esa edición y todos los seleccionados abandonaron durante el transcurso de la carrera.

Esa retirada de todos los intengrantes supuso que al siguiente año se optase por no enviar ningún tipo de representación a la carrera francesa. Esa experiencia no terminó de agradar al Régimen, que quería expandirse internacionalmente, para dar una imagen de total normalidad en el país (a pesar del semi-aislamiento internacional), y por ello decidió que para la edición de 1951 el equipo español volvería a tener representación en la carrera gala. La Federación Española de Ciclismo presentó un equipo compuesto por siete corredores, todos ellos deseosos de resarcirse de las malas experiencias pasadas. El equipo estaría compuesto entre otros por Bernardo Ruíz, Manolo Rodríguez, Francisco Massip o Dalmacio Langarica, destacando en su participación el primero de ellos.

Previamente a participar en su segundo Tour, Bernardo tomó parte en la prestigiosa Barcelona-Pamplona tras moto, obtuvo una importante victoria, bajo un escenario dantesco a causa del viento de la zona de los Monegros y la dureza de los 437 kilómetros que tenían que recorrer los corredores. La prueba estaba dividida en dos sectores con parada en Zaragoza. Ignacio Orbaiceta, sería quien conduciría la moto tras la que competiría el corredor alicantino. Se dio la circunstancia de que en varios descensos de la prueba, la moto no tenía más potencia y  Ruíz se veía obligado a contener su pedaleo para esperar a la moto. La victoria fue espectacular, y demostraba que se encontraba en una forma espectacular de cara al Tour de Francia.

En esa  su segunda participación en el Tour el bueno de Bernardo consiguió dos victorias de etapa. La primera llegó en el día grande de Francia, el 14 de julio, en la montañosa etapa que concluía en Brive, mientras que la otra llegó cuando la carrera ya agonizaba, también en otra etapa montañosa, la penúltima, que finalizaba en Aix-les-Bains. Nunca antes ningún español había conseguido dos victorias de etapa en el mismo Tour. Su participación aquel año, al margen de esas dos victorias, fue excepcional, firmando un noveno puesto final que sería un buen presagio de lo que le iba a deparar la carrera al año siguiente. Esa buena participación le haría replantearse su objetivo de cara al próximo Tour, que lo afrontaría con la idea de conseguir la victoria.

El podium en el Tour de 1952
Hacía poco tiempo que había concluido la II Guerra Mundial y Europa se encontraba en plena recuperación económica. En ese difícil contexto en el continente comenzaba un Tour de Francia de 1952, en el que se iban a citar varios de los grandes nombres de la historia del ciclismo. Francia iba a presentar en la línea de salida a corredores de la talla de Geminiani, Robic o Dotto. Italia presentaba a las dos  leyendas vivientes, Gino Bartali y Fausto Coppi, acompañados del tercer gran hombre del país, Fiorenzo Magni. Bélgica, por su parte presentaba a Ockers y nada más y nada menos que a Rik Van Steenbergen. España, por último, presentaría un equipo más mediocre, que estaría liderado por el alicantino Bernardo Ruíz, bien secundado por Antonio Gelabert, Serra Gil, Francisco Massip, Andrés Trobat y José Gil.

La primera etapa fue vencida por el belga Van Steenbergen, quien luciría el maillot amarillo sólamente durante una etapa, tras la que pasaría a alternarse durante las siguientes seis jornadas entre Rosseel y Magni. Una jornada más lo luciría otro italiano, Carrea, antes de que se llegase a la etapa del inédito Alpe D´Huez en donde un excepcional Fausto Coppi sería su primer vencedor en su cima. Esta sería la segunda victoria parcial del corredor italiano en aquella edición, ya que entre medias de esa sucesión de liderazgos, se había impuesto en la séptima etapa, la contrarreloj de Nancy.

Fausto había sacado a relucir su clase en esas jornadas, pero todo ello iba a quedar ensombrecido ante la demostración que iba a hacer a lo largo de la undécima etapa de la carrera, que finalizaba en su país, Italia, en el mítico puerto de Sestrières, y en la que ascenderían puertos como la Croix de Fer, el Lautaret o el Col du Galibier.

88 corredores iban a tomar la salida en la mañana del 6 de julio, camino de Sestrières, con Coppi como líder de la carrera y con un gran número de rivales tratando de hacerle perder tan preciada posición. El primer corredor que decidió plantar batalla aquel día fue Geminiani, quien atacó casi de salida. A su rueda se pegó el español Gelabert. Ambos compañeros de fuga abrieron un hueco respetable con respecto al resto de favoritos, hasta que se produjo un hecho que nadie podía esperar.

A 150 kilómetros para llegar a la meta, y a 4 para coronar la Croix de Fer, el pelotón se ve sorprendido por el ataque que está lanzando el líder de la carrera, quien se marcha en solitario en la búsqueda de los dos fugados. Tarda muy pocos minutos en darles caza y corona el puerto por delante de ambos valientes, pero sabedor de que la aventura era muy arriesgada, decide esperarles durante el descenso. También esperarán al grupo que venía por detrás, y se formará un grupo cabecero de unas quince unidades, entre las que se encontrarían Magni, Bartali y Bernardo Ruíz, aparte del propio Coppi. La carrera se había puesto muy dura.

Todos reagrupados comienzan a ascender el Galibier. Un grupo que a su paso por el Telegraphe se ve reducido de quince a siete unidades; los italianos Coppi y Bartali, los franceses Geminiani y Le Guilly, el belga Ockers y los españoles Gelabert y Ruíz. Camino de la cima del Galibier será cuando se produzca la imagen más famosa del ciclismo, en la que Coppi y Bartali comparten un bidón de agua. Una imagen que abrió un intenso debate, especialmente en Italia, aún no cerrado en muchos lugares, ya que no se sabe quien entregó el bidón a quien, pero que sobre todo refleja la humanidad del ciclista en los momentos de mayor fatiga.

Pocos momentos después de que Carlo Martini tomara esa mítica instantánea, a escasos kilómetros de coronar el Galibier, Coppi volvió a lanzar un ataque, esta vez para marcharse en solitario. Ruíz y Le Guilly fueron los únicos que intentaron seguirle. El descenso del italiano fue excepcional, consiguiendo abrir más hueco con sus perseguidores, que nuevamente habían vuelto a reagruparse. Por delante, Coppi pedaleaba en solitario, por detrás había cinco corredores (Bartali no entraba a los relevos) tratando de reducir la ventaja del líder. Pero podían hacer nada ante la cabalgada del Campeonissimo.

A unos 30 kilómetros de meta, la ventaja del piamontés rondaba los cuatro minutos con respecto al grupo perseguidor. Coppi ya comenzaba a verse como ganador de la etapa, tras una sensacional cabalgada, mientras que por detrás, Robic fue el primero en saltar del grupo, aunque dos pinchazos inoportunos le hicieron perder cualquier opción de llegar delante de sus compañeros en esos últimos kilómetros. Fue el español Ruíz quien tomó el relevo del francés en su ataque, sabedor que sus opciones de pisar el podium de París pasaban por descolgar a sus rivales. Así lo hizo, y tanto Bartali como Ockers quedaron descolgados.

En la meta de Sestrières Coppi llegó protegido por las fuerzas públicas, ante el acoso del público que se había ido agolpando en las cunetas del puerto a lo largo de la jornada. El italiano había entrado, si es que ya no lo estaba, con letras de oro en la historia del Tour de Francia. Tendrían que pasar más de siete minutos y medio para que el siguiente corredor hiciese acto de presencia por la línea de meta. Ese corredor no era otro que Bernardo Ruíz, que había completado una excelente ascensión al puerto, descolgando a sus más directos rivales de la general. Pasarían otros dos minutos y medio más hasta que el siguiente corredor, Ockers, cruzase la línea de meta. Le Guilly sería el siguiente en llegar, con 9 minutos y 56 segundos más que el ganador. Bartali, que sería quinto aquel día, se dejaría más de diez minutos en meta, y con ellos, cualquier opción de pisar el podium final a sus 38 años de edad. Coppi había sentenciado el Tour en un día glorioso de ciclismo, mientras que la lucha por el resto de plazas del podium se encontraba abierta y en donde el ataque de Ruíz resultaría fundamental para salvar el podium al llegar a París.

En aquel Tour de 1952 solo pudo vencerle su muy admirado Fausto Coppi, de quien dijo años después que le consideraba como el mejor y más admirado campeón al que se enfrentó. Segundo final sería el belga Stan Ockers, quien finalizaría a un mundo de Il Campeonissimo, a nada menos que 28 minutos y 17 segundos. El tercero sería aquel joven corredor salido de Orihuela, Bernardo Ruíz, que finalizó a 34 minutos 38 segundos del campeón italiano. Se convertía así en el primer corredor español que finalizaba en el podium del Tour de Francia, en un Tour de locura, inolvidable para el ciclismo, y más concretamente para el ciclismo español. Por detrás de Ruíz finalizaron autenticos corredorazos, como eran Bartali o Robic con menos de un minuto perdido, y otro gran corredor como Magni, que finalizó a tres minutos del español.

Ese fue el Tour de Ruíz, una gran participación la del corredor alicantino, que al igual que sucediera con la del belga Ockers, pasó a un segundo plano ante el excepcional Tour que realizó Coppi y ante la fotografía que le tomaron a este con Bartali y el bidón de agua, que venía a significar la unión de las dos italias, representada por ambos corredores. Tras ese Tour se hizo amigo de Coppi, quien le llevaba en su coche a los critériums hasta que la relación se rompió cuando en Perpiñán chocaron y Fausto se rompió la clavícula.

Recordemos que hasta el podium del de Orihuela de ese año, la mejor clasificación de un español era la conseguida por Salvador Cardona en 1929, cuando finalizó la carrera en cuarta posición, edición en la que también consiguió la primera etapa para el ciclismo español, la novena etapa, que finalizaba en Luchon. Con el premio que le dieron por el podium, unido a y los critériums post-Tour en los que participó, Bernardo acumuló un millón y medio de pesetas. Eso le convirtió en el primer millonario del ciclismo español. Él, un campesino sin recursos que repartía los productos del campo, se había convertido en el primer millonario español de este deporte.

La vida tras el podium y una retirada a lo grande
Después del notable éxito de haber finalizado en el podium de Francia en 1952, al año siguiente no pudo ser partícipe de la carrera. En 1954 sí que volvió a la carrera gala, pero sus prestaciones ya no eran las de años anteriores y se marchó de vacio y en una decepcionante 18ª plaza final. Siguió participando en Francia hasta el año de su retirada, si bien sus actuaciones cada vez fueron siendo más discretas (22º en 1955, 70º en 1956, 24º en 1957 y 55º en 1958).

El calendario internacional ya se escapaba de las posibilidades del alicantino. Tan sólo la victoria de etapa del Giro de Italia de 1955 destacó en aquellos sus últimos años de carrera, siendo también la primera victoria que conseguía el ciclismo español en el Giro. Pero sus prestaciones tanto en el Tour como en el Giro habían decaído notablemente en cuanto a clasificaciones generales y posibilidad de ganar etapas.

Pero el calendario nacional era otra historia. En ese calendario sí que siguió brillando la figura de Bernardo Ruíz, a pesar de encontrarse con la competencia de Bahamontes y Loroño, especialmente, o también la de Gelabert. En esos años cosechó puestos de honor en el campeonato de España (segundos puestos en 1953, 1954 y 1956), además de buenas actuaciones en la Vuelta a Asturias. También consiguió regresar al podium de una grande en 1957, en la Vuelta a España, donde fue tercero, por detrás de Loroño y de Bahamontes.

Pero probablemente su temporada más exitosa, después de su podium del Tour, fue su última temporada en activo, la de 1958, en la que se hizo con varios triunfos de renombre, como el Campeonato de España de Montaña, la Vuelta al Suroeste o el Circuito de Pamplona. Demostraba así que aún a pesar de encontrarse ya en decadencia con respecto a sus mejores años, seguía manteniendo su calidad intacta y todavía podía dar mucha guerra al resto de corredores nacionales. Pero se había cansado de la vida del ciclista, de vivir siempre a la carrera y fuera de su Orihuela natal, a la que siempre anhelaba cuando no se encontraba en ella. Catorce temporadas alejado de su tierra y de su gente, eran muchas temporadas.

Un tiempo después le volvío a entrar el gusanillo del ciclismo y pasó a dirigir equipos. Estuvo cuatro años dirigiendo al mítico Faema, en la división que el equipo tenía en España. Pero también se cansó de ello y decidió que había llegado el momento de establecerse definitivamente su Orihuela, donde sigue viviendo. Allí pasó el resto de sus años trabajando entre motos y bicicletas hasta que pudo jubilarse y disfrutar de todo el tiempo libre para poder pasearse.

A su retirada, nos quedó de `El Pipa´, apodo por su manía de chuparse el dedo, la leyenda de que a diferencia de sus rivales, este jamás pinchaba. Para evitar esos pinchazos, Bernardo tenía su particular secreto, que era inflar los tubulares nuevos, colgarlos como chorizos y dejarlos que se curtieran durante dos años. El material cogía dureza y despedía la gravilla de aquellas carreteras antiguas que tantos pinchazos provocaban. Una leyenda que añadir a un pionero, el primer corredor español que pisó el podium del Tour de Francia.

Saludos a todos!!