miércoles, 13 de febrero de 2013

La última gran cabalgada del Pirata

Marco Pantani se presentó en el Tour de Francia de 2000 como un corredor sin un objetivo claro sobre su participación en la carrera. Sólo las circunstancias de la misma y la actitud dictatorial de Armstrong consiguieron sacar de la burbuja de autodestrucción en la que se había sumido el italiano desde su expulsión en el Giro del año anterior y provocaron que vieramos por última vez en las carreteras francesas a Pantani acometiendo un gran ataque en montaña.

Marco Pantani se presento en el Tour de Francia del año 2000 como un corredor muy diferente al que había ganado esa misma carrera dos años antes. En la salida no está mental ni físicamente preparado para ganar, pues ya no era aquel corredor. Llegó a la carrera después de casi un año de retiro, tras su expulsión en el Giro de Italia del 99, que ya tenía en su mano. Desde aquella expulsión, únicamente había participado en el último Giro, aunque lejos de su nivel habitual y sin encontrarse al máximo de su rendimiento, culminando su participación con una aparatosa caída en las últimas etapas.
 
Marco no tenía opciones reales de ganar la carrera, pero si hubiera corrido con cabeza podría haber optado a subirse al podium, y de esta forma podría haberse congraciado con la dirección del Tour, después de los desencuentros que hubo entre ambas partes a raíz de los sucesos ocurridos en la edición en la que se proclamó como ganador. No había hecho ninguna concentración específica de trabajo desde el año anterior, no había realizado ningún tipo de preparación y no tenía ningún objetivo concreto para ese año.

Pasan los primeros días de carrera, y Marco es uno más entre el pelotón, sin poder asomar la cabeza en ningún momento entre los hombres de cabeza. No era su momento, sino todo lo contrario, era el momento de intentar no perder tiempo con respecto a los buenos rodadores de la carrera. Antes de llegar a los Pirineos, primera cordillera montañosa de esa edición, la participación de Pantani no estaba siendo buena, puesto que rondaba el 90º puesto de la general, a unos 6 minutos del verdadero capo de la carrera, aunque aún no líder, el norteamericano Lance Armstrong. Y la cosa no iba a mejorar, sino todo lo contrario en la primera etapa montañosa de Hautacam, donde fue el último de los escaladores en llegar a meta de entre los favoritos, y cedió unos cuatro minutos con respecto al ahora nuevo líder, Armstrong. Pero si por algo se caracterizó Marco durante toda su vida deportiva, fue por su persistencia y por no tirar jamás la toalla. 

La humillación de Mont Ventoux
Llegó la etapa del Mont Ventoux, y parecía que iba a vivir nuevamente una odisea el italiano, ya que se quedó rápidamente cortado del grupo de favoritos en las primeras rampas del Monte Pelado. Marco peleó contra sí mismo y se reenganchó, después de muchos kilómetros de persecución, al grupo de los favoritos. Aún así, eso no era suficiente para él, alguien como él no podía conformarse con solo ir a rueda de un grupo, así que atacó en varias ocasiones hasta que consiguió marcharse en solitario. Los corredores le ven salir y alguno intenta salir a su rueda, pero ninguno puede seguir su ritmo. Ni Heras, ni Virenque, ni por supuesto Ullrich. Todos quedan cortados. Todos salvo uno, que cuando vio que la ventaja del Pirata era suficiente, cambió el ritmo del grupo y en un sprint prodigioso en la montaña se puso rápidamente en paralelo al italiano. Ese corredor no era otro que el líder de la carrera, Lance Armstrong, quien marchó en esos últimos kilómetros con él. Hubo una cierta armonía entre ambos, hasta que se produjo la llegada a meta, donde el americano humilló a Pantani, ya que no se conformó con regalar la etapa, intentando hacer un gesto al estilo Indurain, sino que con sus posteriores declaraciones dejó claro que le regaló la etapa, haciendo ver a todo el mundo que él era el hombre más fuerte. Pantani era un campeón, no un corredor cualquiera, y no quería las migajas que el líder le quisiera regalar.

Armstrong había humillado al de Cesena en el Mont Ventoux, y eso probablemente afectó a una persona con graves alteraciones emocionales. Hubo cruce de declaraciones entre ambos corredores, culminando cuando Lance llamó Elefantino a Pantani, un insulto que había detestado desde que pequeño. Desde ese momento Pantani decidió hacer de los Alpes una cruzada contra los corredores del US Postal, encabezados por la persona que no le había respetado a él, todo un campeón del Tour. 

Después de esa victoria en el Mont Ventoux, Marco era el 12º clasificado de la general. La siguiente etapa iba a ser la de Briancon, en la que los corredores atravesarían el Izoard. Pantani volvió a atacar en la montaña. A Armstrong no le sentó nada bien ese ataque. Él era el hombre más fuerte de la carrera y no entendía porque ese corredor al que ya había regalado una etapa no se sometía a la ley que él dictaba. El italiano estaba cabreando al líder y este no conseguía entender como después de todos los palos que se había llevado ya en aquel Tour, este todavía seguía atacando y lo hacía sin someterse a lo que él mandaba. Esto era lo que más cabreaba al americano, más que la infinidad de ataques que hizo, sino que el cesenático no temía lo que Lance pudiera hacerle en carrera.
 
Por supuesto Lance saltó a por Pantani en el Izoard y ambos se fueron, con el italiano intentando dejar descolgado al americano y este pegado a su rueda. Pero ese no era el juego que quería Marco, que solo quería destrozar al líder y en el descenso termina con su ataque y se reincorporan ambos al grupo de los favoritos, con una bronca tremenda del líder a Marco y este pasando del asunto e intentando divisar una mejor oportunidad en el horizonte. Aún así Pantani no se rindió por aquel día, y cuando llegaron al repecho de Briançon, lanzó un nuevo ataque. Esta vez si se fue, tan solo por un puñado de segundos, pero había escapado por fin alguien del cerco del americano sin que este lo hubiera autorizado. Ahora Pantani era el noveno corredor de la general, conseguido gracias a ser el corredor más testarudo del pelotón y a no rendirse en ningún momento.

Para la etapa de Courchevel ya hay otro Pantani. No es el de las dos temporadas anteriores, pero es un corredor completamente diferente al de la primera semana de carrera y con una gran confianza en sí mismo. Aquel día consiguió la que será su última victoria en una gran carrera por etapas, y lo hará a lo grande, como las que había conseguido durante la década anterior. Al comenzar el puerto de Courchevel incrementa su ritmo, se pone en primer lugar del grupo y su ritmo no puede seguirlo ningún otro corredor. Tan solo el Chava Jiménez consigue ir a su rueda varios kilómetros, pero será inútil, ya que el Pirata le deja descolgado y se alza con la victoria en solitario en la cima de Courchevel, sacando una gran ventaja al grupo de favoritos. Como premio, Marco se colocaba en sexta posición de la general, a un mundo del líder, a 9 minutos y 3 segundos, pero con el segundo puesto relativamente a tiro, ya que Ullrich, el segundo de la general, se encontraba a 7 minutos y 26 segundos del líder, por lo tanto, con poco más de un minuto y medio de ventaja con respecto a Pantani. Beloki, Moreau y Heras se encontraban entre ambos. El podium, corriendo con cabeza, era una realidad, estaba al alcance de su mano.

Courchevel-Morzine. 196 kilómetros de sufrimiento
Comenzó la última etapa montañosa de la carrera, la que iba a llevar a los corredores a Morzine, en una etapa que comenzaba en Courchevel y que llevaba a los corredores a Morzine a través de 196.5 kilómetros. En ella iban a atravesar cinco puertos de montaña; Saisies sería el primer puerto, en el kilómetro 80 de carrera. Un primera categoría de más de 15 kilómetros a más del 6%. El Aravis, de 8 kilómetros y segunda categoría, estaría en el kilómetro 106. En el kilómetro 131 los corredores se encontrarían con la Colombiere, un primera de casi 12 kilómetros. La penúltima dificultad del día sería el Chatillon, un tercera de poco menos de 5 kilómetros. Por último, la última dificultad montañosa del día y del Tour sería el Joux Plane, un HC de 12 kilómetros y un desnivel medio superior al 8%. Una etapa en la que se podía jugar a ser ciclista.

Y a eso precisamente quiso jugar Pantani, a ser ciclista, en una última gran aparición a 130 kilómetros de la meta, que pudo haber sido histórica de haber salido como le hubiera gustado al protagonista de la misma. Pero no salió bien, como casi todo en la vida del italiano.

Antes de llegar a ese ataque, en los primeros kilómetros de la etapa, una caída afecta, entre otros, a Marco Pantani, que aparentemente no tiene ninguna consecuencia, y a Marcos Serrano, que este sí tendrá más problemas, puesto que se tendría que retirar con dos costillas rotas, aunque inicialmente se creyó que era una fractura de clavícula. La carrera va lanzada, ya que antes del primer puerto de montaña se llegaba al sprint intermedio de Albertville, en donde McEwen se lleva los 6 puntos, por 4 de Zabel y 2 de Francois Simon.

El pelotón, después de ese sprint intermedio sigue lanzado, y yendo a mil por hora es como llegan a esa primera dificultad montañosa de Saisies. En las primeras rampas el pelotón se divide, entre los que van a seguir a los favoritos y los que se van a desentender de la etapa. Faltaban más de 130 kilómetros para llegar a meta y entre los favoritos se podía cortar el ambiente con un cuchillo. Y ese cuchillo lo iba a llevar Marco Pantani entre sus dientes. Allí, a tan descomunal distancia de meta aceleró el ritmo dejando atrás a los demás corredores. Era un ataque kamikaze. Nadie sabía que hacer, era simple y llanamente, una locura lo que estaba haciendo Pantani, el sexto clasificado de la general. En el pelotón cundió la psicosis. Los corredores comenzaron a ponerse nerviosos. Los favoritos no sabían que hacer, si intentar ir por el italiano y exponerse a una pájara descomunal, o intentar mantener en un pelotón que cada vez se mostraba más nervioso. Y el más nervioso de ese pelotón iba a ser su líder. Ese corredor al que había humillado, vejado, abroncado... le estaba haciendo sentir el miedo a perder, en un sentimiento que jamás había sentido antes y que jamás volvió a sentir en la carretera.

El americano se estresó, se puso colérico, echando la mano de forma constante al pinganillo. No sabía como actuar, que hacer con ese maldito italiano que no había querido someterse a su tiranía. Estaba muy nervioso, sin saber que hacer y hablando a cada minuto con su coche, desde donde intentaban calmarlo. Finalmente desde el coche consiguieron calmarlo y que se mantuviera a rueda de sus compañeros Hamillton y Livinston, que serán quienes controlen la situación a partir de ese momento y quienes salvaran la carrera del americano, quien ya no se encontraba en sus cabales después de ese ataque. Si hubiera habido un mano a mano con Marco, este no habría ganado la carrera, porque no tenía físico para hacerlo, pero habría hecho perder el Tour del americano, que era lo que buscaba con ese ataque.

Pantani había echado un guante en Saisies para todo aquel corredor que quisiera ganar el Tour. Un ataque lejano era la única opción real de ganar la carrera, no se podía esperar al último puerto, porque las distancias no serían lo suficientemente grandes como para recortar lo necesario. Pero ningún otro corredor recogió el guante tendido por el italiano. Si hubo algún conato de agacharse a recogerlo, por parte de Ullrich o Heras, pero prefirieron el cobijo del pelotón, mucho más como para ellos y sobre todo para los US Postal. Tan sólo Escartín y Pascal Hervé, dos corredores que no preocupaban para nada en la general, optaron por salir del calor del pelotón e irse con Pantani en esa su última locura.

Ambos enlazaron con Pantani después de unos kilómetros de ascensión, pues este no pisó el acelerador, esperándoles, ya que sabía que no se encontraba preparado para hacer en solitario la aventura en que se había convertido la etapa. La etapa podría terminar muy mal para él, pero eso no le importaba. Él era así, o todo o nada. Poco a poco fueron abriendo un pequeño hueco con los favoritos, liderados por los US Postal que por primera vez en toda la carrera estaban rindiendo a un nivel similar al año anterior.

Este trío cabecero comienza a abrir un pequeño hueco con respecto a los favoritos, de apenas un puñado de segundos, entendiéndose a la perfección entre Pantani y Escartín, que colaboraban intensamente, con Hervé a rueda de ellos prácticamente todo el rato. No se podía pedir más del francés, un corredor mediocre a las órdenes de otro corredor también muy mediocre, aunque este último sólo tácticamente (Virenque). Saisies es coronado por este terceto con 1 minuto y 3 segundos de ventaja. Pantani acechaba así el podium, pues se quedaba a apenas una veintena de segundos de Ullrich y Beloki.

Esa ventaja ascendió en otros nueve segundos en el siguiente puerto del día, el Aravis, mientras la carrera seguía con el mismo guión desde el puerto anterior. Pantani y Escartín colaborando, y los US Postal tirando atrás y calmando a su líder. El hueco que había conseguido el trío cabecero no invitaba a soñar con un vuelco en la general, y la máxima renta de que dispuso se dio en la tercera subida del día, la del Colombiere, en donde llegaron a tener 1 minuto y 40 segundos de ventaja a mitad de la subida. Pero el cansancio ya era muy patente entre un Escatín que era un quiero y no puedo y un Pantani que lo había dado todo en esa carrera. La ventaja al coronar ese puerto ya era inferior al minuto.

Se inicia el descenso y Moreau es el primer corredor en lanzarse a por los fugados, a los que casi ya ven. Será el primer corredor que contacte con ellos, siguiéndole poco después el resto de los favoritos del grupo, entre los que se encontraría ya un mucho más calmado Armstrong. Se había acabado así con más de 80 kilómetros de persecución y sufrimiento. Se había acabado así el sueño de Pantani de voltear el Tour y hacérselo perder al egocéntrico líder de la carrera. Pantani se situó al final del grupo para tomar aire. Su aventura le había dejado agotado. Allí sería escoltado por sus compañeros Velo y Siboni, a quienes ya no abandonaría en el resto de la etapa.

Se forma durante el descenso y los kilómetros que preceden al Joux Plane un pequeño grupo cabecero formado entre otros por Guido Trentin, Kivilev o Rous, que coge una cierta ventaja con los favoritos. Llegan entonces los corredores al último puerto de la jornada y la cosa comenzó a ponerse sería. Heras empezó a mostrarse muy ofensivo, al igual que Armstrong. Los ataques más importantes estaban corriendo a cargo del bejarano, a por quien rápidamente salía el líder, con Virenque siempre pegado a su rueda. Ullrich por su parte, como había sucedido durante todo el Tour, comenzaba a hacer aguas en la alta montaña cuando la cosa se ponía seria, aunque consigue aguantar sin perder la compostura a una distancia que le permite reintegrarse cada vez que haya algún ligero parón. Por delante se ha marchado Trentin en cabeza, siendo perseguido por Kivilev, aunque no les duraría mucho la alegría. Pantani ya hacía algún kilómetro que había cedido la rueda de los más fuertes y eso le costaría perder mucho tiempo en meta, siempre acompañado por sus fieles Velo y Siboni.

Por fin llega un ataque de Roberto Heras en el que consigue marcharse sin que nadie salga a su rueda. Armstrong comienza a ceder ante el ritmo que están marcando Virenque y Ullrich en la persecución de Heras e incrementan su ritmo. Faltan 20 a meta y Lance está pasando una crisis muy importante. Por fortuna para él, se corona a 10 de meta, por lo que si administra bien sus fuerzas, no tiene porque temer una pájara que le haga perder la carrera. En la persecución del corredor del Kelme, Virenque va más fuerte que Ullrich y decide saltar a por el bejarano, al que alcanzará a 5 de coronar. El alemán por su parte va regulando bien y mantiene a ambos corredores a una distancia prudencial. En medio de su hundimiento, Armstrong tiene la suerte de encontrarse con un pequeño grupo, cuando ya cedía más de un minuto con cabeza de carrera, entre los que se encuentran Botero o Moreau.

Heras y Virenque coronarán el Joux Plane en primer lugar, seguido, a 20 segundos, por el alemán Ullrich, que nada más pasar la pancarta del puerto se detiene a cambiar de bicicleta por un problema de frenos. El grupo en el que marcha Beloki, con Escartín y Hervé, coronan poco más de un minuto más tarde que cabeza de carrera. Mientras, el grupo de Armstrong lo hace con este fundido y a 2 minutos y 11 segundos de cabeza. Ahora solo queda un rápido descenso y Lance habrá salvado un Tour que por su tozudez podría haber perdido en Saisies de haber intentado hacer la guerra en solitario con Pantani.

Dentro ya del último kilómetro, mientras se están jugando la victoria, Heras entra demasiado rápido a una curva a izquierdas, chocando con la valla y destrozando su rueda delantera. Acababa de decir adiós a sus opciones de triunfo aquel día. Virenque se vio favorecido por ese accidente y pudo alzar los brazos al llegar en solitario a la meta de Morzine. Ullrich sería segundo a 24 segundos y Heras perdería otros tres segundos más, siendo tercero. Armstrong se mantuvo en el grupo que se encontraba y llegó a meta con dos minutos de retraso con el ganador del día. Había superado el peor día el día más duro de su carrera deportiva.

Por su parte Pantani perdió una minutada finalmente en la etapa, cediendo nada menos que casi 14 minutos. Al día siguiente se retiró de la carrera aduciendo problemas físicos, diciendo que durante la noche había pasado unos terribles problemas intestinales.

Adiós al Tour
Pantani, en aquel Tour, podría haber regresado al ciclismo de élite por todo lo alto, peleando y quizás consiguiendo un podium en el Tour de su retorno, pero este prefirió ser fiel a sí mismo, aunque no consiguira ese podium. Prefirió revelarse contra el sistema establecido, en este caso por Armstrong, con la ayuda de la UCI. Prefirió la pasión a la razón, prefirió morir matando a ser un sumiso más de ese nuevo ciclismo impuesto por el nuevo orden establecido después del Caso Festina. Su valor aquel día de julio le salió muy cara. El Tour jamás volvió a abrir las puertas a la participación de Pantani en su carrera. El director de la carrera, Leblanc, no aguantaba que el italiano no hablase del Tour como la mejor carrera del mundo cuando era el vigente campeón. En el 2000 Pantani al no terminar la carrera le dio la oportunidad de borrarle de la carrera en sucesivas ediciones, y Leblanc no lo dejó pasar, cerrando para siempre las puertas al hombre que mayor espectáculo daba en carrera, que sumaba ocho victorias de etapa, todas en la alta montaña, y que a su victoria del 98 sumaba otros dos podiums, siendo uno de los tres campeones de la carrera que quedaba en activo.

Apenas escasos cuatro años más tarde de aquellas jornadas en las que Pantani se reveló contra el sistema, un 14 de febrero de 2004, este apareció muerto en esa habitación del hotel de Rimini, totalmente irreconocible y rodeado de una gran cantidad de cocaína, abandonado por todo el mundo. Ese 14 de febrero de hace 9 años, Pantani nos abandonó para siempre, pero a cambio dejó su recuerdo imborrable en la memoria de los aficionados del ciclismo.

Clasifiación etapa 16. Chourchevel - Morzine.
1- Richard Virenque (Polti) 5h 32´ 20´´
2- Jan Ullrich (Telekom) a 24´´
3- Roberto Heras (Kelme) a 27´´
4- Fernando Escartin (Kelme) a 1´ 09´´
5- Joseba Beloki (Festina) a 1´ 11´´
6- Pascal Hervé (Polti) s.t.
7- Guido Trentin (Vini Caldirola) a 2´ 01´´
8- Lance Armstrong (US Postal) s.t.
9- Christophe Moreau (Festina) s.t.
10- Santiago Botero (Kelme) s.t.
...
38- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 13´ 44´´

Clasificación General
1- Lance Armstrong (US Postal) 72h 12´ 30´´
2- Jan Ullrich (Telekom) a 5´ 37´´
3- Joseba Beloki (Festina) a 6´ 38´´
4- Roberto Heras (Kelme) a 6´ 43´´
5- Richard Virenque (Polti) a 7´ 36´´
6- Christophe Moreau (Festina) a 8´ 22´´
7- Santiago Botero (Kelme) a 10´ 19´´
8- Fernando Escartin (Kelme) a 11´ 35´´
9- Francisco Mancebo (Banesto) a 13´ 07´´
10- Manolo Beltrán (Banesto) a 13´ 08´´
...
14- MARCO PANTANI (Mercatone Uno) a 20´ 46´´


Saludos a todos!!

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