viernes, 6 de diciembre de 2013

Chava, una década sin tí

Hoy, 6 de diciembre de 2013, se cumple una década desde que José María "el Chava" Jiménez nos abandonara. Lo hizo estando ingresado en una clínica de desintoxicación, muy lejos ya de los focos que en años anteriores le habían encumbrado ante los aficionados al ciclismo. Su muerte, al igual que sucedió con la de Marco Pantani meses después, le convirtió en mito de este deporte.
 
José María Jiménez, el "Chava", ciclista precoz nacido en el Barraco un 6 de febrero de 1971, hace hoy diez años que nos abandonó. Un ciclista querido por la afición, que pudo haber tenido un palmarés mucho más extenso de lo que lo tuvo, pero de haber sido así, no habría sido el Chava. Desde aquí, un pequeño homenaje, recordando la que ha sido su mejor clasificación en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España de 1998.
 
Vuelta España 1998
La salida de la Vuelta a España de 1998 venía marcada aún por los últimos coletazos del Caso Festina que había tenido lugar durante el último Tour. El ciclismo había perdido su credibilidad de cara al público en general, pero aún así, el espectáculo debía continuar.
 
A pesar de estar todavía reciente el Caso Festina, sus corredores no habían sido oficialmente sancionados, por lo que a la Vuelta pudieron acudir como el equipo más potente del pelotón, con toda su artillería preparada para tratar de lavar su imagen, Zülle, Virenque y Dufaux. En cuanto al pelotón nacional, la ONCE se iba a presentar con Jalabert como indiscutible líder, con Zarrabeitia y Mauri como fieles escuderos. En el Banesto, por su parte, iba a llevar como jefe de filas a un Olano a que el trazado más humanizado favorecía mucho, con un inconsistente Chava Jiménez en la recámara.
 
Esa Vuelta comenzó sin muchas novedades en las cinco primeras etapas, salvo porque Virenque se vio involucrado en varios cortes que le hicieron perder algo de tiempo. No parecía el francés muy por la labor de involucrarse en carrera.
 
En la sexta etapa de esa edición se iba a estrenar un puerto inédito hasta el momento, el Xorret del Catí, un puerto de apenas tres kilómetros de longitud pero con rampas de hasta el 22% de desnivel. Fue precisamente en esas rampas, y respondiendo a un ataque del recien recuperado del cáncer Armstrong, donde el Chava lanzó su primer demarraje de aquella edición y consiguió distanciarse de los Heras, Dufaux o Jalabert de manera suficiente para afrontar el ligero descenso final y ser el primer vencedor en las rampas del Xorret del Catí.
 
Chava había sido el primero de los favoritos en golpear en la Vuelta, aunque su rendimiento real aún era una incógnita, más aún analizando el decepcionante Tour de Francia que había hecho antes de abandonar, donde en ningún momento fue capaz de seguir a los hombres más fuertes de la carrera. Jiménez, además, iba a recibir el premio de vestirse con el jersey de líder de la carrera, aventajando a Heras en más de medio minuto y en casi uno a su compañero y supuesto jefe de filas, Abraham Olano.
 
Las siguientes jornadas iban a ser bastante tranquilas, tanto para el Chava como para su equipo, pudiendo mantener el maillot de líder sin mayores dificultades. Los problemas para el abulense iban a llegar en la novena etapa, con una contrarreloj de 39 kilómetros que, a priori, le iban a hacer perder la preciada prenda amarilla y cualquier opción de hacer una buena general, viendo su rendimiento de años anteriores.
 
Como efectivamente se presuponía, Chava cedió gran cantidad de tiempo en la crono y perdió el liderato de la carrera. El nuevo líder iba a ser su compañero Olano, con él a más de tres minutos en la general. Se recuperaban los roles que inicialmente había en el Banesto, con Olano de jefe y Jiménez de gregario de lujo del de Anoeta. Pero el Chava no había dicho aún, ni mucho menos, su última palabra en aquella Vuelta.
 
El Kelme siembra y el Chava recoge
La décima etapa de la ronda española finalizaba en la Estación Invernal de Pal. Aquel día la cosa empezó a ponerse seria para el líder en el penúltimo puerto de la etapa, el de Ordino. Ahí un ataque en conjunto de los Kelme, primero Heras y luego Escartín, desarboló a un líder que no pudo más que buscar refugio en la rueda del Triki Beltrán. Chava, por su parte, cumpliendo excelentemente con su labor de gregario, se había pegado a la rueda de los Kelme. Por la cima del puerto coronó Escartín en primer lugar, marchando Jiménez a su rueda sin darle un solo relevo. Con un retraso de unos 45 segundos coronó el grupo de un glorioso Beltrán, quien marcaba el ritmo al líder de la carrera.
 
El Chava se estaba encontrando muy bien de piernas durante toda la última ascensión del día, no obstante, había ido a rueda del corredor de Biescas durante muchos kilómetros. Por ello pidió permiso desde el pinganillo para atacar y hacerse con la victoria de etapa. Una vez se lo negaron, dos veces, tres... Los kilómetros pasaban y el grupo perseguidor de Olano no conseguía reducir las distancias. Jiménez comenzaba a desesperarse, mientras que veía las pancartas de siete, seis, cinco a meta. Al paso por cada una de ellas preguntaba y recibía la negativa de sus directores, hasta que al paso por la pancarta de tres el silencio fue la respuesta que obtuvo. Volvió a preguntar para asegurarse y de nuevo silencio. Ante ello, no dudó más y lanzó un primer demarraje que fue contestado por Escartín, pero que no pudo hacer nada para responder a un segundo ataque del corredor del Barraco. En la línea de meta Chava aventajó en 18 segundos a Escartín y en 1 minuto y 31 segundos al grupo de su jefe de filas.
 
"El Chava consiguió dos victorias de etapa aprovechándose del trabajo del Kelme y de su función de gregario de lujo"

Chava Jiménez se había vuelto a meter en carrera, situándose a apenas 1´36´´ del líder y compañero de equipo. Se acababa de encender un pequeño fuego en el Banesto, pero que si no se sabía controlar, podría acabar en un gran incendio. De momento las declaraciones de los protagonistas eran bastante pacíficas, con Olano ejerciendo de líder y Jiménez de gregario totalmente sometido a la imposición de su jefe de filas.
 
La siguiente etapa, la undécima con final en Cerler, iba a ser un calco de la de anterior con final en Pal, con los Kelme tratando de derrocar al líder en beneficio de Heras o Escartín y con el Chava recogiendo lo sembrado por el conjunto dirigido por Álvaro Pino. En todo momento fueron los Kelme los que llevaron la voz cantante en la etapa, pero el vencedor de la jornada volvió a ser el Chava, quien derrotó aquel día en el sprint a Heras, Escartín y Clavero, mientras que por su parte, Olano había vuelto a ceder con respecto a los favoritos, dejándose en meta unos exíguos 19 segundos, por la falta de dureza del puerto final.
 
Hasta aquí había durado la paz entre los dos compañeros de equipo. Desde ese momento, a través de la radio, se inició una guerra entre ambos corredores, contando cada uno con el respaldo de uno de los dos medios radiofónicos nacionales. Quizás el último gran pique en los medios nacionales con el ciclismo de por medio.
 
Las siguientes dos etapas fueron de relativa tranquilidad en el seno del pelotón, con la expeción de la 14ª etapa, que iba a ver como los corredores del Banesto iban a vivir un auténtico infierno en una etapa aparentemente sin peligro que acabó como una persecución del equipo a un numeroso grupo en el que se había colado Heras (8º en la general). Finalmente aquel día acabó sin jugándose al sprint, pero los chicos de Unzué se habían llevado un buen susto.
 
 
La mujer de Olano incendia las Ondas
La 16ª etapa, que finalizaba en las Lagunas de Neila dejó como resultado la cuarta victoria parcial del Chava Jiménez. Todo lo importante de la etapa sucedió durante los últimos tres kilómetros de la subida final a las Lagunas. Poco después de pasar por la pancarta de tres a meta, y viendo el Chava que la situación de carrera estaba más o menos controlada por Olano (respondiendo en persona a unos inútiles ataques de Jalabert), el Chava decidió derramar, buscando su cuarto triunfo de etapa.
 
"Una pequeña pájara de Olano y el ataque del Chava hicieron llegar la sangre al río"
No parecía que la sangre fuera a ir al río hasta que al paso por la pancarta del último kilómetro, Olano se vino abajo sin motivo aparente, y nuevamente Beltrán debió sacrificarse para su jefe de filas. La renta en meta entre el Chava y Olano fue de 46 segundos en favor del corredor del Barraco, insuficientes para poner en aprietos su liderazgo en la carrera.
 
Las declaraciones en meta no fueron nada altisonantes entre todos los protagonistas del día, hasta que que todo el mundo pudo escuchar las que realizaría Karmele, la mujer de Olano, en la radio. Desde ese momento el ambiente en el conjunto Banesto se volvió muy tenso (entre otras cosas, Olano acababa contrato y estaba negociando la renovación), produciéndose el famoso suceso en el ascensor de un hotel entre el Chava, Karmele y un periodista de un medio afín al corredor abulense. La sangre había llegado al río en el seno del conjunto Banesto.
 
La traca final en la Sierra madrileña
Se estaba llegando al final de la Vuelta y aunque la presión que desde el exterior se estaba ejerciendo sobre los corredores del Banesto, en la etapa de Segovia consiguieron firmar una pequeña tregua y trabajar todos con el mismo propósito, conservar el jersey de líder. Ese día de Segovia lo conservaron, pero aún quedaba Navacerrada.
 
El día de Navacerrada la etapa estuvo marcada por el mal tiempo, y por la lucha constante que tuvo que sufrir Olano aquel día. En el penúltimo puerto vio como se formaba una fuga en la que se encontraría gente como Zülle, Escartín o su compañero Chava como secante, mientras que él y su equipo perseguían por detrás. Después de muchos kilómetros persiguiendo, el Banesto consiguió neutralizar la fuga a pie de Navacerrada, último puerto de la jornada.
 
Una vez en el puerto, en las primeras rampas, atacó Heras, llevándose consigo a rueda a Escartín, Armstrong y al Chava. Olano se volvía a quedar descolgado, a merced de la ayuda del Triki. La ventaja de ese cuarteto fue aumentando kilómetro a kilómetro, de manera que el Chava se estaba convirtiendo en el líder provisional de la prueba, ya que habían neutralizado los 31 segundos de desventaja que tenía en la general.
 
"Su superioridad en montaña contrastaba con su escaso rendimiento contra el reloj, lo que le privó de hacer mejores generales"

En la línea de meta fue el ruso Zinchenko, que venía de una fuga anterior, quien se hizo con el triunfo de etapa, su tercero aquel año en la ronda española. Por detrás, Jiménez y Heras entraron a su rueda y Olano se dejó nada menos que 1 minuto y 7 segundos. Eso convertía a Jiménez en el nuevo líder de la prueba, con 6 segundos de ventaja con respecto a Escartín y 38 con Olano.
 
La desventaja de Olano con los hombres que le precedían en la general hacían pensar que la Vuelta era suya, como demostró al día siguiente en la crono de Fuenlabrada, pero la fractura con su equipo y con el Chava ya se había producido muchas jornadas antes, con la actuación de ambos en la carretera, y de sus allegados en las ondas radiofónicas. A Olano le acompañaron en el podium Escartín y su compañero Jiménez, que pudo salvar su tercera plaza por apenas seis segundos con respecto a Armstrong.
 
Clasificación general.
1- Abraham Olano (Banesto)
2- Fernando Escartín (Kelme) a 1´23´´
3- José María Jiménez (Banesto) a 2´12´´
4- Lance Armstrong (US Postal) a 2´18´´
5- Laurent Jalabert (ONCE) a 2´37´´
6- Roberto Heras (Kelme) a 2´58´´
7- Álvaro González de Galdeano (Euskaltel) a 5´51´´
8- Alex Zülle (Festina) a 6´05´´
9- Marco Serpellini (Brescialat) a 8´ 58´´
10- Marcos Serrano (Kelme) a 10´17´´
 
 
Su mejor clasificación
La Vuelta a España de 1998 supuso la mejor clasificación general del Chava Jiménez, con un tercer puesto final, viviéndolo además con gran intensidad, debido a la polémica que se desató en el seno del equipo Banesto en aquella edición, por las disputas vividas en los medios entre los que apoyaban al Chava y los que apoyaban a Olano. Aunque esa Vuelta del 98 fue su mejor clasificación, no fue su mejor participación en una gran ronda, ya que en la Vuelta de 2001, en donde consiguió tres victorias de etapa, pudo haber sido suya de no ser por esa mala cabeza que tenía, ya que en la carretera demostró ser el mejor corredor del pelotón en esa edición. La
 
Su mala cabeza, unida a sus vicios y malos hábitos de vida, hizo que apenas cinco años después de subir al podium de Madrid, y dos años después de ser el mejor corredor en la ronda española, José María Jiménez nos abandonase para siempre mientras se encontraba en una clínica de desintoxicación, tratando de curarse de sus adicciones, no ya para volver a ser corredor profesional, pues todavía tenía edad de serlo, sino para tratar de volver a ser persona.
 
 
Saludos a todos!!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

L´Angliru, el Olimpo del ciclismo

“Existe en Asturias, en plena Sierra del Aramo, en el Municipio de Riosa, cerca de 15 kilómetros de Oviedo, una montaña (…) que las retinas de los telespectadores jamás la olvidarían. Lo mismo que se dice que Los Lagos de Covadonga podrán ser la equivalencia española al Alpe d’Huez francés, la Gamonal podría equipararse e incluso, sin exagerar, superar al Mortirolo italiano.”

Descubriendo el Angliru

El Angliru (L'Angliru en bable), situado a apenas 15 kilómetros de Oviedo, era uno de tantos caminos de montaña en donde los ganaderos asturianos cuidaban sus ganados, hasta que en 1996, un director de información del conjunto ONCE, Miguel Prieto, conoció el puerto. Quedó tan impresionado por la dureza del mismo, que al año siguiente envió una carta a Unipublic (organizadora de la Vuelta) en la cual recomendaba que ese terrible puerto debía ser incluido en el recorrido de la Vuelta a España.

La carta incluía un perfil de los últimos kilómetros de la ascensión al puerto, ante lo que los directores de la Vuelta (y los de Unipublic) quedaron impresionados. La propuesta de Prieto llegó a buen puerto y optaron por hacer realidad tanto su deseo, como el de los propios organizadores, ya que hacía tiempo que venían buscando un puerto que tuviera el mismo impacto que Los Lagos de Covadonga tuvieron en su momento en la ronda española. Con esa montaña, la Vuelta a España iba a conseguir el puerto más duro de Europa, iba a ser su particular Mortirolo.

En octubre de 1998 La Nueva España adelantó que el Angliru formaría parte del recorrido de la Vuelta del año siguiente, algo que confirmaría Enrique Franco, director de la Vuelta, pocos días después. En el mes de mayo siguiente el propio Enrique Franco, junto con el alcalde de Riosa, Víctor Cordero (director de Unipublic), la consejera de cultura del Principado y el director regional de deportes, firmarían el contrato para la llegada de la ronda española al Alto de L´Angliru. En ese momento comenzarían las obras de adecuación de la carretera de acceso y de la explanada donde se ubicaría la línea de meta (la carretera había sido asfaltada en 1997).

El Angliru, de esta forma, iba a estar listo para que el 12 de septiembre de 1999 el pelotón de la Vuelta a España afrontase sus rampas imposibles. Desde aquella fecha, se ha convertido en el calvario de profesionales y de miles de cicloturistas.

El Olimpo del Ciclismo

El puerto se encuentra situado en el corazón de la sierra del Aramo, en el concejo de Riosa. Tiene 1.570 metros de altitud, una longitud de 12.6 kilómetros de longitud y un desnivel de más de 1.200 metros, lo que hacen que su desnivel medio sea de más del 10%, en la vertiente de La Riosa. La pendiente máxima de esa carretera es del 23,5 %, en la famosa Cueña les Cabres, a la altura del kilómetro 10,8 de ascensión. El Olimpo del Ciclismo reza un cartel situado en la base del puerto, y es que llegar a su cima es como tocar el techo.

El inicio es relativamente sencillo, teniendo en sus cinco kilómetros iniciales con una pendiente máxima de "apenas" el 9%. Lo duro comienza una vez que se llega a la zona recreativa de Viapará, la última zona humana de este puerto, falso llano incluido. Nada más dejar atrás Viapará, tal y como nos recuerda una pintada en el suelo, comienza el infierno.

Después del descansillo, tras una curva a izquierdas, los corredores se chocan de bruces con la Cuesta les Cabanes, una pared de 150 metros, con una pendiente del 22%, a la altura del kilómetro 7. Durante el siguiente kilómetro, una larga recta, la pendiente suaviza, hasta que se llega a una curva a derechas, la de Llagos, en el kilómetro 8,5 de subida, con una pendiente del 15,5 %. Otra recta de prácticamente un kilómetro con pendientes superiores al 10 % de media. Después de esa segunda recta interminable, los corredores afrontan la horquilla de Picones-Cobayos, una horquilla a la que se llega al límite de tus fuerzas, y te deja sin aliento.

La primera de esas dos curvas es la de Los Picones, en el kilómetro 9,5. La segunda pared de la subida. Y aún falta lo más duro del puerto. A la altura del kilómetro 10,2 de subida los ciclistas afrontan la segunda curva de esa horquilla, la de  Cobayos, la segunda rampa en porcentaje del puerto, con un 21,5 % de desnivel medio.

Una vez que los corredores dejan atrás ese entrelazado de curvas, llegan a la recta más famosa del ciclismo mundial, la recta en la que se encuentra La Cueña les Cabres, la pared del ciclismo profesinal, con su 23,5 % de porcentaje máximo (kilómetro 10,8). Ahí los corredores, que ya marchan al límite de sus fuerzas, ven como se les cae el mundo al suelo. Solo pueden agarrar fuerte el manillar, meter todo el desarrollo que les dejen sus bicicletas y tirar de riñones, ya que es imposible ponerse en pie sobre la bicicleta en esos momentos, para poder completar el paso por el infierno.

Una vez que se pasa la Cueña, ya se deja atrás la mayor rampa del puerto, a cambio de haberse quedado sin aliento y totalmente vacío de fuerzas. En esos momentos los corredores tienen la sensación de que no avanzan, y aún les quedan las dos últimas grandes rampas del puerto, El Aviru (kilómetro 11,5) al 21,5 % y Les Piedrusines, al 20 %, como forma de colofón del puerto, a punto de coronarlo. Los últimos metros, medio kilómetro aproximadamente, son en ligera bajada para llegar a una pequeña área de descanso donde se ubica la meta.

¿El puerto más duro de Europa?

Desde que en el mes de octubre de 1998 se dio a conocer que el puerto se subiria en la edición del año siguiente, L´Angliru ha sido objeto de numerosos mitos, siendo el más habitual el mito de que por la dureza de sus rampas no se pueden hacer diferencias entre los favoritos. Pero nada más lejos de la realidad, porque aunque la velocidad de ascensión es baja, las diferencias se pueden hacer enormes, cuando no convertirse en definitivas de cara al resultado final de la prueba, como sucedió en la última ascensión, la de 2011.

Desde que el puerto fue ascendido por primera vez, en 1999, y haciendo una comparación con las ascensiones a los puertos más importantes españoles y del Tour y el Giro desde aquel año, se puede observar como ese mito sobre que no se crean diferencias en el Angliru sería totalmente falso. Esos puertos con los que hacer la comparación serían los Lagos de Covadonga, la Pandera o la Covatilla, en España, y en el extranjero Luz Ardiden, Tourmalet (por la vertiente de la Mongie) o el monte Zoncolan (el Mortirolo no se consideraría porque no es final de etapa).

Analizando los datos de esos puertos (en Wikipedia analizan la diferencia entre el primero, segundo y tercero de la etapa, indistintamente si el ganador llegó en fuga o del grupo de favoritos), tan solo los Lagos y el Mont Ventoux podrían aguantar la comparación con el Angliru. La diferencia media entre los tres primeros clasificados de la etapa, comparando con los otros puertos, convierten al Angliru no solo en el puerto que más diferencias ha creado entre los corredores en la Vuelta, sino que también lo es en los puertos de las otras grandes en la última década.

Los duelos en el Angliru

1999. El Chava entra en la leyenda
Con una expectación sin precedentes, el 12 de septiembre de 1999 se afrontaba por primera vez la ascensión a la que ya en ese momento era  mítica cima asturiana. La etapa constaría de 175 kilómetros, y partiría de León, atravesando los puertos de Ventana, La Cobertoria, y el Cordal, antes de la llegada al coloso asturiano.

Aquel día el pelotón iba a llegar hecho pedazos a la subida más importante del día, con el líder retrasado con respecto al grupo de favoritos debido a una caída en el puerto del Cordal. En esa última subida Tonkov, a unos 10 kilómetros de meta lanzó un poderoso ataque con el que abrió un hueco importante con el resto de corredores. El corredor ruso parecía lanzado a por la victoria (marchaba con un minuto de ventaja) cuando en el punto más duro de la subida, La Cueña Les Cabres, el Chava Jiménez lanzó un poderoso ataque al que ni Roberto Heras, su compañero hasta ese momento, pudo seguir.

Metro a metro, segundo a segundo, fue recortando el de El Barraco la desventaja que le llevaba el corredor ruso, hasta que justo cuando coronaban el puerto, alcanzó la rueda del corredor del Mapei. En los últimos dos kilómetros de la subida le recortó cuarenta segundos. En un final de etapa sorprendente, el Chava adelantó a Tonkov justo cuando afrontaban el ligero descenso que conducía a la meta, siendo el primer corredor en conseguir la victoria en el Angliru. El Chava había entrado en la leyenda de la Vuelta.

2000. Heras sentencia la Vuelta
Al año siguiente el Angliru volvería a ser la estrella del recorrido de la ronda española. En aquella edición se subiría un 15 de septiembre, y en la etapa habría dos carreras diferentes. La primera carrera sería por el triunfo de etapa, que se lo jugaría una fuga, mientras que la segunda carrera sería por la general de la etapa, en un duelo entre Roberto Heras y Ángel Casero.

De la primera pelea, la de la lucha por el triunfo de etapa, el vencedor sería el ganador del último Giro de Italia, el italiano Gilberto Simoni. El corredor italiano llegaría a pie de puerto siendo partícipe en una fuga en la que se encontrarían Díaz Justo, Brozyna o Hruska. Estos dos últimos corredores serían, precisamente los últimos a los que dejaría atrás el italiano, antes de llegar al descansillo de Viapará. Desde ese momento, a 10 kilómetros de meta, Simoni realizaría en solitario el resto de la subida, aventajando en la línea de meta en más de dos minutos al segundo clasificado, el checo Hruska, y en casi tres al tercero, el español Heras.

La otra pelea de la etapa sería la de la general, que tendría lugar entre el corredor valenciano Ángel Casero y el salmantino Roberto Heras. Realmente esta pelea quedaría en nada, pues Casero cedería rápidamente la rueda del grupo de Heras. En Les Cabanes, respondiendo a un ataque de Tonkov, el del Kelme lanzó un contrataque con el que dejó cortado al corredor ruso y se quedó solo tratando de aumentar su renta con Casero. En la meta, el corredor se dejaría 3 minutos y 41 segundos con Heras, distancia que sería fundamental en el devenir de la Vuelta, ya que en Madrid la distancia entre ambos corredores fue menor de la que se dio en el Angliru.

2002. Guerra en el Kelme
Tras una tregua de un año, la Vuelta decidió recuperar el Angliru para la décimoquinta etapa de la prueba, la que iba a llevar a los corredores desde Gijón al coloso asturiano. Aquel iba a ser el día más difícil de todos cuantos se ha subido el puerto hasta la fecha, tanto por las condiciones meteorológicas como por la situación que se vivió en el equipo Kelme. Al comienzo de la etapa parecía que se viviría una batalla entre los US Postal, con Heras a la cabeza, y los Kelme, con Óscar Sevilla portando el jersey dorado de líder de la carrera, pero al final de la misma habría estallado una guerra abierta en el conjunto Kelme, una guerra entre Aitor González y Óscar Sevilla.

El triunfo de la etapa correspondió aquel día a Roberto Heras, quien se había quedado solo en cabeza de carrera a la altura de Les Cabanes. El segundo en meta fue Joseba Beloki, mientras que el tercero iba a ser el gran protagonista del día, Aitor González, quien sería el protagonista por abrir una guerra con su compañero Sevilla, el líder de la carrera (del que estaba separado por un segundo).

Aitor no solo no esperó al de Osa de Montiel durante la subida al puerto, sino que además fue el primer corredor en atacar, justo cuando su compañero estaba atravesando sus peores momentos en la subida del puerto. El director del equipo, Vicente Belda, le pidió a Aitor insistentemente, a través de la radio, que se parase y esperase a su compañero, pero González decidió hacer la guerra por su cuenta y no respetar las órdenes de equipo. La tensión desde aquel día hasta el final de la Vuelta fue tremendo en el conjunto alicantino, a pesar de que González fue el vencedor final de la prueba.
 
2008. Contador certifica su tercera grande
Seis años tuvieron que esperar los aficionados y los corredores a que la organización se decidiese a incluir de nuevo al Angliru en la prueba. En esta ocasión la subida sería un 13 de septiembre, en un soleado día. En aquella etapa a pie de ese último puerto llegaría un grupo de escapados que rápidamente sería neutralizado, debido especialmente al duro trabajo que realizó durante toda la etapa el conjunto Astana.

La ventaja de ese grupo cabecero fue rápidamente reducida, dejando en cabeza de carrera al grupo de favoritos, un grupo en el que estarían corredores como Contador, Leipheimer, Purito Rodriguez, Valverde, Dani Moreno o Mosquera. Ese grupo quedaría reducido a los cuatro primeros nombres cuando en Les Cabanes Valverde lanzó un potente ataque. En la Cueña Les Cabres sería el corredor de Pinto quien lanzaría un ataque que le dejaría en cabeza de carrera.

Desde ese momento, la ventaja de Contador lo único que hizo fue aumentar hasta que atravesó la línea de meta, siendo el cuarto vencedor en la cima del Angliru. Valverde sería segundo aquel día a 42 segundos del ganador, demostrando que también podía con la alta montaña. Purito sería el tercero, a 58 segundos, mientras que Leiphemier sería el cuarto del día, cediendo otros siete segundos más que Purito. La distancia entre Contador y Leipheimer aquel día fue determinante en el triunfo del pinteño sobre el norteamericano en la clasificación final.

2011. Cobo vence y cambio de papeles en Sky
El 30 de abril del año 2011 un Juanjo Cobo cabizbajo se bajó de la bicicleta en la Vuelta a Asturias. Días después llamó a Matxin, su director, y le dijo que colgaba la bicicleta y sería electricista. Matxin, que era quien mejor conocía a su corredor, le dijo que se tomase un tiempo y recapacitase. Apenas cuatro meses después de haber anunciado a su director que lo dejaba, el 4 de septiembre, el día en que se subía el Angliru en la Vuelta, Cobo era otra persona. Su mente, en la que todo era o claro u oscuro, en aquella ocasión iba a verlo todo claro. 
 
La táctica del equipo Geox había determinado aquel día que la zona ideal para que Cobo lanzase su ataque era poco antes de La Cueña Les Cabres, es decir, a escasos cuatro kilómetros para la meta. Pero Cobo, que aquel día tenía piernas, decidió que no podía esperar tanto, que la cima del Angliru y la victoria en Madrid le estaban esperando y atacó cuando faltaban más de seis kilómetros a meta. Por detrás, el líder Wiggins no era capaz de seguir su ritmo y desde su equipo, el Sky, decidían sacrificar a Froome para ayudar a su jefe de filas. Dos kilómetros más tarde, el director del equipo británico se daría cuenta de su error y le diría a Froome que se fuera a por el corredor cántabro. Ya no había nada que hacer, Cobo iba súper y nadie le vería hasta después de atravesar la línea de meta. Era el nuevo líder de la prueba. Froome, por su parte, no podría hacer mucho, y llegaría a meta (4º) con 48 segundos de retraso, acompañado por Poels (2º) y Menchov (3º).

Chris Froome se quedaría aquel día a 20 segundos en la general de Cobo, una distancia que jamás lograría recuperar en aquella Vuelta, de la que el corredor cántabro resultaría el ganador, con el keniata nacionalizado británico en segundo lugar. Wiggins, sin quererlo, aquel día le había costado a Froome la primera de las dos grandes que no pudo ganar por poco tiempo.


Nota: Carta completa enviada por Miguel Prieto, el "descubridor" del Angliru, a los organizadores de la Vuelta a España:
http://www.angliru-riosa.com/vuelta_ciclista/carta.htm


Saludos a todos!!

martes, 6 de agosto de 2013

Tour 1947. La gran evasión

Albert Bourlon nació en Sancergues, en el departamento de Cher, un frío mes de noviembre de 1916. Su familia era modesta y tuvo que ser criado por su abuela. Desde muy joven, Albert hubo de ponerse a trabajar, para poder llevar el pan a casa. Su primer oficio fue el de pastor y también trabajó en las granjas de la zona. Pero esos oficios no eran suficientes, por lo que decidió marchar a París a comienzos de los años 30. Allí en París tuvo fortuna y consiguió un trabajo en la fábrica de Renault, en Boulogne. En ese puesto de trabajo permaneció hasta que la bicicleta se cruzó en su camino.

Desde que consiguió su primera bicicleta, a la edad de 17 años, apuntó grandes maneras. Esto le llevó a convertirse en ciclista profesional, muy joven, a finales del año 1936. Sus primeros años como profesional fueron bastante aceptables, incluida una 35ª posición final en el primer Tour en que venció Bartali, en 1938. Bourlon era una de las grandes promesas francesas, pero como le sucedió a otra tanta gente, la guerra se cruzó en su camino.

Antes de finalizar el año 1939, tal como sucediera con muchos jóvenes, Albert Bourlon fue movilizado al ejército nacional. Con la debacle francesa ante el ejército nazi, Bourlon sería capturado el 23 de mayo de 1940, y enviado a Stalag, en Polonia.

De Stalag se intentó fugar en varias ocasión. En la primera fracasó, lo que le supuso ser internado en un cuartel disciplinario. En 1943 fue enviado a trabajar en la estación de tren, lo que otorgaba una oportunidad magnífica para colarse en alguno de los trenes de repatriados y fugarse. Hubiera logrado su proposito de no ser por la denuncia de un oficial francés.

Había fallado dos veces en su intento de fuga, pero se conjuro para que no hubiese un tercer fallo. La tercera tentativa fue con una identidad falsa, consiguiendo, esta vez sí, alcanzar su propósito. De Polonia marchó a través de varios países: Ucrania, Eslovaquia y Hungría, hasta que finalmente llegó, a comienzos de noviembre de 1943, a la capital de Rumanía, Bucarest, en donde se vio obligado a cruzar a nado el mayor de los afluentes del Danubio, el Tisza, congelado en esos momentos del año.

Bourlon permaneció en Rumanía hasta 1944, en donde, incluso, llegó a correr bajo los colores del Viforul Dacia y ganar la carrera más popular del país, la Bucarest-Ploiesti-Bucarest. Hasta febrero de 1945 no volvería a su país, repatriado por los estadounidenses. Una vez en su país, sería contratado por el conjunto Mercier-A. Leducq.

Vuelve el Tour de Francia

En 1947 hacía sólo dos años que había concluido el mayor conflicto bélico de la historia. En Europa, tras esos dos años, la gente seguía teniendo hambre, las carreteras estaban llenas de baches, multitud de edificios aún no habían sido reconstruidos y las personas carecían de casi todo lo que habían tenido antes de la guerra.

Para tratar de combatir la tristeza y la pobreza que asolaba al país, se hizo renacer la carrera más grande del calendario, el Tour de Francia, después de un paréntesis obligado de ocho años. El Tour, está vez, no podrá ser organizado por el diario L´Auto, ya que este fue acusado de colaboracionismo con los ocupantes alemanes durante la guerra y desapareció. Tampoco estará Henri Desgrange, el director de la carrera, debido a su fallecimiento en 1940. En lugar de L´Auto habrá un nuevo diario, llamado L´Equipe, y en el de Desgrange se encontrará Jacques Goddet.

El 25 de junio sería el día que iba a renacer la carrera. Aquel día del renacimiento de la Grande Bouclé, tomarían la salida 100 corredores, de los cuales, apenas 13 habían participado con anterioridad en la ronda francesa. La carrera concluiría, con un final bastante sorprendente, el 20 de julio. Completarían el recorrido 53 de los 100 participantes iniciales.

Carcasona-Luchon

El viernes 11 de julio, iba a tener lugar la disputa de la décimocuarta etapa de la carrera, que uniría Carcasona y Luchon, a través de 253 kilómetros. Dicha etapa comenzó bajo un sol abrasador, lo cual sin duda afectó a los corredores, que iniciaron la etapa con mucha calma. Todos los corredores menos uno, Albert Bourlon, que se escapó casi desde que dieron la señal de salida en Carcasona. En la general se encontraba a casi dos horas del líder, René Vietto, por lo que su fuga no incomodó a nadie. Bourlon no buscaba un vuelco en la general, simplemente buscaba hacerse con los premios en metálico que había en los puntos intermedios, situados en la primera parte de la etapa.

En Limoux, a la altura del kilómetro 23 de la etapa, la ventaja con la que contaba ya era de aproximadamente siete minutos. Eso demostraba la tranquilidad con la que se estaban tomando las cosas por detrás, en el pelotón, y la seriedad que estaba mostrando el corredor francés. Los compañeros de su equipo habían ayudado a consolidar esa fuga, poniendo un ritmo bastante suave en el pelotón.

En la cima del Col de Port la ventaja aumentaría considerablemente, hasta llegar a los 16 minutos. En esa ascensión tuvo lugar el único punto que pudo haber tirado por tierra la gran escapada de Bourlon, ya que se produjeron movimientos en el pelotón, pero estos movimientos fueron perfectamente controlados durante el descenso del puerto, y ahí se acabaron las tentativas por neutralizar al valiente corredor galo.

La ventaja a cada kilómetro que transcurría iba siendo mayor, alcanzando la media hora en algunos momentos. A medio camino de la etapa, en Tarascon, la renta iba a ser de 28 minutos, pero a partir de ahí, el antiguo prisionero de guerra se iría desinflando muy poco a poco.

A la meta de Luchon, Bourlon llegaría con 16 minutos y 20 segundos de ventaja con respecto al segundo corredor clasificado del día, el belga Callens. El tercero sería el italiano Cottur, que se retrasaría en meta otros once segundos. El grueso del pelotón, por su parte, llegaría encabezado a meta por Jean Robic, perdiendo un tiempo de 22 minutos y medio con el ganador del día. Un valiente ganador que al final se había hecho con unos cien mil francos en premios, lo que significaba que el premio en metálico que se llevaría de aquel día, iba a doblar su salario mensual.

Albert Boulon acaba de culminar una hazaña histórica, un récord que aún a día de hoy sigue en pie, y que los corredores futuros tendrán muy difícil superar. Había completado 253 kilómetros de fuga en solitario. Esta ha sido, desde aquel momento, la mayor fuga en solitario culminada con victoria desde la Segunda Guerra Mundial, un hito que parece que no será superado. Llegó con tiempo de sobra para recriminar a los jueces que dos días antes de aquella etapa se olvidaran de él en la clasificación, y por lo tanto hubiese sido excluido de la carrera. Tuvo que hacer una reclamación para ser readmitido en la carrera. Evidentemente, visto su heróico ataque de Luchon, fue readmitido. Ese hecho de haberse olvidado los jueces de él hacía apenas un par de etapas, le llevó a, una vez culminada su fuga, dirigirse a los comisarios, preguntándoles si en esta ocasión le habían visto bien.

El 11 de julio de 1947 había llegado la gloria para un corredor de 30 años que antes de la guerra era una gran promesa y que para aquel Tour de 1947 no había tenido hueco en el primer equipo francés, encontrando acomodo en uno de los equipos filiales. Después de aquel histórico día se había convertido en una leyenda.

El ciclista en vida de mayor edad del Tour
Con la muerte de Pierre Cogan, el 5 de enero del presente año, añadió, además, otro récord a su lista de méritos. Ese nuevo récord será efímero, pues de todos los corredores que han participado en el Tour, él es el más anciano de todos los que viven en la actualidad. Un logro que el tiempo le quitará. Mientras, el otro récord, el de la fuga culminada más larga tras la guerra, quizás le pertenezca para siempre.
 


Clasificación 14ª etapa. Carcassone-Luchon
1- Albert Bourlon (Francia Central Sur-Oeste) 8 horas 10 minutos 11 segundos
2- Norbert Callens (Bélgica) a 16´ 20´´
3- Giordano Cottur (Italia) a 16´ 31´´
4- Giuseppe Tacca (Italia) a 18´ 52´´
5- Jean-Marie Goasmat (Francia Oeste) a 18´ 54´´
6- Jean Robic (Francia Oeste) a 22´ 32´´
7- Lucien Teisseire (Francia) m.t.
8- Paul Giguet (Francia Sur-Este) m.t.
9- Gottfried Weilenmann (Suiza-Luxemburgo) m.t.
10- Marius Bonnet (Francia Sur-Este) m.t.

Clasificación general
1- René Vietto (Francia) 101 horas 2 minutos 43 segundos
2- Fermo Camellini (Holanda) a 2´ 11´´
3- Pierre Brambilla (Italia) a 3´ 4´´
4- Aldo Ronconi (Italia) a  3´ 25´´
5- Édouard Fachleitner (Francia) a 6´ 16´´
6- Jean Robic (Francia Oeste) a 23´ 21´´
7- Raymond Impanis (Bélgica) a 35´ 39´´
8- Giordano Cottur (Italia) a 1 h. 1´ 17´´
9- Jean-Marie Goasmat (Francia Oeste) 1 h. 1´ 22´´
10- Jean-Apo Lazaridès (Francia Sur-Este) a 1 h. 6´ 15´´


Saludos a todos!!

martes, 30 de julio de 2013

Tour 1971. Merckx claudica ante Ocaña

En la salida de la edición del Tour de Francia de 1971, el gran favorito iba a ser el campeón de las dos últimas ediciones, el belga Eddy Merckx, quien corría bajo los colores del potente equipo Molteni. A priori, el gran rival del belga en aquel Tour sería el español Luis Ocaña, quien capitaneaba el potente equipo Bic, en el que se encontraría gente de la calidad de Labourdette, Mortensen, o Johnny Schleck (el padre de Andy y Frank Schleck). En teoría ambos corredores, español y belga, serían los grandes favoritos a pelear por el triunfo en la gran ronda francesa, siempre con el belga un peldaño por encima. Otros corredores, como Zoetemelk o Agostinho, también presentaban en la línea de salida su candidatura al triunfo final.
 

Grenoble - Orcières-Merlette

El jueves 8 de julio se iba a disputar la undécima etapa del Tour de Francia. Una etapa corta, de 134 kilómetros, que discurriría entre Grenoble y Orcières-Merlette, atravesando los puertos de Laffrey y Noyer antes de alcanzar la meta, situada en la cima de Orcières-Merlette. Los días anteriores a esa etapa, Ocaña había ido poniendo a Merckx en serias dificultades en puertos como el Puy de Dôme o Porte, y había visto que el belga también era humano y había flaqueado.
 
La etapa iba a comenzar muy rápida, ya que el primer puerto del día, el de Laffrey, se encontraría situado en el kilómetro 13 de la etapa. Desde la salida, el equipo Kas tiraría a bloque, escapándose Fuente casi de salida. Ese fuerte ritmo de salida desarmaría por completo al equipo del belga Merckx, quien se vería sin el apoyo de sus compañeros casi desde la primera pedalada del día. Pero no iban a terminar ahí sus problemas.
 
Nada más comenzar ese primer puerto del día, en la primera rampa, Agostinho lanzará un potente ataque, siguiendo las instrucciones de su director Geminiani, que algo habría visto extraño en el pelotón para mandar a su pupilo atacar de forma tan tempranera. El primer corredor que salió a por el corredor portugués fue el español Ocaña, seguido por Van Impe y por el líder Zoetemelk. Rápidamente estos tres corredores formaron un terceto perseguidor que se entendió perfectamente y mantuvo controlado al bravo corredor portugués. Nadie más pudo alcanzar ese grupo. Gösta Pettersson lo intentó, pero no pudo contactar con el grupo cabecero, mientras que Merckx ni intentó moverse para neutralizar ese peligrosísimo movimiento. Fuente, por su parte, a pesar del ataque inicial, había hecho aguas y no se le volvería a ver ese día.
 
Eso era lo que Geminiani había visto, Merckx había flaqueado y quería eliminarle de la carrera. Era otro ciclismo. Que el belga no intentase contactar con los hombres de cabeza sin duda llenó de moral a los corredores que marchaban por delante de él, especialmente a Ocaña, quien ese día iba con una fuerza descomunal y casi no tuvo necesidad de que le diesen relevos en la persecución a Agostinho.
 
El primer corredor que coronó el puerto fue Agostinho. El hueco con el trio perseguidor era mínimo, y estos coronaron con apenas quince segundos de retraso. Petterssen sería el siguiente en coronar, cediendo un minuto más que el trío perseguidor. Merckx, por su parte, viajaría en un grupo con Guimard, Thévenet o Mortesen. El retraso de ese grupo en la cima sería de un minuto y medio con respecto al corredor portugués.
 
En el descenso y en el llano posterior al primer puerto de la jornada se formaron dos grupos diferentes, que formarían los dos frentes de batalla de la jornada. El primer grupo estaría formado por Ocaña, Zoetemelk, Van Impe y Agostinho, que había decidido levantar el pie y esperarlos. Por detrás, el otro frente de batalla sería el grupo formado por Merckx, que encabezaría la persecución al grupo que les precedía en la jornada.
 
El grupo cabecero marchó desde el momento de la neutralización al corredor cabeza de carrera con gran armonía, colaborando todos en aumentar la ventaja con respecto al grupo perseguidor. Tal era la armonía de los corredores que en el sprint de Pierre-Châtel la ventaja con el grupo de Merckx había aumentado hasta casi los dos minutos y medio. El sprint, por cierto, fue vencido por Ocaña, por delante de Zoetemelk.
 

Victoria en solitario de Ocaña

Pero la armonía entre los corredores no podía ser eterna, y marchar todos juntos hasta la meta, como se demostró en el segundo puerto del día, en el Col de Noyer. En los primeros kilómetros de dicho Col, Ocaña acelera el ritmo, buscando una hazaña imposible. Los que hasta ese momento habían sido sus compañeros de viaje, no son capaces de seguir el ritmo del corredor conquense. Quedaban más de 70 kilómetros para llegar a meta.
 
Palmo a palmo, metro a metro, Ocaña va abriendo más y más distancia con sus antiguos compañeros de aventuras. A mitad de puerto su ventaja con respecto a ese trío se sitúa sobre el minuto. Su locura poco a poco va tomando forma. El bueno de Luis va creciéndose con los kilómetros, mientras que los perseguidores se van desinflando muy alarmantemente, cediendo una distancia que ya será tan irrecuperable como para pensar que no puede haber otro ganador de etapa que no sea el corredor del equipo Bic.
 
En la cima de Noyer las diferencias ya serán alarmantes para los perseguidores. Ocaña será, evidentemente, el primer hombre en pasar por la cima del puerto. El trío formado por Van Impe, Zoetemelk y Agostinho, acumulará en la cima un retraso de prácticamente cuatro minutos. Mientras, el grupo que comanda Merckx en todo momento, coronará con un tiempo perdido de casi cinco minutos y medio con respecto a cabeza de carrera.
 
Desde ese momento, y hasta el final de la etapa, las diferencias a favor de Ocaña no hicieron sino aumentar. El último puerto, el de Merlette, supuso un paseo para el corredor español, que aumentó significativamente sus rentas al atravesar la línea de meta. Ocaña completó su hazaña en poco más de cuatro horas. El segundo corredor en atravesar la línea de meta sería el holandés Van Impe, que llegaría con una increible desventaja de 5 minutos y 52 segundos. Merckx, que a pesar de haber estado tirando en todo momento de su grupo, pudo ser el tercer corredor en atravesar la línea de meta, a tres segundos del corredor holandés, y a nada menos que 8 minutos y 42 segundos del corredor español..
 
Luis Ocaña, aquel 8 de julio de 1971, completó una fuga heroica, bajo un sol incandescente. Además de haber realizado tan impresionante etapa, el español había hecho encajar a Merckx la primera gran derrota de su carrera. Sin embargo, a pesar de ese duro golpe, el corredor belga se negó a rendirse y, a pesar de lo que dijese en sus declaraciones, iba a pelear con todo con el fin de conseguir su tercera victoria en el Tour de Francia. El amarillo ya era suyo, y la ventaja tan tranquilizadora que París ya se podía atisbar al fondo del horizonte.
Merckx: "Ocaña nos ha matado hoy a todos, como `el Cordobés´ mata a sus toros".
 
Tal fue la batalla que presentaron aquel día los corredores que 68 de ellos llegaron fuera del límite de tiempo, por lo que la organización se vio obligada a ampliar el fuera de control, pasando este del 12 al 15% del tiempo del ganador del día, para evitar que la carrera quedase hecha un solar. Esta medida, sin embargo, no pudo ayudar a Godefrot Walter, quien era el segundo clasificado en la clasificación de puntos al comenzar la jornada, e iba a tener que abandonar la carrera.
 

Abandono en el Col de Menté

Ocaña se situó desde ese momento como el estandarte anti-Merckx, el hombre que le había hecho doblar la rodilla en señal de derrota. Pero si algo tenía el campeón belga es que jamás se rendía. Podía estar herido, o incluso encontrarse moribundo, que él iba a morir matando. Y eso es lo que hizo desde que había sido derrotado en Merlette en aquel Tour. Atacó en el largo descenso de Orcières-Merlette hacia Marsella, y, en una etapa brutal para los corredores, consiguió recortar dos minutos al líder. En la contrarreloj del día siguiente también consiguió superar al español.
 
Y como no, Merckx volvió a atacar en los Pirineos. Esta vez el ataque más importante del belga iba a tener lugar en el descenso del col de Menté, el cual, debido al granizo que estuvo cayendo durante toda la jornada, se había convertido en un arroyo de agua y barro. En ese ataque kamikaze de Merckx, Ocaña intenta seguir el ritmo del belga cuando, sin frenos, se cae en una curva a izquierdas. La caída no es grave y se levanta rápidamente, optando por cambiar la rueda con su comapñero Maurice de Muer, por precaución. Pero cuando se iba a reincorporar a la carretera, Zoetemelk, que también iba sin frenos, golpeó al español, dejándolo tirado en el suelo. En el Col del Portillon, el siguiente puerto de la jornada, miles de españoles esperarían el paso triunfal del flamante líder español por el puerto. Pero Ocaña jamás llegaría al Portillon. Había tenido que ser evacuado al hospital por la gravedad del atropello sufrido.
 
En la meta aquel día, Merckx se negó a ponerse el maillot amarillo, un amarillo que ya no abandonaría hasta París. "No, no me pertenece. Este Tour lo he perdido, no tengo nada que hacer, me vuelvo a casa". Sin embargo, a pesar de sus palabras, al día siguiente salió en dirección a Superbagnères, eso sí, sin vestir la preciada prenda amarilla, como muestra de respeto hacia el líder caido. "Habría preferido quedar segundo después de una dura batalla que ganar en estas condiciones. Será una victoria manchada para siempre". Y es que, en ese Tour de 1971, Ocaña había derrotado a Merckx. Eddy había encontrado en Luis a la horma de su zapato.
 

Clasificación 11ª etapa. Grenoble - Orcières Merlette.
1- Luis Ocaña (Bic) 4 horas 2 minutos 49 segundos
2- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) 5´ 52´´
3- Eddy Merckx (Molteni) a 8´ 42´´
4- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) m.t.
5- Gösta Pettersson (Ferretti) m.t.
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) m.t.
7- Bernard Labourdette (Bic) m.t.
8- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 8´ 45´´
9- Thomas Pettersson (Ferretti) m.t.
10- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) m.t.

Clasificación general.
1- Luis Ocaña (Bic) 58 horas 33 minutos
2- Joop Zoetemelk (Mars-Flandria) a 8´ 43´´
3- Lucien van Impe (Sonolor-Lejeune) a 9´ 20´´
4- Gösta Pettersson (Ferretti) a 9´ 26´´
5- Eddy Merckx (Molteni) a 9´ 46´´
6- Bernard Thévenet (Peugeot-BP) a 10´ 8´´
7- Leif Mortensen (Bic) a 13´ 22´´
8- Thomas Pettersson (Ferretti) a 14´ 50´´
9- Joaquim Agostinho (Hoover-De Gribaldy) a 20´ 31´´
10- Cyrille Guimard (Fagor-Mercier) a 21´ 35´´


Saludos a todos!

martes, 23 de julio de 2013

Hautacam 1994. Indurain pasa a la ofensiva

La temporada de 1994 no estaba resultando tan satisfactoria para Miguel Indurain como lo habían sido las dos temporadas anteriores. En esas dos temporadas, el corredor navarro se había hecho con la victoria final en el Giro de Italia, para posteriormente completar el doblete venciendo también en el Tour de Francia. Pero en esa temporada 94, Miguel no pudo hacerse con el triunfo en la ronda italiana, cediendo tan privilegiada posición al ruso Evgeni Berzin, mientras que segundo fue un irreconocible joven llamado Marco Pantani (que lucía pelo en aquel momento). El campeón de los dos años anteriores solamente pudo ser el tercer hombre en el podium.

La preparación para el verdadero objetivo del año, el Tour, no había sido la esperada ni para el corredor, el equipo, ni mucho menos para la prensa y aficionados. A ese rendimiento inferior al esperado por parte del corredor del conjunto Banesto, se sumó la excepcional actuación de Tony Rominger, segundo en el Tour el año pasado, en la Vuelta a España de ese año, en la cual venció con una solvencia propia de un gran campeón.

Estos dos hechos hicieron que los medios de comunicación vaticinaran que el fin del reinado de Miguel Indurain era inminente, y que en este Tour tomarían el relevo otra serie de corredores. El principal candidato a coger el testigo sería el suizo Rominger, que se postulaba como el gran rival en la lucha por la Grande Bouclé. Se pensaba en la previa de la ronda francesa que en ese momento la pauta en las ascensiones la iba a marcar el campeón suizo, pero no se quisieron dar cuenta los medios que realmente de que ese nuevo patrón a seguir en las subidas iba a ser cosa de quien sería uno de los aspirantes al triunfo final, el joven escalador que ya le había derrotado en el último Giro, Pantani.

Finalmente, entre tantas quinielas sobre favoritismos y jubilación anticipada o no del actual campeón, comenzó la carrera un 2 de julio de 1994, en Lille. El vencedor del prólogo fue el británico Chris Boardmand, quien aquel día voló literalmente. El segundo en el registro del día fue el navarro Indurain, por lo que el Tour no comenzaba del todo mal para el defensor del título.

La jornada clave de la carrera fue la contrarreloj que se disputaría dos jornadas antes del primer contacto con la montaña, en la que se afrontaría la subida a Hautacam. En esa crono el que voló fue Indurain, haciendo nacer el mito del “Tirano de Bergeraç” ya que alejó a un mundo a todos y cada uno de sus rivales de la carrera, siendo el más próximo después de aquel día Tony Rominger, pero con 2 minutos y 28 segundos de retraso en la general.

Indurain pasa a la ofensiva
El corredor español había destrozado la carrera después de la primera y única contrarreloj llana de aquel año. Después de su exhibición no había más que un solar en la lucha por quitarle el maillot amarillo. Pero aún no había comenzado la alta montaña de la carrera, y en ella se podía vivir un vuelco en la general, situación en la que confiaban todos los aspirantes. Aquella primera etapa montañosa tendría un perfil unipuerto, con una única subida en toda la jornada, la de Hautacam, que sería el final de la etapa. La subida de Hautacam tendría 16 kilómetros y un porcentaje medio del 7.3%.

Al llegar a pie del puerto habría un grupo formado por cinco unidades en cabeza de carrera, grupo que rápidamente se fragmentaría según comenzasen las primeras rampas. El primer ataque en el seno del pelotón fue obra del corredor del Mapei Arsenio González, preparando teóricamente el terreno para el ataque de su jefe de filas, Rominger. Pero el ataque no prosperó y apenas duró unas decenas de metros, debido al excepcional trabajo de González Arrieta, del Banesto, controlando la carrera.

El siguiente corredor en atacar sería Udo Bolt, con Pantani y Giorgio Furlan a su rueda. El ataque no fue especialmente duro, pero tuvo una continuidad inmediata en la persona de Pantani, que forzó el ritmo y se marchó en solitario, ya que tanto Furlan, como Bolt no podrían seguir el ritmo. Ese fue el momento en el que Indurain echó un vistazo atrás al grupo de los favoritos en que marchaba y se puso en cabeza del mismo poco antes de pasar por la pancarta de 10 kilómetros a meta, aunque pronto recibió la ayuda de su compañero Jean François Bernard y abandonó la cabeza de su grupo.

El hueco que había abierto Pantani con el grupo de favoritos se situaba ligeramente por encima de los quince segundos. En el grupo ahora marcaba el ritmo Bernard, marchando con Indurain a rueda. Rominger no estaba transmitiendo buenas sensaciones y durante mucho tiempo marchó en las posiciones centrales o traseras del grupo, al igual que sus compañeros Olano y Escartín, que lo escolgaban. Riis, la revelación el año anterior (junto con Jaskula) con su quinto puesto final, también marchaba a cola del grupo. Virenque, De Las Cuevas, Zülle, Conti, o Ugrumov eran otros de los componentes del grupo. 

A 7.5 kilómetros para el final, cuando la ventaja de Pantani había superado los 40 segundos, fue Laudelino Cubino quien atacó en el grupo. Se le dejó un pequeño margen de tiempo, y tras un nuevo vistazo a la parte trasera del grupo, Indurain se puso en cabeza del mismo, imponiendo un fortísimo ritmo, que estaba haciendo mucho daño al resto de rivales.

Algo había visto el navarro para ponerse a tirar en cabeza con esa fuerza. Y ese algo fue que al girar su cabeza una y otra vez para buscar a su máximo rival, vio a Rominger casi en todo momento en la parte trasera del grupo. Después de tan sólo un minuto de imponer un fuerte ritmo Miguel, Rominger se quedó totalmente descolgado de un grupo que quedó hecho añicos. Olano trataba de llevar alante a su jefe de filas, pero no había nada que hacer, el suizo no marchaba y Miguel iba super.

Rominger, Zülle, Cacaito Rodríguez, Ugrumov, De Las Cuevas... todos, uno a uno se fueron descolgando de la rueda del navarro, a la que en el paso por la pancarta de 5 kilómetros a meta solo quedaban a su rueda dos Festina, Virenque y Luc Leblanc. 25 segundos separaban en ese punto al trío en el que iba el líder de la general y el corredor que marchaba como cabeza de carrera.

Dieter Senft, situado antes de la pancarta de 4 kilómetros a meta, fue testigo directo de la exhibición que estaba realizando aquel día Indurain. Poco después de encontrase con el diablo alemán, Virenque no pudo seguir el ritmo y se cortó de la rueda del corredor español y de su compatriota francés. La ascensión estaba recordando a los mejores momentos que se habían visto del belga Eddy Merckx, con un ritmo que estaba destrozando a todos y cada uno de los demás corredores. En la pancarta de 4 la desventaja del español era de 20 segundos con respecto al escalador italiano. Las diferencias de Indurain y Rominger no se fueron mostrando en ningún momento por parte de la realización, pero la fortaleza que transmitía Indurain en su pedalada contrastaba con el ritmo cansino del suizo.

Poco antes del último kilómetro de la etapa, Miguel neutralizaba el peligroso ataque de Pantani, al tiempo que Leblanc, que no había gastado un gramo de fuerza intentando hacer algún relevo, lanzaba un poderoso ataque. Ese gesto le molestó muchísimo a Indurain, quien aceleró nuevamente su ritmo,y en apenas medio minuto hizo que se viniera abajo la tentativa del bravo escalador francés. Pantani, al tiempo, que había cogido su rueda, no pudo seguir el ritmo y comenzó a ceder metros.

Un Miguel lleno de rabia había neutralizado rápidamente el ataque de Leblanc, además se colocarse a rueda inicialmente, hasta que pensó en seguir abriendo hueco de cara a la general antes que en la victoria de etapa y se puso otra vez a la carga.

En los últimos metros, entre una niebla que impedía ver siquiera quien atravesaría antes la línea de meta, Leblanc se ponía en cabeza del dueto formado por Miguel. Leblanc sería el primero de los dos en sprintar y la maniobra le salió bien, ya que Indurain se había quedado sin fuerzas para tratar de conseguir la victoria.

Aquel día sólamente Leblanc había sido capaz de seguir la rueda de un Miguel Indurain totalmente desconocido en el Tour, ya que jamás, desde que se vistiera por primera vez de amarillo, había realizado un ataque en montaña como el que ese día pudieron disfrutar los aficionados al ciclismo. El corredor navarro dejó sentenciada la carrera con aquel terrible movimiento en la primera jornada de montaña de la carrera, ya que aventajó en meta al que, a priori, era su máximo rival en la carrera, el suizo Tony Rominger, en casi dos minutos y medio. Miguel iba a salir de Hautacam conservando el maillot amarillo y distanciándose del suizo, siguiente clasificado de la general, en casi cinco minutos de ventaja. Sólo un fantástico Leblanc consiguió evitar que Indurain consiguiese el broche dorado a una jornada perfecta para él.

Clasificación 11ª etapa.
1- Luc Leblanc (Festina) 6 horas 58 minutos 4 segundos
2- Miguel Indurain (Banesto) a 2´´
3- Marco Pantani (Carrera) a 18´´
4- Richard Virenque (Festina) a 56´´
5- Armand de las Cuevas (Castorama) a 58´´
6- Pavel Tonkov (Lampre) a 1´ 26´´
7- Piotr Ugrumov (Gewiss-Ballan) m.t.
8- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 1´ 36´´ 
9- Roberto Conti (Lampre) a 1´ 46´´
10-Laudelino Cubino (Kelme) a 1´ 50´´

Clasificación general
1- Miguel Indurain (Banesto) 51 hora 47 minutos 25 segundos
2- Tony Rominger (Mapei) a 4´ 47´´
3- Armand De las Cuevas (Castorama) a 5´ 36´´
4- Piotr Ugramov (Gewiss-Ballan) a 8´ 32´´
5- Luc Leblanc (Festina) a 8´ 35´´
6- Bjarne Riis (Gewiss-Ballan) a 8´ 59´´
7- Gianluca Bortolami (Mapei) a 9´ 14´´
8- Abraham Olano (Mapei) a 9´ 20´´
9- Thomas Davy (Castorama) a 9´ 46´´
10- Enrico Zaina (Gewiss-Ballan) a 11´ 15´´


Saludos a todos!!

domingo, 14 de julio de 2013

1986. Alta Tensión en el Alpe d´Huez.

Durante la Vuelta a España de 1983, en plena Sierra de Gredos, el que resultaría vencedor de aquella edición, Hinault, se destrozaría la rodilla. Esa lesión hizo que no pudiera acudir al Tour de Francia, del que resultó vencedor quien iba a ser su gregario en aquella edición, el también francés Laurent Fignon. Hinault era la estrella del ciclismo, pues era en aquel momento tetracampeón del Tour, pero acababa de surgir una nueva figura en el pelotón, Fignon, quien además compartía equipo con la estrella.

Ese surgimiento de Fignon, unido a que Hinault quería seguir siendo competitivo y jefe de filas absoluto, supuso que a final de temporada el campeón francés discutiera con el director de su equipo, el genial Cyrille Guimard. Resultante de esa discusión se produjo la ruptura definitiva entre el corredor estrella del equipo, Hinault y el director, Guimard. La emergente figura de Fignon, también tendría que ver en el final de esa relación, pero no sería el motivo más importante, ya que la salud de la rodilla de Hinault, y el  deseo de querer seguir siendo jefe de filas único de este, hicieron que Guimard y el campeón francés optasen por separar sus caminos.

Debido a esa separación y por obra y gracia del empresario Bernard Tapie, una de las figuras más oscuras del deporte en Francia, nació el conjunto La Vie Claire, que, como todo lo que tocaba Tapie, sería un proyecto que se haría a lo grande. Casi de forma inmediata, este nuevo conjunto se convertiría en el equipo más poderoso del ciclismo, con capacidad para fichar a los mejores corredores del mercado. La dirección del equipo sería encargada a Paul Köchli, que realmente no tendría ningún peso en las decisiones, y el corredor estrella del equipo sería el ídolo francés, Hinault, que sería quien realmente tomaría todas las decisiones deportivas, por encima de Köchli. 

La Vie Claire e Hinault se presentaron a la salida del Tour de Francia 1984 con el único objetivo y deseo de hacerse con el triunfo final, y de paso, igualar el bretón los cinco triunfos en la carrera, como Jacques Anquetil y Eddy Merckx. Pero ese Tour no salió como el galo habría deseado y no pudo hacerse con la victoria en la general final, que volvió a caer de nuevo en las manos de Fignon. Hinault intentó de todas las maneras posibles la victoria, pero no solo no consiguió inquietar al corredor parisino, sino que además casi se ve sobrepasado por un joven corredor proveniente de los Estados Unidos, Greg Lemond, compañero de equipo de Fignon. Apenas un minuto separó al segundo y al tercer clasificado.

Hinault quedó asombrado con el corredor estadounidense y decidió ficharlo para su equipo, el cual no tendría ningún problema para afrontar su fichaje. Finalmente Lemond acabó fichando por La Vie Claire a finales de aquella temporada, seducido por el poder del dinero y seguramente también porque veía el ocaso de la carrera del que sería su nuevo jefe de filas, lo que le hacía verse a corto plazo como líder del equipo, mientras que habíendo permanecido en el conjunto Renault hubiera seguido estando a la sombra de Fignon.

Traición del director a Lemond
La temporada 1985 comenzó con la obsesión de Hinault por hacerse con el quinto Tour, el que le igualara con los más grandes de la carrera. Un más que posible candidato a la victoria final, Lemond, había sido eliminado de una hipotética candidatura, debido al fichaje por su equipo, en donde tendría funciones de gregario en el Tour de Francia. Pero quedaba el que ya era el candidato número uno a hacerse con el Tour, merced a sus triunfos en las dos ediciones anteriores.

Hinault podía no haber vuelto a vencer en París, siendo la sombra del talentoso corredor de la melena rubia y las gafas, pero tuvo lo que es conocida como la suerte de los campeones. Durante la temporada 1985, Fignon sufrió una grave lesión de rodilla, muy similar a la que había sufrido el bretón en la Sierra de Gredos dos años atrás. Esa lesión le haría perderse el Tour, y por lo tanto, con Fignon gravemente lesionado y con Lemond en su equipo, Hinault podía volver al cajón más alto del Tour.

El hecho de la lesión del que era su gran rival revitalizó la carrera de Hinault, que se presentó en el Giro de Italia, venciéndolo con relativa comodidad, aunque las diferencias no reflejasen con exactitud su superioridad. El italiano Moser y Lemond le secundarían en el podium.

En el Tour se plantó con unas ganas de victoria como no se le recordaba anteriormente. El posible récord le había provocado un alto grado de ansiedad. Esa ansiedad provocó que a la bronquitis que venía padeciendo desde hacía varias jornadas antes, se le uniese una fractura de su nariz, debido a una caída en la 14ª etapa de la carrera, la que finalizaba en Saint Etienne. Esa fractura le pudo haber costado su quinto y último Tour, de no ser porque su mayor rival era su compañero de equipo, y que a este le engañaron en la etapa clave de la carrera.

Aquel 1985 el Tour iba a estrenar un final inédito en Luz Ardiden, en la 17ª etapa, en la que pasarían previamente por el Col d´Aspin y el Tourmalet. El primer vencedor en el puerto pirenaico sería el corredor del Seat-Orbea, Perico Delgado, quien se impondría por 25 segundos al colombiano Herrera. Pero el interés de la jornada no iba a estar en el triunfo de etapa, sino en la lucha del maillot amarillo, Hinault contra su compañero Lemond, y la traición que desde el coche le hicieron a este último.

Lo que sucedió aquel día fue que el líder de la carrera estaba atravesando graves problemas en la etapa,  y había cedido terreno con respecto a cabeza de carrera, debido a la nariz rota y a que la carrera se le estaba haciendo larga. A pesar de haber cedido terreno, en la general no habría habido ningún problema de no ser por el hecho de que Lemond se encontraba en ese grupo delantero, y la ventaja que estaba cogiendo le colocaba provisionalmente como nuevo líder de la carrera. Ante ello, para solucionar esta papeleta caliente el director del equipo decidió mentir a Lemond, diciéndole que debía pararse a esperar a su líder, que estaba atravesando problemas. "Me dijo que Hinault venía a 45 segundos, pero cuando el primer grupo perseguidor me alcanzó, comprendí que todo era mentira", declararía más adelante el corredor. En todo momento le hizo creer que su compañero marchaba mucho más cerca de lo que realmente marchaba, y en mejores condiciones.

El enfado de Lemond fue terrible y prácticamente llegó a las manos con su compañero de equipo. Hubo que hacer una reunión de emergencia entre ambos corredores y se llegó al acuerdo que comentaría Hinault en París: "Este año Lemond me ha ayudado a ganar el Tour a mí, el año que viene le ayudaré yo a él".

Tensión en La Vie Claire 1986
Con el inicio de la temporada Hinault iría matizando las palabras que había dicho al conseguir su quinto entorchado: "De acuerdo con ayudar a Greg, pero en la medida en que él sepa mostrarse digno del jersey amarillo". La tentación de ganar un sexto Tour, hecho que nadie había logrado hasta ese momento, era demasiado grande para Hinault, quien poseía una ambición insaciable.

La tensión que se fue acumulando en el seno del equipo La Vie Claire era tan grande que al poco de comenzar el Tour, el equipo se rompió en dos bloques, en donde la traición estaba al orden del día. Tal era la tensión y el grado de desconfianza de todos con todos que años más tarde un joven corredor del conjunto francés, Jean François Bernard confirmo que Lemond subía su bicicleta a su habitación, temeroso de que algún miembro del equipo la manipulara.

La primera gran muestra de traición por parte de Hinault con respecto al que en teoría era el jefe de filas, tuvo lugar durante la duodécima etapa, que finalizaba en Pau. Era la primera etapa pirenaica de aquel año, y en ella se impondría Perico Delgado, con Hinault entrando a continuación en meta, aventajando en la etapa a su compañero en más de cuatro mintuos y medio y distanciando a casi cinco y medio en la general, a Lemond. La justificación de Hinault fue que era un movimiento defensivo y que pensaba que su compañero le seguiría fácilmente. Si en aquel momento la tensión se podía observar claramente en el ambiente, al día siguiente podría haberse cortado ya con un cuchillo, debido a que el que era maillot amarillo de la carrera, Hinault, lanzó un nuevo ataque, que puso al pelotón patas arriba. Teniendo que atravesar Tourmalet, Aspin y Pereysourde antes de llegar a Superbagnères, el líder de la carrera lanzó un ataque a la antigua y se distanció del pelotón. Puerto a puerto fue abriendo una considerable distancia con el resto de corredores, con lo que el Tour quedaría visto para sentencia.

Pero la obsesión de Hinault por entrar en los libros de historia le condujo a una pájara en la última ascensión, la de Superbagnères, que aprovechó Lemond, respondiendo de forma contundente al ataque que había lanzado el bretón muchos kilómetros atrás. El norteamericano fue el vencedor de la etapa, y redujo la diferencia con el líder en la clasificación general de casi cinco minutos y medio a apenas cuarenta segundos. El Tour parecía a tiro del estadounidense, pero estaba siendo víctima de una gastroenteritis, e Hinault iba a vender su derrota muy cara.

Desde fuera del equipo nadie entendía nada, pero la prensa disfrutaba enormemente, ya que hacía muchos años que no habían vivido un enfrentamiento así, de dos corredores del mismo equipo. La Vie Claire era noticia día sí, día también. Y si nadie de fuera entendía nada, mucho menos lo hacían desde dentro, en donde tenían que convivir con dos líderes que no se hablaban entre ellos, los cuales tenían la fidelidad de medio equipo cada uno.

Batalla en el Alpe d´Huez
El lunes 21 de julio de 1986 los corredores tendrían que marchar de Briancon a Alpe d´Huez a través de 162,5 kilómetros, ascendiendo entre medias los puertos de Galibier y la Croix de Fer antes de la subida final al Alpe d´Huez. La jornada comenzaba con el nuevo líder, Greg Lemond, el suizo Zimmermann y el compañero del líder, Hinault, situados en menos a menos de 3 minutos en la general. Cuarto sería el escocés Robert Millar y en quinta posición aparecería el español Pedro Delgado, estando estos más alejados en la general.

En la jornada anterior, la que finalizaba en el Granon, Hinault había quedado muy tocado y había cedido un liderato que ya no recuperaría nunca más. En meta se había dejado más de 3 minutos con el nuevo líder de la carrera, y compañero suyo de equipo, Lemond. El bretón alegó en la línea de meta que su rodilla le había dado problemas, aunque eso no significaba que fuera a darse por vencido y retirarse de la carrera.

En la noche anterior a su equipo en el hotel y les había explicado que había que atacar al día siguiente, ya que no podían consentir que Zimmermann estuviese situado en la general entre los dos compañeros de equipo. Eso intraquilizaba al nuevo líder de la carrera, que había visto como, a pesar de la promesa que le hiciera `el Tejón´ el año anterior, este había atacado día sí día también en aquel Tour.

La carrera comenzó con bastante tranquilidad hasta que llegó el pelotón al Galibier. Una vez en el coloso alpino el ritmo del grupo fue aumentando conforme se acercaban a la cima del puerto. El primero en saltar del grupo sería Lucho Herrera, que sería el primero en coronar la cima, seguido por Wintenberg. En el grupo, a cierta distancia de la cabeza de carrera, sufrían los reiterados ataques de un Hinault que había aislado al suizo Zimmermann y había dejado un grupo muy reducido.

La etapa se estaba poniendo muy cara, y en el descenso se pondría más caro aún, cuando, de forma inesperada atacó Hinault. Lemond le vio las orejas al lobo y en plan kamikaze se lanzó para enlazar con el pentacampeón, seguido de su compañero Bauer y de Cabestany. Finalmente enlazarían  con cabeza de carrera antes de afrontar el repecho del Telegraphe (habían subido por la otra vertiente). En dicho repecho Hinault realizaba un nuevo ataque y se fugaría con su fiel compañero Steve Bauer. Si la situación de la carrera hasta ese momento no terminaba de ser corriente, más extraño sería aún cuando en la persecución a Hinault tiraría Cabestany (al que Lemond ofreció dinero) y el propio norteamericano. Por su parte, el segundo de la general, Zimmermann, se había quedado rezagado al iniciarse el descenso.

En el valle de Maurienne se produjo la neutralización de Hinault, y Bauer, se puso en cabeza del cuarteto e impuso un fuerte ritmo, en el que también daba fuertes relevos Cabestany. Por ese orden cederían ambos corredores al comienzo de la Croix de Fer, dejando en solitario al primer y al tercer clasificado de la general. El ritmo lo marcaría ahora, durante casi todo el tiempo, el corredor francés, quien previamente había realizado un nuevo ataque que había quedado en nada. El ritmo era my alto y ambos corredores coronarían juntos el puerto con más de dos minutos de ventaja con respecto a Zimmermann. Dos minutos que pasarían a ser cuatro tras el descenso y el llano que precedía al último puerto del día.

Cuando los corredores que eran cabeza de carrera llegaron a Bourg D´Oisans, Hinault le dijo a Lemond que estuviera tranquilo, que ya no le iba a atacar más, y en un rasgo de soberbia propio de un campeón le dijo que se pusiera a su rueda durante la subida al Alpe d´Huez. El estadounidense relevó poco durante la subida. Ante el público francés, Hinault quedaba como un jefe generoso, que se desgasta en favor de su líder. Ambos llegaron a la línea de meta cogidos de la mano, con Hinault cruzando la meta en primer lugar. El mundo del ciclismo aplaudía lo que parecía, gracias a ese gesto, el fin de las hostilidades entre los dos mejores corredores de la carrera. Pura fachada para salvar la imagen del campeón francés.

Así llegaron a meta y dejaban el Tour sentenciado, con triunfo en la general para Lemond y la victoria en la mítica montaña para el francés. Zimmerman sería el tercero aquel día, pero cediendo en meta su segunda plaza de la general y más de cinco minutos. Aquel día, lamentablemente, Perico Delgado se vio obligado a abandonar la carrera debido al repentino e inesperado fallecimiento de su madre. Un Delgado que al comenzar la etapa era el quinto corredor de la general, situado exactamente a ocho minutos del líder de la carrera.

En las últimas horas de ese día Hinault comentaría que el Tour aún no había acabado, ya que faltaba por disputarse  una contrarreloj y la etapa del Puy de Dôme. Lemond se quedaba perplejo ante esa declaración de intenciones del pentacampeón, a quien ya poco le importaba su promesa del año anterior de ayudar al norteamericano a vencer en aquella edición como agradecimiento a tu trabajo del año anterior.

Finalmente en la etapa del Puy de Dôme Lemond conseguiría aventajar en 52 segundos más a su compañero y rival Hinault, compensando así los 25 (se cayó y tuvo que cambiar de bicicleta) que había cedido el día anterior en la crono de St. Etienne.

Lemond se había hecho con su primer Tour de Francia, no sin haber sudado más de la cuenta frente al que un año atrás consideraba su aliado y quien pensaba que le había traicionado durante toda la que debía haber sido su primera victoria, tal y como habían acordado otrora. El cruce de declaraciones no se hizo esperar y Lemond acusó al francés de sabotaje y de no cumplir su palabra, mientras que Hinault dijo que había cumplido en todo su momento su palabra, ya que todos sus ataques habían sido para que Lemond se quedase sin rivales. Lo que Hinault olvidó es que, de no ser por su desfallecimiento en Superbagnères, sería el quien se habría quedado sin rivales y habría ganado su sexto Tour.

Lamentablemente no pudo haber una tercera parte de este enfrentamiento, ya que al finalizar la temporada, y esta vez sí, cumpliendo lo que había dicho tiempo atrás Hinault, se retiraba. A punto de cumplir 32 años, se retiraba en la élite, demostrando que aún podía haber peleado por algún Tour más, aunque difícilmente lo habría conseguido, ya que las nuevas generaciones, representadas en Lemond y Fignon, ya le habían derrotado en la carretera, a pesar de los vanos intentos del francés por evitarlo.

Clasificación etapa.
1- Bernard Hinault (La Vie Claire) 5 horas 3 minutos 3 segundos
2- Greg Lemond (La Vie Claire) m.t.
3- Urs Zimmermann (Carrera) a 5´ 15´´
4- Reynel Montoya (Postobon) a 6´ 06´´
5- Yvon Madiot (Système U) a 6´ 20´´
6- Andrew Hampsten (La Vie Claire) a 6´ 22´´
7- Ronan Pensec (Peugeot) a 6´ 26´´
8- Samuel Cabrera (Reynolds) a 6´ 34´´
9- Pascal Simon (Peugeot) a 6´ 45´´
10- Álvaro Pino (ZOR) a 6´ 48´´

Clasificación General:
1- Greg Lemond (La Vie Claire) 86 horas 27 minutos 11 segundos
2- Bernard Hinault (La Vie Claire) a 2´ 45´´            
3- Urs Zimmermann (Carrera) a 7´ 41´´ 7min 41sec
4- Andy Hampsten (La Vie Claire) a 16´ 46´´           
5- Ronan Pensec (Peugeot) a 21´ 34´´           
6- Claude Criquielion (Hitachi) a 22´ 27´´           
7- Niki Ruttimann (La Vie Claire) a 22´ 37´´            
8- Robert Millar (Peugeot) a 26´           
9- Steven Rooks (PDM) a 26´ 30´´           
10- Alvaro Pino (ZOR) a 27´ 46´´


Saludos a todos!!

domingo, 7 de julio de 2013

Bernardo Ruiz. Primer podium español del Tour

Bernardo Ruíz Navarrete nació en la población alicantina de Orihuela en 1925, en la calle San Francisco, al pie de la Sierra de La Muela. Bernardo era el cuarto de cinco hermanos, a los cuales su padre les inculcó la honestidad en el trabajo. Bernardo se centró pronto en las tareas agrícolas, trabajando en el campo y repartiendo verduras y frutas.

La historia de Bernardo como ciclista comenzó a labrarse en la modesta empresa en que trabajaba, donde de forma casual encontró abandonada una vieja bicicleta que pesaba casi veinte kilos. La aprovechó para moverse de un lado a otro a diario, y también para trasladar las hortalizas. La bicicleta, aunque pesada y a la costaba hacer avanzar, le servía para hacer cumplir su tarea de una forma mucho más rápida y eficiente. Entre caminos, y repartiendo pedidos se fue forjando como ciclista.

En su pueblo había un taller de bicicletas, rejentado por Juan Iborra, quien había visto pedalear al joven chico por las cuestas del pueblo. Después de ver durante mucho tiempo al joven chico pedaleando por las calles, le ofreció una de sus bicicletas para cuando él quisiera. Le trató de convencer diciéndole que era más moderna que su bicicleta y ese hecho le beneficiaría a la hora de participar en las carreras de la región.

Su afición al ciclismo venía desde siempre, prácticamente, pero se vio en la necesidad de correr para poder ganar dinero, ya que sus ingresos no eran muy elevados en esos difíciles tiempos de posguerra. Tenía 18 años cuando empezó a correr. Para empezar a correr, su hermano Tomás, cuatro años mayor que él, le regaló una bicicleta de gran calidad. Tomás había reunido unos ahorros en concepto de la paga como integrante de la División Azul enviada a la Unión Soviética, de la que fue miembro. De ese dinero que le dieron, destinó una parte a tratar de hacerle la vida más sencilla a su hermano de lo que él la había tenido en la guerra. El precio de la bicicleta fue de 425 pesetas de la época, casi un tesoro, pero confiaba en las posibilidades de su hermano. El tiempo no hizo sino darle la razón en su apuesta. El joven Bernardo empezó a correr en las carreras que tenían lugar en las proximidades de Orihuela: Desamparados, Molins, Callosa, o la propia Orihuela, entre otros lugares. Carreras de barrio, por así decirlo, en las que los corredores no tenían ni licencia para competir, pero que les servía para ganar un dinero que les permitía seguir malviviendo.

La primera participación de cierta entidad en la que participó el alicantino fue en el Circuito de la Ermita de las Angustias, de una distancia de 40 kilómetros. A la salida de la carrera se presentó vistiendo un pantalón corto, una camiseta de futbolista y unos zapatos de día festivo. A pesar de su atuendo, nada le impidió hacerse con la victoria, ante la sorpresa de la mayoría de asistentes. El premio que obtuvo fueron 65 pesetas y un pollo. Esto tuvo lugar en 1943, cuando tenía tan sólo dieciocho años.

Al año siguiente, en 1944 Bernardo se aventuró a correr en una carrera fuera de su provincia. Esa carrera iba a tener lugar en Cartagena y fue con aquella bici que le había regalado su hermano. En previsión de una hipotética mala participación, se puso en contacto con una persona de la zona en donde vivía, llamado `El hojalata´, que también iba a ir a la carrera. Acordaron ambos corredores el ayudarse mutuamente, y en caso de obtener algún premio, lo repartirían a partes iguales entre ambos. Aquella prueba la ganó Ruíz, quien cumplió con su palabra y no dudó en dividir a partes iguales las 300 pesetas que obtuvo por su victoria, regresando ambos triunfantes a Orihuela.

En esa carrera deportiva que estaba llevando a cabo para poder ganarse la vida, en 1944 se inscribió en la Vuelta a Valencia, en el equipo del Frente de Juventudes de Valencia, representando a Alicante. En dicha carrera compitió también con la bicicleta regalada por su hermano. Y mejor suerte no le pudo traer, ya que terminó venciendo de forma expléndida, tanto en la general final como en la clasificación de la montaña. Al año siguiente repetiría victoria, y meses más adelante, a pesar de ser un novato, se haría con la Volta a Cataluña, que por aquel 1945 cumplía sus Bodas de Plata.

Que pudiese participar en la Volta fue gracias a una suscripción popular iniciada en su pueblo y los alrededores por parte de unos paisanos que tenían confianza en su vecino. Se presentó con 350 pesetas en Barcelona, y sin un equipo que pudiera ayudarle. Ante ello Sebastián Masdeu, el primer vencedor de la prueba, en 1911, sintió lástima por él y le regaló un par de tubulares para que se sintiera algo protegido ante las deterioradas carreteras catalanas. El de Orihuela debió defenderse durante toda la prueba por si sólo. Su estrategia para subsistir día a día en la carrera, se fugaba para ganar las primas de mitad de carrera, y de esta forma evitar el volver a casa. Su estrategia no pudo ser mejor, ya que ganó la Volta y las 17.000 pesetas de premio que daban le sirvieron para convertirse en profesional.

Antes de que a los españoles les abrieran las puertas en el extranjero para participar en las pruebas francesas e italianas, Bernardo se impuso en dos ocasiones en el campeonato de España, en 1946 y 1948 (lo conseguiría una tercera vez, en 1951). También consiguió tres victorias de etapa, la general de la montaña y la general final en la octava Vuelta a España. Ya estaba listo para debutar en el calendario europeo.

La internacionalización del ciclismo español
Si bien hubo otros corredores antes que él que representasen a España en el Tour, como fueron Vicente Blanco `El Cojo´, o el verdadero primer español en el Tour, José María Javierre (Joseph Maria Habierre para los franceses), Bernardo Ruíz fue realmente el pionero. Hubo también otros de gran importancia, como Salvador Cardona, Vicente Trueba o Mariano Cañardo, pero fue Ruíz quien abrió realmente las puertas de Europa al ciclismo nacional, que por aquel entonces era un ciclismo muy maltrecho, con escasa capacidad económica y con una ausencia de patrocinadores que recuerda en gran medida a la que se vive hoy en día.

El ciclismo español en este caso no era un oasis con respecto a la situación en que se encontraba el país en el contexto internacional a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, en la que había colaborado con el Eje. Fue por ello que resultó algo sorprendente que para el Tour de Francia de 1949 España consiguiese reunir seis representantes para el equipo nacional. Los seis representantes serían Capó, Langarica, Rodríguez, Sierra, y por supuesto no podían faltar Berrendero y Bernardo Ruíz. No hubo suerte en esa edición y todos los seleccionados abandonaron durante el transcurso de la carrera.

Esa retirada de todos los intengrantes supuso que al siguiente año se optase por no enviar ningún tipo de representación a la carrera francesa. Esa experiencia no terminó de agradar al Régimen, que quería expandirse internacionalmente, para dar una imagen de total normalidad en el país (a pesar del semi-aislamiento internacional), y por ello decidió que para la edición de 1951 el equipo español volvería a tener representación en la carrera gala. La Federación Española de Ciclismo presentó un equipo compuesto por siete corredores, todos ellos deseosos de resarcirse de las malas experiencias pasadas. El equipo estaría compuesto entre otros por Bernardo Ruíz, Manolo Rodríguez, Francisco Massip o Dalmacio Langarica, destacando en su participación el primero de ellos.

Previamente a participar en su segundo Tour, Bernardo tomó parte en la prestigiosa Barcelona-Pamplona tras moto, obtuvo una importante victoria, bajo un escenario dantesco a causa del viento de la zona de los Monegros y la dureza de los 437 kilómetros que tenían que recorrer los corredores. La prueba estaba dividida en dos sectores con parada en Zaragoza. Ignacio Orbaiceta, sería quien conduciría la moto tras la que competiría el corredor alicantino. Se dio la circunstancia de que en varios descensos de la prueba, la moto no tenía más potencia y  Ruíz se veía obligado a contener su pedaleo para esperar a la moto. La victoria fue espectacular, y demostraba que se encontraba en una forma espectacular de cara al Tour de Francia.

En esa  su segunda participación en el Tour el bueno de Bernardo consiguió dos victorias de etapa. La primera llegó en el día grande de Francia, el 14 de julio, en la montañosa etapa que concluía en Brive, mientras que la otra llegó cuando la carrera ya agonizaba, también en otra etapa montañosa, la penúltima, que finalizaba en Aix-les-Bains. Nunca antes ningún español había conseguido dos victorias de etapa en el mismo Tour. Su participación aquel año, al margen de esas dos victorias, fue excepcional, firmando un noveno puesto final que sería un buen presagio de lo que le iba a deparar la carrera al año siguiente. Esa buena participación le haría replantearse su objetivo de cara al próximo Tour, que lo afrontaría con la idea de conseguir la victoria.

El podium en el Tour de 1952
Hacía poco tiempo que había concluido la II Guerra Mundial y Europa se encontraba en plena recuperación económica. En ese difícil contexto en el continente comenzaba un Tour de Francia de 1952, en el que se iban a citar varios de los grandes nombres de la historia del ciclismo. Francia iba a presentar en la línea de salida a corredores de la talla de Geminiani, Robic o Dotto. Italia presentaba a las dos  leyendas vivientes, Gino Bartali y Fausto Coppi, acompañados del tercer gran hombre del país, Fiorenzo Magni. Bélgica, por su parte presentaba a Ockers y nada más y nada menos que a Rik Van Steenbergen. España, por último, presentaría un equipo más mediocre, que estaría liderado por el alicantino Bernardo Ruíz, bien secundado por Antonio Gelabert, Serra Gil, Francisco Massip, Andrés Trobat y José Gil.

La primera etapa fue vencida por el belga Van Steenbergen, quien luciría el maillot amarillo sólamente durante una etapa, tras la que pasaría a alternarse durante las siguientes seis jornadas entre Rosseel y Magni. Una jornada más lo luciría otro italiano, Carrea, antes de que se llegase a la etapa del inédito Alpe D´Huez en donde un excepcional Fausto Coppi sería su primer vencedor en su cima. Esta sería la segunda victoria parcial del corredor italiano en aquella edición, ya que entre medias de esa sucesión de liderazgos, se había impuesto en la séptima etapa, la contrarreloj de Nancy.

Fausto había sacado a relucir su clase en esas jornadas, pero todo ello iba a quedar ensombrecido ante la demostración que iba a hacer a lo largo de la undécima etapa de la carrera, que finalizaba en su país, Italia, en el mítico puerto de Sestrières, y en la que ascenderían puertos como la Croix de Fer, el Lautaret o el Col du Galibier.

88 corredores iban a tomar la salida en la mañana del 6 de julio, camino de Sestrières, con Coppi como líder de la carrera y con un gran número de rivales tratando de hacerle perder tan preciada posición. El primer corredor que decidió plantar batalla aquel día fue Geminiani, quien atacó casi de salida. A su rueda se pegó el español Gelabert. Ambos compañeros de fuga abrieron un hueco respetable con respecto al resto de favoritos, hasta que se produjo un hecho que nadie podía esperar.

A 150 kilómetros para llegar a la meta, y a 4 para coronar la Croix de Fer, el pelotón se ve sorprendido por el ataque que está lanzando el líder de la carrera, quien se marcha en solitario en la búsqueda de los dos fugados. Tarda muy pocos minutos en darles caza y corona el puerto por delante de ambos valientes, pero sabedor de que la aventura era muy arriesgada, decide esperarles durante el descenso. También esperarán al grupo que venía por detrás, y se formará un grupo cabecero de unas quince unidades, entre las que se encontrarían Magni, Bartali y Bernardo Ruíz, aparte del propio Coppi. La carrera se había puesto muy dura.

Todos reagrupados comienzan a ascender el Galibier. Un grupo que a su paso por el Telegraphe se ve reducido de quince a siete unidades; los italianos Coppi y Bartali, los franceses Geminiani y Le Guilly, el belga Ockers y los españoles Gelabert y Ruíz. Camino de la cima del Galibier será cuando se produzca la imagen más famosa del ciclismo, en la que Coppi y Bartali comparten un bidón de agua. Una imagen que abrió un intenso debate, especialmente en Italia, aún no cerrado en muchos lugares, ya que no se sabe quien entregó el bidón a quien, pero que sobre todo refleja la humanidad del ciclista en los momentos de mayor fatiga.

Pocos momentos después de que Carlo Martini tomara esa mítica instantánea, a escasos kilómetros de coronar el Galibier, Coppi volvió a lanzar un ataque, esta vez para marcharse en solitario. Ruíz y Le Guilly fueron los únicos que intentaron seguirle. El descenso del italiano fue excepcional, consiguiendo abrir más hueco con sus perseguidores, que nuevamente habían vuelto a reagruparse. Por delante, Coppi pedaleaba en solitario, por detrás había cinco corredores (Bartali no entraba a los relevos) tratando de reducir la ventaja del líder. Pero podían hacer nada ante la cabalgada del Campeonissimo.

A unos 30 kilómetros de meta, la ventaja del piamontés rondaba los cuatro minutos con respecto al grupo perseguidor. Coppi ya comenzaba a verse como ganador de la etapa, tras una sensacional cabalgada, mientras que por detrás, Robic fue el primero en saltar del grupo, aunque dos pinchazos inoportunos le hicieron perder cualquier opción de llegar delante de sus compañeros en esos últimos kilómetros. Fue el español Ruíz quien tomó el relevo del francés en su ataque, sabedor que sus opciones de pisar el podium de París pasaban por descolgar a sus rivales. Así lo hizo, y tanto Bartali como Ockers quedaron descolgados.

En la meta de Sestrières Coppi llegó protegido por las fuerzas públicas, ante el acoso del público que se había ido agolpando en las cunetas del puerto a lo largo de la jornada. El italiano había entrado, si es que ya no lo estaba, con letras de oro en la historia del Tour de Francia. Tendrían que pasar más de siete minutos y medio para que el siguiente corredor hiciese acto de presencia por la línea de meta. Ese corredor no era otro que Bernardo Ruíz, que había completado una excelente ascensión al puerto, descolgando a sus más directos rivales de la general. Pasarían otros dos minutos y medio más hasta que el siguiente corredor, Ockers, cruzase la línea de meta. Le Guilly sería el siguiente en llegar, con 9 minutos y 56 segundos más que el ganador. Bartali, que sería quinto aquel día, se dejaría más de diez minutos en meta, y con ellos, cualquier opción de pisar el podium final a sus 38 años de edad. Coppi había sentenciado el Tour en un día glorioso de ciclismo, mientras que la lucha por el resto de plazas del podium se encontraba abierta y en donde el ataque de Ruíz resultaría fundamental para salvar el podium al llegar a París.

En aquel Tour de 1952 solo pudo vencerle su muy admirado Fausto Coppi, de quien dijo años después que le consideraba como el mejor y más admirado campeón al que se enfrentó. Segundo final sería el belga Stan Ockers, quien finalizaría a un mundo de Il Campeonissimo, a nada menos que 28 minutos y 17 segundos. El tercero sería aquel joven corredor salido de Orihuela, Bernardo Ruíz, que finalizó a 34 minutos 38 segundos del campeón italiano. Se convertía así en el primer corredor español que finalizaba en el podium del Tour de Francia, en un Tour de locura, inolvidable para el ciclismo, y más concretamente para el ciclismo español. Por detrás de Ruíz finalizaron autenticos corredorazos, como eran Bartali o Robic con menos de un minuto perdido, y otro gran corredor como Magni, que finalizó a tres minutos del español.

Ese fue el Tour de Ruíz, una gran participación la del corredor alicantino, que al igual que sucediera con la del belga Ockers, pasó a un segundo plano ante el excepcional Tour que realizó Coppi y ante la fotografía que le tomaron a este con Bartali y el bidón de agua, que venía a significar la unión de las dos italias, representada por ambos corredores. Tras ese Tour se hizo amigo de Coppi, quien le llevaba en su coche a los critériums hasta que la relación se rompió cuando en Perpiñán chocaron y Fausto se rompió la clavícula.

Recordemos que hasta el podium del de Orihuela de ese año, la mejor clasificación de un español era la conseguida por Salvador Cardona en 1929, cuando finalizó la carrera en cuarta posición, edición en la que también consiguió la primera etapa para el ciclismo español, la novena etapa, que finalizaba en Luchon. Con el premio que le dieron por el podium, unido a y los critériums post-Tour en los que participó, Bernardo acumuló un millón y medio de pesetas. Eso le convirtió en el primer millonario del ciclismo español. Él, un campesino sin recursos que repartía los productos del campo, se había convertido en el primer millonario español de este deporte.

La vida tras el podium y una retirada a lo grande
Después del notable éxito de haber finalizado en el podium de Francia en 1952, al año siguiente no pudo ser partícipe de la carrera. En 1954 sí que volvió a la carrera gala, pero sus prestaciones ya no eran las de años anteriores y se marchó de vacio y en una decepcionante 18ª plaza final. Siguió participando en Francia hasta el año de su retirada, si bien sus actuaciones cada vez fueron siendo más discretas (22º en 1955, 70º en 1956, 24º en 1957 y 55º en 1958).

El calendario internacional ya se escapaba de las posibilidades del alicantino. Tan sólo la victoria de etapa del Giro de Italia de 1955 destacó en aquellos sus últimos años de carrera, siendo también la primera victoria que conseguía el ciclismo español en el Giro. Pero sus prestaciones tanto en el Tour como en el Giro habían decaído notablemente en cuanto a clasificaciones generales y posibilidad de ganar etapas.

Pero el calendario nacional era otra historia. En ese calendario sí que siguió brillando la figura de Bernardo Ruíz, a pesar de encontrarse con la competencia de Bahamontes y Loroño, especialmente, o también la de Gelabert. En esos años cosechó puestos de honor en el campeonato de España (segundos puestos en 1953, 1954 y 1956), además de buenas actuaciones en la Vuelta a Asturias. También consiguió regresar al podium de una grande en 1957, en la Vuelta a España, donde fue tercero, por detrás de Loroño y de Bahamontes.

Pero probablemente su temporada más exitosa, después de su podium del Tour, fue su última temporada en activo, la de 1958, en la que se hizo con varios triunfos de renombre, como el Campeonato de España de Montaña, la Vuelta al Suroeste o el Circuito de Pamplona. Demostraba así que aún a pesar de encontrarse ya en decadencia con respecto a sus mejores años, seguía manteniendo su calidad intacta y todavía podía dar mucha guerra al resto de corredores nacionales. Pero se había cansado de la vida del ciclista, de vivir siempre a la carrera y fuera de su Orihuela natal, a la que siempre anhelaba cuando no se encontraba en ella. Catorce temporadas alejado de su tierra y de su gente, eran muchas temporadas.

Un tiempo después le volvío a entrar el gusanillo del ciclismo y pasó a dirigir equipos. Estuvo cuatro años dirigiendo al mítico Faema, en la división que el equipo tenía en España. Pero también se cansó de ello y decidió que había llegado el momento de establecerse definitivamente su Orihuela, donde sigue viviendo. Allí pasó el resto de sus años trabajando entre motos y bicicletas hasta que pudo jubilarse y disfrutar de todo el tiempo libre para poder pasearse.

A su retirada, nos quedó de `El Pipa´, apodo por su manía de chuparse el dedo, la leyenda de que a diferencia de sus rivales, este jamás pinchaba. Para evitar esos pinchazos, Bernardo tenía su particular secreto, que era inflar los tubulares nuevos, colgarlos como chorizos y dejarlos que se curtieran durante dos años. El material cogía dureza y despedía la gravilla de aquellas carreteras antiguas que tantos pinchazos provocaban. Una leyenda que añadir a un pionero, el primer corredor español que pisó el podium del Tour de Francia.

Saludos a todos!!