martes, 31 de julio de 2012

Ullrich alcanza la gloría olímpica

La temporada 2000 de ciclismo estaba a punto de terminar y lo iba a hacer por todo lo alto, con la disputa de los Juegos Olímpicos de Sydney, durante el mes de septiembre. La prueba en ruta iba a presentarse tras una temporada muy cargada para el pelotón, pero aún así ninguno de los grandes capos quiso perderse la cita olímpica, en busca de una gloria que solo se alcanza cada 4 años.

El circuito elaborado por los australianos para la prueba en ruta de ciclismo en las olimpiadas se encontraría en las afueras de Sydney. Los corredores deberían dar un total de 14 vueltas a los 17.1 kilómetros que diseñaría la organización, para completar un total de 239.4 kilómetros de los que constaría la prueba, que tendría lugar el 27 de septiembre.
 
La primera dificultad del circuito se encontraba nada más atravesar Centennial Park, sobre el kilómetro 5, donde subirían un pequeño repecho de unos 500 metros, de no gran dificultad. La siguiente dificultad estaría en Bronte Beach, con un repecho de poco más de un kilómetro que tendría un 6% de desnivel. Una vez superado el repecho de Bronte Beach se llegaba a la zona de Queen´s Park, ya dentro de la zona de árboles en la que se encontraba la zona de meta. Esta zona era un terreno abrupto, con constane sube-baja que iba a dificultar una posible labor de control de las selecciones nacionales. El circuito finalizaría en un ligero terreno favorable, con una cierta pendiente descendiente, que podría provocar que la carrera se lanzase en los últimos kilómetros de cada vuelta.

La prueba contaría ese día con una participación de lujo. El equipo francés presentaría a Laurent Jalabert, Virenque, o Moreau. El equipo de Estados Unidos contaría con el bicampeón del Tour, Lance Armstrong, y con su gregario de lujo en ambos Tours, George Hincapie. Italia presentaría también un gran cartel, aunque no tenía un líder fijo y tenía un amplio elenco de candidatos, sus corredores serían Bettini, Di Luca, Casagrande, y quien sería su teorico líder, Bartoli. El equipo alemán presentaría dos bazas, como serían Ullrich y Zabel, secundados por dos grandes gregarios, Klöden y Voigt. El equipo suizo también presentaría grandes nombres en la línea de salida, pero sin estar conjuntados, Zülle, Camenzind y Dufaux. Otros nombres, aunque estos de forma individual y sin tener un equipo a sus espaldas serían el ruso Tonkov, el colombiano Botero, el sueco Magnus Bäckstedt o el ucraniano Gonchar.

La representación española estaría encabezada por todo un Campeón del Mundo, Óscar Freire, que se amoldaba perfectamente al tipo de circuito que habían diseñado los australianos, ya que se preveía que hubiera un sprint de grupo, aunque ese grupo estuviese algo seleccionado por la dificultad del circuito. Alrededor de Óscar se habría diseñado un equipo para arroparle por completo durante la prueba. Por lo tanto el equipo sería completado por un hombre rápido como era Miguel Ángel Martín Perdiguero y tres corredores cuyas mayores credenciales eran las de ser unos magníficos rodadores; Juan Carlos Domínguez, Santos González y Abraham Olano, siendo el último de estos tres el capitán del equipo, ya que a sus cualidades de gran rodador sumaba su gran capacidad como vueltómano y el saber desenvolverse perfectamente también en pruebas de un día, como era el caso.
 
Confeccionar este equipo no resultó nada sencillo para España, ya que el país no se caracterizaba precisamente por contar con un gran número de rodadores que se adaptasen al perfil del circuito con ese repecho de Bronte Beach, y los pocos especialistas que tenía el país iban a encontrarse muy cansados a esas alturas de temporada, puesto que esta ya alcanzaba su fin en ese mes de septiembre.

El día 27 de septiembre comenzó lluvioso, pero que antes de que comenzase la carrera el sol ya había hecho acto de aparición, por lo que los corredores poco a poco se fueron despojando de los chubasqueros. La prueba comenzó tranquila, y en los primeros kilómetros se fueron pequeñas fugas sin ninguna importancia de cara a la victoria final. Cuando se había disputado alrededor de media prueba si se formó  una fuga peligrosa de cara a la victoria, formada de una quincena de hombres, entre los que cabe destacar al holandés Van Bon y el francés Virenque. La fuga fue cogiendo ventaja, aunque no contó con la condescendencia del pelotón. Los equipos que no tenían representación en la fuga se pusieron a tirar atrás y no consintieron que la ventaja del grupo de cabeza fuese muy grande, dejándola en torno al minuto en todo momento.

A falta de 3 vueltas para el final de la prueba la distancia entre el grupo cabecero y el pelotón se había visto reducida a apenas 34 segundos. Durante esa vuelta, al pasar por el repecho se produjo un demarraje del corredor polaco Spruch, que fue marcado de cerca por el alemán Klöden, corredores ambos que se encontraban en un grupo cabecero que contaba con apenas unos metros de ventaja con respecto al pelotón. El ataque quedó en nada, pero por detrás en el grupo se vio como el español Olano sufría por mantener el ritmo del grupo. La carrera había sido bastante dura, rodando a una media de casi 45 kilómetros por hora y el calor comenzaba a causar estragos en los corredores. El grupo de fugados ya había quedado en nada y ahora la cabeza de carrera la formaban unos 30 corredores, los más fuertes del día.

Ese grupo hizo su paso por meta algo por delante del pelotón y en las dos últimas vueltas fue abriendo un pequeño hueco con respecto al pelotón, gracias sobre todo a la intensidad de Bettini. El hueco era ya de unos 20 segundos, hasta que a mitad de esa penúltima vuelta se produjo un demarraje de Jan Ullrich, que lanzó con un ataque brutal al que ningún corredor fue capaz de responder inmediatamente. Antes de terminar la vuelta Vinokourov y Klöden a rueda del kazajo haciendo labores de gregario, también saltaron de ese grupo de hombres fuertes. Ullrich decidió que podían ser buena compañía para los últimos 20 kilómetros de la prueba y decidió levantar un poco el pie para esperarlos. Los 3 corredores se pusieron rápidamente de acuerdo, no obstante, eran compañeros de equipo en el entonces llamado Telekom y fueron abriendo hueco con respecto a sus perseguidores. En el último paso por meta el hueco que habían abierto era ya de 42 segundos con respecto a un más que fragmentado grupo perseguidor.

El pelotón pasaba aún con más retraso y en él cundía el caos. Ningún equipo podía o quería hacerse cargo de la situación. Alemania no tenía interés en preparar el sprint a Zabel, sabedores que por delante tenían a dos potentes rodadores, Italia también tenía sus opciones en el grupo delantero, y en España solo quedaba un fundido Olano y un sorprendido Freire, a quien la última vuelta le llegó antes de lo previsto. Esto último fue debido a que se le rompió el cuenta kilómetros de la bicicleta y se equivocó en las vueltas que faltaban para el final, ya que de haber sabido que esa iba a ser la última vuelta, habría permanecido en el grupo que se jugó la victoria, en el que inicialmente se había colado, con los Ullrich, Vinokourov, Bettini o Armstrong y no habría preferido guardar fuerzas buscando refugio en el pelotón.

En la última vuelta ya estaba todo decidido, solo faltaba por dilucidar el orden en el que el trío del Telekom se colgaría las medallas olímpicas. Vinokourov, sabedor de su inferioridad táctica con respecto a los dos alemanes, intentó ponerlos nerviosos en los escasos metros de descenso que había en el circuito, pero no fue suficiente para dejar atrás a sus compañeros de fuga. Los alemanes iba a salir a todos y cada uno de los ataques que hiciera el kazajo y harían de stopper de este en caso de que uno de los dos saltase en busca de la victoria. Y ese alemán que saltó en busca de la victoria fue Ullrich. Lanzó un ataque en los últimos kilómetros que no recibió respuesta y pudo de esta forma marcharse en solitario, abriendo un pequeño hueco con sus compañeros de equipo.

Ese ataque le permitió llegar en solitario a la recta de meta y dedicarse en los últimos metros de la prueba a saborear las mieles de la gloria olímpica, una gloria de la que quizás le habían impedido disfrutar 4 años atrás en Atlanta, cuando era sin duda en ese momento el hombre más fuerte del pelotón. En el sprint por la plata  Vinokourov venció en su duelo a un Klöden completamente agotado, que sería bronce olímpico. Un Vinokourov que aún no sabía que 12 años después llegaría su momento de gloria en unas olimpiadas. Se completaba así un podium histórico, con 3 corredores del mismo equipo, el Telekom, en las 3 plazas del podium. Jan Ullrich sumaría así a sus 26 años completar la terna Tour, Vuelta y Juegos Olímpicos, algo jamás repetido por ningún otro ciclista en la historia.

Por detrás intentaba sin éxito el belga Axel Merckx el cazar al trío cabecero, pero no tuvo éxito en su empresa y finalmente fue engullido por el grupo perseguidor en los últimos metros de la prueba. De ese grupo perseguidor, el primero en cruzar la línea de meta en el sprint fue el italiano Bartoli, seguido por Jalabert y por Hoj, que cruzaron la línea de meta a 1 minuto y 26 del nuevo campeón olímpico. El pelotón hizo su entrada pocos segundos después, 12 concretamente, siendo encabezado una vez más por el alemán Erik Zabel.

El panorama español no pudo ser más desolador prácticamente, puesto que Santos González tuvo problemas en la rodilla al comienzo de la prueba y abandonó, Juan Carlos Domínguez abandonó agotado la prueba, tras trabajar incesantemente durante todo el día y Perdiguero acabó también por los suelos, caída mediante. Solo acabaron la prueba Freire y Olano, acabando ambos en el grupo que lideró Zabel, pero sin llegar a luchar realmente por nada, una vez que ninguno consiguió entrar y mantenerse en la fuga buena del día, la formada a 2 vueltas del final.

Clasificación Ciclismo en Ruta. Sydney 2000
1- Jan Ullrich (ALE) 5:29:08
2- Alexandre Vinokourov (KAZ) 5:29:17
3- Andreas Klöden (ALE) 5:29:20
4- Michele Bartoli (ITA) 5:30:34
5- Laurent Jalabert (FRA) 5:30:34
6- Frank Hoj (DEN) 5:30:34
7- Piotr Wadecki (POL) 5:30:34
8- George Hincapie (USA) 5:30:34
9- Paolo Bettini (ITA) 5:30:34
10- Dmitry Konyshev (RUS) 5:30:34

17- Óscar Freire (ESP) 5:30:46
60- Abraham Olano (ESP) 5:30:46
      Santos González (ESP) retirado
      Miguel Ángel Martín Perdigero (ESP) retirado
      Juan Carlos Dominguez (ESP) retirado

Saludos a todos!!

martes, 24 de julio de 2012

Atlanta 96: el broche de oro de Indurain

Los Juegos Olímpicos supusieron para Miguel Indurain el inicio y el final de su vida deportiva profesional. Participó en las olimpiadas de Los Ángeles 84, aunque no finalizó la prueba de ruta, y 12 años más tarde, convertido en el número 1 del mundo, volvió a repetir experiencia olímpica, curiosamente también en Estados Unidos, en Atlanta 96, alcanzando en esta ocasión la cima en el Olimpo del ciclismo.

Hasta los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, en que sí participaron profesionales, tanto en la prueba en línea como en la prueba contra el reloj, el ciclismo había sido un territorio vetado para los profesionales en las olimpiadas. Es por ese motivo de disputarlas solamente ciclistas amateurs, por lo que cada país inscribía a sus más firmes promesas jovenes. Este era, por tanto, el mejor escaparate posible para esos amateurs participantes, ya que si conseguían brillar durante la prueba, se garantizaban inmediatamente un contrato profesional al concluir los juegos, en una época muy acostumbrada a que en los finales de temporada los jovenes corredores participasen en alguna prueba, para que tuvieran una primera toma de contacto con los corredores profesionales.
 
Y fueron esos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 los que supusieron para Miguel Indurain el dar el salto al profesionalismo, aún a pesar de que no lograse finalizar la prueba en ruta. Sus victorias en el campo amateur no habían pasado desapercibidas para los que serían sus directores, José Miguel Echavarrí y Eusebio Unzué, en la estructura del equipo Reynolds, quienes no dudaron en su contratación. Aunque entonces no lo sabía nadie, se iba a iniciar la trayectoria de uno de los corredores más exitosos de la historia después de esos Juegos Olímpicos.

12 años después, un Miguel Indurain en el ocaso de su dilatada carrera, iba a volver a ser parte de la selección española en unos Juegos Olímpicos, debido a la apertura a la participación en los Juegos a los corredores profesionales. Esto iba a permitir a Miguel participar e intentar poner un broche dorado a su carrera, después del fiasco que había sufrido en el Tour de Francia en el que por primera vez en seis años, había sido derrotado por otro corredor. Su idea era la de retirarse después de intentar obtener una medalla olímpica, aunque luego las circunstancias impidieron que la última imagen que quedase de Indurain fuese la de un corredor victorioso, en el cénit de su carrera, y no la que realmente quedó, la de un corredor derrotado y retirándose camino de los Lagos de Covadonga.

El Tour había finalizado el día 21 de julio y las pruebas ciclistas no iban a comenzar hasta 10 días después, el día 31, con la prueba de ruta y 3 días después la especialidad del navarro, la contrarreloj. Tenía, por lo tanto, Miguel unos días para intentar elevar el nivel que había mostrado en el Tour, donde no había alcanzado el máximo de su rendimiento deportivo.

La prueba en ruta de ciclismo tendría lugar el día 31 de julio, y a dicha prueba presentaría España un equipo compuesto por Miguel Indurain y Abraham Olano, quienes cometirían también en la prueba contra el reloj, a los que se sumarían Manuel Fernández Ginés, Marino Alonso y Melchor Mauri. A priori un equipo de ganarantías, salvo para el sprint.
 
Finalmente el equipo se dejó ver, pero no pudieron alcanzar una medalla, quedándose Mauri con un sexto puesto final. Indurain finalizó en la posición 26ª y Olano en la 67ª. Pero la prueba contrarreloj sería otra historia. En ella los máximos favoritos sí serían los españoles, que iban a competir con muchos de los rivales con los que también habían competido días atrás en la última CRI del Tour. Participarían en esa contrarreloj olímpica gente como Boardman, Rominger, Brochard, Jonker, Zülle o Erik Breunkink, además del flamante ganador del Tour, Bjarne Riis, todos ellos partícipes en esa última CRI. Además se sumaría gente como Bryneel, Jalabert o un joven Lance Armstrong, quienes se habían retirado durante la disputa del Tour, o dos grandes especialistas, como Rich y Peschel (este último a raíz de la incomprensible no selección de Jan Ullrich para las olimpiadas por la cabezonería del seleccionador alemán), que habían preparado en exclusiva el evento olímpico.
 
Esa prueba contra el reloj tendría lugar el 3 de agosto, es decir, 3 días después de la prueba de ruta de la que resultó vencedor el suizo Pascal Richard, y se disputaría sobre el mismo circuito de 13.05 kilómetros en que se había disputado la prueba en ruta; un circuito sin prácticamente ninguna dificultad, muy llano, con amplias carreteras y muchas curvas, por lo que no era del todo favorable a los grandes rodadores del pelotón, aunque había un pequeño repecho a mitad de recorrido que resultaría definitivo. Los corredores deberían dar cuatro vueltas a dicho circuito, para completar una distancia total de 52.20 kilómetros.
 
40 corredores fueron los que tomaron parte aquel día de la prueba, siendo los últimos en tomar la salida los españoles Olano e Indurain (dorsales 2 y 1, respectivamente). Los corredores saldrían en 4 tandas de 10 corredores cada una, y se esperaba a que terminase una tanda completa para comenzar con la siguiente.

De la primera tanda de corredores, fue Dariusz Baranowski (ex Banesto o Liberty) quien marcó un mejor crono, siendo este de una hora, 7 minutos y 8 segundos, aunque parecía poco probable que ese crono fuese importante al terminar la jornada. Por centésimas había sido mejor que el de Rich. Pero es que un tercer corredor, Hen Dekker de la segunda tanda, igualaría también ese crono, aunque situándose el tercero momentáneamente. Con este triple empate finalizarían las dos primeras tandas, aunque se esperaba que todos los grandes favoritos mejorasen dicho crono.

La penúltima tanda estaría compuesta entre otros por gente como Jalabert, Zülle, Jonker, Fondriest o un Lance Armstrong que sería quien cerrase esa tanda. Jonker sí que consiguió mejorar el triple empate, y aventajó a los 3 corredores en 14 segundos. Jalabert hizo aguas aquel día y su crono estuvo muy lejos de los mejores. Otro que parecía que haría aguas ese día, viendo sus cronos intermedios, fue el compañero de la ONCE de Jonker, Zülle, pero este demostró su calidad con una última gran vuelta y consiguió un mejor tiempo momentáneo de 1 hora, 6 minutos y 33 segundos. Pero ese registro fue merendado por Fondriest solo unos instantes después. Un Fondriest que apareció por meta con un crono de 1 hora, 5 minutos y 1 segundos. Sus vueltas fueron las mejores de ese día hasta el momento, realizando unos tiempos de paso de 16 minutos y 12 segundos en la primera vuelta, 16´31´´ en la segunda, 16´12 en la tercera y una mejor vuelta en la última, con 16 minutos y 6 segundos. Ese registro empezaba a poner muy cara la lucha por las medallas. El último corredor de esa tanda, Armstrong, se había acercado a los cronos del italiano en los parciales, pero en meta apenas pudo mejorar en 5 segundos el registro que había marcado el suizo Alex Zülle, situándose segundo provisional.

Y llegaría el turno de la última tanda, una última tanda compuesta por Erik Breukink, Igor Bonciucov, Duván Ramírez (5º y 4º el año anterior en el mundial contrarreloj), Rominger, Riis, Boardman, Berzin, Peschel, Olano e Indurain, por orden de salida.

Los tres primeros corredores de esta tanda, rápidamente se quedarían sin opciones de hacer algo importante, ya que al primer paso por meta ya cederían más de un minuto. El siguiente corredor era Rominger, quien se encontraría cerca de doblar a Ramírez en su primera vuelta, pero lejos del mejor crono del día. El vencedor del Tour, Riis, tampoco iba a mejorar los cronos, y cedería 40 segundos con el primer paso por meta de Fondriest.
 
Pero detrás del danés venía como un Boeing-747 el británico Boardman, con una bici de plato único, aspecto fundamental en el dearrollo posterior de la prueba. Su tiempo en el primer paso mejoraba en 21 segundos el conseguido por Fondriest en esa primera vuelta, marcando un crono desorbitado de 15´51´´. Ni Berzin ni Peschel se iban a acercar siquiera al crono de Fondriest en el primer paso por meta, por lo que habría que descartarlos para cualquier tipo de lucha.
 
Solamente Olano e Indurain, de esa última tanda, pudieron acercarse levemente a ese tiempo magistral que había marcado Boardman, cediendo 17 y 18 segundos y siendo 2º y 3º provisional respectivamente con respecto al tiempo del británico.

En la segunda vuelta, antes del llegar al kilómetro 20, el británico seguía aumentando sus rentas. Con respecto al ya segundo clasificado, Indurain, se mantenían las distancias, siendo la desventaja del navarro de 18 segundos, pero la distancia con Olano ya era de 22 segundos y con Fondriest, que ya había terminado su participación, era ya de 29 segundos. Pero ese repecho del circuito comenzaba a afectar al rendimiento del británico, ya que ese plato único le estaba perjudicando de manera notable.
Con el paso por la mitad del recorrido, se pudo observar como Riis o Rominger no iban a poder pelear por medallas, pero el suizo, a diferencia del danés, estaba mejorando sus tiempos, mientras que Riis fue doblado por Boardman. Al paso por el punto cronometrado, Boardman marcaba un registro de 32´11´´, siendo 32 segundos mejor que el que había permanecido hasta ese momento. Berzin entraría hundido por meta y Peschel tampoco podría amejorar los registros, y en el horizonte del alemán ya se podía distinguir la figura de Olano, quien venía recuperando tiempo y en ese punto intermedio cedía solo 15 segundos con un Boardman que parecía perder fuelle conforme avanzaba la jornada.
 
Pero aún quedaba una última figura por aparecer por ese punto intermedio, la de un Indurain que había incrementado su ritmo y se había acercado peligrosamente al tiempo al mejor crono, puesto que pasó con un retraso de tan solo 3 segundos. Le había recuperado 15 segundos en una segunda gran vuelta del navarro.

La tercera vuelta iba a confirmar lo que la segunda vuelta apuntaba. Boardman iba perdiendo fuelle con respecto a sus grandes rivales de la prueba, mientras que Indurain y Olano habían incrementado su ritmo y se habían acercado peligrosamente a sus registros, dando una sensación de mucha mayor entereza que el británico. El ritmo de Miguel iba in crescendo, mejorando sus tiempos a cada vuelta que pasaba, mientras que el del británico había sufrido un bajón importantísimo con respecto al tiempo de la primera vuelta, por lo que en el repecho ya habían invertido el orden de sus posiciones ambos ciclistas.
 
Al paso por la línea de meta Indurain aventajaba en 12 segundos a Boardman y en 20 a un Abraham Olano que estaba a un paso de doblar a Peschel, dejándole sin opción alguna de medalla e incluso de diploma olímpico. El tiempo de Indurain fue de 48 minutos y 15 segundos. La lucha por las 3 medallas parecía prácticamente decidida en ese kilómetro 39, ya que el cuarto corredor clasificado, Fondriest, se encontraba a 40 segundos del primer tiempo, y no tenía forma de mejorar su tiempo, ya que ya su participación terminó muchos minutos antes.

Con esas diferencias llegaron los corredores a la última vuelta al circuito. Rominger había mejorado sus registros y eso le iba a permitir ser el 5º tiempo final en meta, acabando a más de un minuto de Fondriest, pero mejorando los registros del corredor local, Armstrong. Ni Riis ni Breukink iban a pelear por nada, terminando a casi 4 minutos el primero y a 4 y medio el segundo de ellos.
 
Boardman, por su parte, se había equivocado al no poner un plato pequeño en su bicicleta, y eso lo había pagado gastando unas fuerzas que no solo le estaban costando el oro, sino que le estaban dificultando mucho el poder hacerse con la plata. Su tiempo en meta iba a ser de 1 hora 4 minutos y 36 segundos, habíendo realizado en esa última vuelta su segundo mejor crono, pero muy lejos del tiempo de su primera vuelta. Iba a mejorar en 25 segundos el que era el mejor tiempo hasta ese momento en meta, el de Fondriest.
 
El siguiente corredor en hacer acto de aparición por meta debería haber sido Berzin, pero este, al igual que Peschel, había sido doblado por Olano, cobrándose este su pequeña venganza por no haberse podido vestir de amarillo en el pasado Tour, y sería así el español quien llegaría antes a meta. Olano estaba volando, realizando una vuelta brutal, la mejor vuelta que se vio aquel día en toda la contrarreloj. En la recta Olano voló, para establecer un mejor tiempo de 1 hora, 4 minutos y 17 segundos. Su vuelta había sido brutal, de 15 minutos y 42 segundos, nada menos que 27 segundos mejor que el tiempo de la última vuelta de Boardman, que había visto como su renta se había esfumado y le había dejado sin el oro provisional.
 
Pero aún quedaba un último corredor por hacer su entrada en meta, habida cuenta que ni Berzin ni Peschel contaba para ninguna quiniela. Ese corredor que aún faltaba por finalizar era Indurain. Un Miguel que se había guardado un pequeño punto para realizar un fuerte final y poder obtener así el oro. Realizó su mejor vuelta, aunque fue 8 segundos peor que el tiempo realizado por Olano, pero la renta que había acumulado en las vueltas anteriores fue suficiente para culminar su carrera deportiva.

Indurain paró el crono en una hora, 4 minutos y 5 segundos, siendo 12 segundos mejor que el marcado por Olano y 31 mejor que el de Boardman. Solo Fondriest consiguió finalizar a menos de 2 minutos del oro. Con este oro olímpico Miguel Indurain ponía el punto final a su carrera deportiva, cerrando el círculo que abrió 12 años antes en Los Ángeles. Culminaba su exitosa carrera y ponía un broche dorado a la carrera más exitosa de un ciclista español.

Clasificación CRI. Atlanta 96
1- Miguel Indurain (ESP) 1:04:05
2- Abraham Olano (ESP) 1:04:17
3- Chris Boardman (GBR) 1:04:36
4- Murizio Fondriest (ITA) 1:05:01
5- Tony Rominger (SUI) 1:06:05
6- Lance Armstrong (USA) 1:06:28
7- Alex Zülle (SUI) 1:06:33
8- Patrick Jonker (AUS) 1:06:54
9- Dariusz Baranowski (POL) 1:07:08
10- Michal Rich (ALE) 1:07:08
Saludos a todos!!

martes, 17 de julio de 2012

La predicción sobre la muerte de Anquetil

"Raymond, vas a volver a ser segundo". La leyenda ha transmitido que esta frase fue la última pronunciada por Jacques Anquetil, llamada telefónica mediante, a un Raymond Poulidor que vería como Anquetil volvería, por última vez, a cruzar una línea de meta antes de que él lo hiciera. En esta ocasión, la línea de meta sería una metáfora de la muerte.

El 18 de noviembre de 1987 moría el primer ganador de 5 ediciones del Tour de Francia, el francés Jacques Anquetil, derrotado en su lucha contra el cáncer. Moría cerca de cumplir los 54 años, y lo iba a hacer como siempre había vivido, con ironía. Pocas horas, o quizás días antes de morir, se supone que dirigió esas palabras a su gran rival en la carretera, Raymond Poulidor, Pou Pou, y a continuación hablaría con quien fuera su primer mentor, André Boucher, también considerado por Maître Jacques como un segundo padre. A André le diría que si recordaba cuando le dijo que jamás moriría de un cáncer. Supuestamente André le diría que sí lo recordaba, a lo que Anquetil le respondió que siempre había tenido razón, que iba a morir de dos.
 
Pues bien, pudo haber sido, la historia es así de caprichosa, que Anquetil jamás hubiese tenido ninguna de estas dos conversaciones si el mago Bellini hubiera acertado en la predicción que realizó unos días antes de comenzar el Tour de Francia de 1964.

El misterioso y extravagante mago Bellini fue un personaje de cierto nombre y popularidad en la Francia de finales de los años 50. Esa popularidad se debía a las predicciones deportivas que realizazó en las páginas del periódico L'Équipe entre los años 1956 y 1958. Tuvo algún que otro acierto importante en sus predicciones, pero a finales de 1958 Jacques Goddet, el director del periódico, se cansaría del mago, ya que solía acumular muchos más errores que aciertos en sus predicciones. Su nombre fue perdiendo fuerza durante los siguientes años, pero para 1964 volvió a encontrar un hueco en la actualidad de los periódicos franceses, siendo contratado por el periódico France Soir, uno de los de mayor tirada en el país. Y fue en ese periódico donde ese supuesto mago realizó una predicción sobre algo terrible que ocurriría durante la disputa del Tour de Francia de ese 1964. El mago predijo que un corredor cuyo apellido comenzaba por la letra A moriría durante la disputa de la 14ª etapa de la carrera, en el descenso de uno de los puertos de la etapa que finalizaría en Toulouse. Inmediatamente la gente pensó que ese corredor cuyo apellido empezaba por A no podía ser otro que Jacques Anquetil, aunque otras fuentes afirman que directamente el mago nombró como víctima de aquella etapa a Anquetil.

La noticia llegó a Anquetil sin hacerse mucho de esperar, ya que se trataba de un periódico de gran tirada. Un Anquetil que era, según relató su mujer Janine, extremadamente supersticioso. Esa noticia descompuso al, por aquel entonces, tetracampeón de la Grande Bouclé. Le hundió psicológicamente. El director del equipo de Jacques, Raphael Geminiani, tuvo una reacción bien diferente, ya que su única intención fue la de buscar al mago y partirle la cabeza. Se supone que, si realmente llegó a buscarle, jamás le encontró, por lo que no pudo cumplir sus amenazas, aunque a raíz de esa predicción, no se volvió a saber más sobre el mago en los medios de comunicación del país galo.
 
Pero Anquetil, a pesar de la predicción tomo parte de la salida del Tour el 22 de junio, probablemente obligado por su director y por su mujer. Las primeras etapas fueron relativamente cómodas para Jacques, ya que fueron una sucesión de sprints. Pero Jacques no era el de siempre. No rodaba a su nivel habitual, y su baja motivación no solo estaba ya afectando a Anquetil, sino que también comenzó a afectar ya a su compañero de habitación, Stablinski. No podía parar de pensar en la predicción sobre esa caída que resultaría mortal para él, se encontraba más nervioso, se mostraba totalmente alicaído, y cada vez más irritable al tiempo que llegó a obesionarse con ese día cada noche en el hotel, perdiendo incluso hasta el sueño. Y la situación no mejoraba cuando a Jacques le llegaron varias cartas anónimas en las que le recordaban esa predicción, cartas en las que también adjuntaban comentarios poco agradables hacia su persona. Anquetil había alcanzado tal grado de esquizofrenia ante la predicción de la caída que decía a sus compañeros, y especialmente a su director que no quería morir sobre la bicicleta, que quería abandonar la carrera. Pero no le permitieron abandonar.

Se iba acercando la fatídica etapa número 14, y Anquetil no mejoraba en el aspecto psicológico, aunque estaba cerca del líder de la clasificación general, y eso que aún no había mostrado su mejor ciclismo en ese Tour.
 
Julio Jiménez vencía en la etapa número 13, la del 3 de julio, y en la jornada siguiente habría una jornada de descanso, la cual se le haría eterna al hombre que dominaba al cronómetro. No quiso salir a rodar, como suele hacerse habitualmente en la actualidad en esas jornadas de descanso, aunque en aquella época era más normal el no salir. Anquetil decide encerrarse a cal y canto en su habitación, con la única compañía de su pareja, Janine, a quien había mandado llamar Geminiani días antes, para ver si conseguía levantar el ánimo a su corredor. Este hecho era algo completamente insólito, y rompía con las puritanas costumbres del ciclismo de la época, el llevar a una mujer a la habitación de un corredor. Aunque su presencia calmó algo al corredor, no hay forma de hacerle levantar el ánimo a Jacques.
 
A lo largo del día, tanto Geminiani como Jeanine, que habían estado intentando entretenerle, consiguen convencer a Anquetil para salir a tomar algo de aire fresco. Jacques accede y los tres montan en un vehículo en el que van hasta las instalaciones de Radio Andorra, que se encuentra en el Col de Envalira. Allí, los miembros de la radio y del Tour habían organizado un banquete en honor al campeón francés, probablmente siendo todo promovido por Geminiani, conocedor del gusto del campeón por los banquetes y la bebida. Acudieron para conseguir que se despejara un poco Jacques y los medios aprovecharon para fotografiarle simulando un mordisco a un cordero, pero la realidad es que aquel día Anquetil no probó bocado, en contra de la comilona que se dice que realizó ese día. La foto con el cordero la hizo únicamente para complacer a los medios asistentes al banquete, ya que aunque en el equipo conocían su estado de ánimo, de cara al exterior era todo fachada y no se había filtrado nada acerca de su preocupación.
 
Finalmente Anquetil toma la salida en la supuesta fatídica fecha de la 14ª etapa de la carrera, el 5 de julio, la que unía Andorra y Toulouse. La carrera comienza lanzada, con ataques desde el primer minuto de competición. El Col de Envalira se subía al poco de comenzar la etapa, y su cima estaba premiada por la organización para quien consiguiese coronar en primer lugar. Pero es en el Col donde se da la primera sorpresa de la jornada. En sus primeras rampas se puede ver como se descuelga el corredor que porta el dorsal número 1 de la competición, Jacques Anquetil, quien es incapaz de seguir el ritmo del pelotón. La debacle estaba asomando en el horizonte del corredor normando y de todo su equipo, pues la crisis que estaba sufriendo parecía insuperable, y todos los días de preocupación por la predicción se estaban cobrando su factura. Germiniani decide que Rostollan se quede con el líder del equipo, para intentar que no se hunda y que pueda salvar la etapa. Poco a poco el pelotón va distanciandose más y más, lo que unido a la densa niebla que domina en los últimos kilómetros del Col, hacen que Anquetil no vea a ningún corredor por delante, salvo a su compañero de equipo. Anquetil se ha mostrado débil como nunca antes lo hizo, y el restraso que acumula entre la densa niebla de la cima del Col de Envalira es de unos 5 minutos y 40 segundos con respecto al pelotón integrado por los primeros clasificados de la general.

Hasta ahí había aguantado la paciencia y las dudas de su director, Germiniani, quien desde el coche se acerca a su pupilo y a voz en grito le dice “¡Jacques, si tienes que morir, te lo suplico: hazlo en cabeza, no delante del coche escoba!”. Esos gritos hacen que Anquetil se sacuda la cabeza, le saca una sonrisa y le responda: “Tienes razón, ¡que pase lo que tenga que pasar!". Anquetil se muestra desde ese momento decidido a afrontar un descenso con intención de alcanzar a ese pelotón del que kilómetros antes se había descolgado, siguiendo las luces rojas de los coches. Afronta un descenso en el que la expresión de bajar a tumba abierta no podía tener un mejor significado, puesto que la niebla hacía prácticamente imposible la visión unos metros por delante. Muchos de los corredores que fueron adelantados durante el descenso pensaron que este era el momento que había vaticinado Bellini, y que no volverían a ver con vida al corredor. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Anquetil estaba realizando un descenso de los que pocas veces se han visto y ningún corredor es capaz de seguir su rueda, aún cuando la niebla ya había quedado atrás. El propio coche de su director también estaba teniendo esos mismos problemas para poder seguirle.
 
Una vez concluido el descenso llega el llano, y prosigue la persecución a la cabeza de carrera. Alcanza a Edward Sels, con quien colabora durante varios kilómetros. Juntos llegan al grupo del líder de la carrera, Georges Groussard, quien se encontraba descolgado del grupo de favoritos, debido a un pinchazo. Durante unos 30 kilómetros prosigue una persecución conjunta con Sel, Groussards y los gregarios de este, hasta que Poulidor, Bahamontes, Julio Jiménez y demás favoritos son alcanzados por ellos. Había obrado un milagro, de tener perdido el Tour, había pasado a volver a entrar en el grupo de los favoritos de la carrera. Pero su suerte no iba a terminar ahí, sino que al poco de enlazar, Poulidor sufría un pinchazo en una de sus ruedas, y como los coches de los equipos habían quedado muy rezagados durante la etapa. Pou Pou no puede cambiar la rueda rápidamente, cediendo más de dos minutos hasta que consigue hacerlo, y una vez que lo ha conseguido, el auxiliar que le había ayudado le tira al suelo al intentar lanzarlo. La mala suerte se había cebado con el favorito de la afición francesa.

En la línea de meta Sels pudo conseguir su tercera victoria de etapa en aquel Tour, merced a su colaboración con Anquetil. Este último, además, había aventajado en 3 minutos y 20 segundos a un Poulidor víctima de la mala suerte en ese final de la etapa y sus opciones de conseguir su quinta victoria en la carrera francesa se había multiplicado desde el momento en que dejó atrás los miedos por una estúpida predicción que había estado a punto de costarle mucho. No solo la carrera, el Tour, sino que también la salud, puesto que perdió el apetito y no era capaz de conciliar el sueño.

La prensa al día siguiente publicó la comilona del día 4 de julio en la que había estado presente Anquetil, y dijeron que esta se le había indigestado en el Col de Envalira, pero que tuvo una reacción de campeón. Pero la publicación de un libro de Raphael Geminiani acerca de aquel Tour años después sacó a la luz la verdadera historia del mago Bellini, el falso atracón y la pájara de Anquetil, y la reacción que este tuvo para no perder aquel Tour que le haría entrar en la leyenda, siendo el primer pentacampeón de la carrera de la historia.
Saludos a todos!!

martes, 10 de julio de 2012

Dieter Senft, el diablo del ciclismo

Hace apenas unos días se dio a conocer, dentro del mundo del ciclismo, que Dieter Senft, "el Diablo del Tour" quizás el aficionado más fiel al ciclismo en las últimas décadas, que casi con total certeza no estaría presente en las carreteras de Francia, haciendo su habitual y particular seguimiento de la ronda gala. Esto se debía a que por un problema personal había tenido que pasar por el hospital, y ahí le habían recomendado reposo absoluto durante el verano, lo que, en un principio, le debería imposibilitar el acudir a la edición de este año del Tour.

Dieter Senft es un alemán nacido en Storkow, un pueblo próximo a Berlin, en plena postguerra alemana, concretamente un 7 de febrero de 1952. Dieter es un inventor y diseñador, entre otras cosas, de bicicletas, conocido por sus amigos como Didi. Pero por ninguna de esas cosas es mundialmente conocido en el ciclismo. Él es conocido en el mundo del ciclismo por ser uno de los grandes animadores de las cunetas en las Grandes Vueltas por etapas, especialmente en el Giro de Italia y en el Tour de Francia. No obstante, su presencia no es exclusiva de esas carreras, ya que también se le ha podido ver en alguna que otra ocasión en la Vuelta a Alemania o en la Vuelta a Suiza. En todas esas cunetas aparece siempre disfrazado de manera que pueda distinguírsele del resto de los aficionados que se encuentren en los puertos, y es que el bueno de Dieter se disfraza, año tras año, de diablo, acompañado siempre por un tridente decorado para cada ocasión.

En sus años de joven, Dieter vivía en Alemania del Este, y ahí fue un ciclista que llegó a competir en algunas carreras en ese lado del Telón de Acero, teniendo como sueño el de la práctica totalidad de los amantes del ciclismo de ese lado del Muro, el participar en la Carrera de la Paz, pero no llegó a cosechar gran éxito como ciclista, por lo que optó por dedicarse a diseñar modelos de bicicleta para el país. Todo esto tuvo lugar en los años 70 y comienzos de la década de los 80, momento en el que también comenzó a diseñar modelos de bicicletas poco corrientes.
 
Pero ni por su vida deportiva ni por su peculiar forma de diseñar bicicletas es conocido Didier Senft para el mundo del ciclismo más ocasional. Y es que Dieter saltó a la fama a mediados de los 90 por su particular forma de aparecer en las cunetas de las carreras ciclistas más importantes, disfrazado de diablo y portando siempre un tridente, el cual decora especialmente para cada carrera.
Parece ser que todo comenzó en el año 1993, cuando en la 15ª etapa de la carrera, una etapa que finalizaba en Andorra y de la que resultó vencedor Oliverio Rincón, en los últimos kilómetros de la misma las cámaras de televisón no pudieron evitar captar la figura de un extraño personaje, un personaje que iba disfrazado de diablo y que se dedicaba a animar a los ciclistas, pero sin llegar a molestarlos, puesto que Dieter sentía y sigue sintiendo un gran respeto por la figura del ciclista, como competidor que fue en sus años de joven.
 
Un peculiar tipo que hacía su acto de aparición en 1993 vestido de diablo, justo el momento en el que comenzaba el declive del verdadero diablo, Claudio Chiappucci, por quien Dieter sentía una verdadera admiración por su forma de comportarse sobre la bicicleta, siendo siempre ofensivo. Esta vestimenta de Dieter fue elegida en honor al corredor italiano, además de por una expresión que tenían los comentarias de Alemania del Este, cuando este era pequeño y seguía las retransmisiones por radio o televisión. En esa expresión, los comentaristas hacían alusión a un diablo rojo cuando se referían a las últimas rampas de un puerto en las etapas montañosas. Y como Dieter jamás vio a ninguno de esos diablos a los que hacían referencia los comentaristas de Alemania Oriental, optó por disfrazarse de esa distinguida forma.

Ditier comenzó a ser buscado por los objetivos de las cámaras de cada carrera desde aquella su primera aparición en 1993, algo que no tendrían muy dificil, porque siempre acompañó a las grandes carreras durante su recorrido desde quel momento. Su estilo siempre era el mismo; disfraz de diablo de color rojo cubierto por una capa negra, tridente, su inconfundible barba blanca, y por supuesto, su famoso remolque con una bicicleta gigante. Suele situarse en los últimos 25 kilómetros de la etapa, si esta es llana, y si es montañosa, en los últimos 5-10 kilómetros del puerto, ya que no le gusta situarse nunca en el último kilómetro (tal y como dice la expresión de la que viene su idea de vestir así), según dice, por el peligro que puede entrañar su presencia para los ciclistas en ese último kilómetro.
Sus apariciones en el Tour no han cesado desde aquel 1993, pero también lleva apareciendo en el Giro d´Italia desde 1996. Su figura también se ha dejado ver en alguna Vuelta a España, Campeonato del Mundo o también en Juegos Olímpicos, aunque ahí su presencia no adquiere las cotas de importancia, ni tiene la misma regularidad que la del Giro o la del Tour.
 
A la caravana que le acompaña siempre en su seguimiento a cada carrera, junto a su particular bicicleta gigante, nunca le falta tampoco unos 50 litros de pintura blanca para dejar mensajes en el asfalto, mensajes que no tienen porque ser el nombre de ningún ciclista en concreto, sino que también pueden ser a favor de un ciclismo limpio.

Su fama ha llegado a alcanzar límites insospechados, teniendo actualmente patrocinadores personales, los cuales le han permitido pagar sus múltiples viajes por toda Europa, siguiendo cada carrera que puede. Y  es que a Dieter le buscan todo tipo de aficionados, para hacerse unas fotos con él, grabarle en algún video o conseguir su autógrafo, por lo que para el patrocinador es un gran producto. El diablo, por supuesto, siempre acompaña cada uno de estos actos con una enorme sonrisa, que le hace, aún más si cabe, ser más admirado entre los amantes del deporte, aficionados o ciclistas profesionales.
 
Aunque es un gran amante del ciclismo, y viste siempre como el diablo, Dieter no se caracteriza por sus dotes de adivino, porque ya hace algún año que pronosticó que un compatriota suyo, Patrik Sinkewitz sería ganador del Tour de Francia, mientras todavía competía bajo los colores del potente conjunto T-Mobile, circunstancia que no parece que vaya a poder cumplirse.
 
Pero Didi no es en exclusiva un seguidor de ciclismo, sino que también siente pasión por el mundo del futbol, y ha sido visto también en Mundiales o Eurocopas, apareciendo por primera vez con su peculiar vestimenta en el Mundial de Estados Unidos de 1994, siendo visto por última vez hace tan solo unos días, durante la disputa de la Eurocopa de Polonia y Ucrania, antes de acudir al hospital por su problema, del que los aficionados al ciclismo esperemos que se recupere plenamente y a la mayor brevedad posible.

Desde hace varios años, Dieter dirige un museo de bicicletas en su localidad natal, Storkow, en el que se encuentran expuestas más de 120 modelos diferentes, todos ellos de exhibición. Entre esa particular colección se encuentra el mayor tándem del mundo, que mide unos 6 metros de longitud, o la bicicleta más grande, que mide casi 8 metros de largo y 4 de alto. Todos estas creaciones de Didi, por supuesto, tienen su hueco en el Libro Guinnes de los Records.
 
Por supuesto, a pesar de su trabajo, no falla en sus diversas citas anuales con el ciclismo. Y es que desde hace muchos años su figura se ha hecho indispensable en las cunetas, llegando a eclipsar en ocasiones a la propia carrera a la que acude, siempre que estas no sean el Tour o el Giro.


Saludos a todos!

martes, 3 de julio de 2012

Tour 95, Indurain sorprende a sus rivales en Lieja

Las victorias en los diferentes Tours y Giros de Miguel Indurain solía basarse en la superioridad que mostraba este en la lucha contra el reloj, en las que alejaba a sus rivales a un mundo y luego solía mantener, cuando no aumentar, esas rentas en la montaña. Es por eso por lo que el ataque más sorprendente de su carrera se produjo en Lieja, ya que nadie esperaba que en una etapa que no era ni de alta montaña ni contrarreloj, Miguel lanzase un ataque que resultaría demoledor para alguno de sus rivales.
El Tour de Francia de 1995 estaba siendo una carrera bastante loca, fuera de los parámetros normales de control en los que se solía desarrollar la carrera. La etapa prólogo se desarrolló bajo una lluvia que impidió que los favoritos optasen a lucir el maillot amarillo aquel día. Jacky Durand fue quien marcó el mejor tiempo del día y tuvo el honor de poder llevar dicha prenda amarilla durante dos jornadas. Laurent Jalabert le arrebató esa prenda gracias a las bonificaciones, y lo hacía en la etapa que terminaba en Vitré, justo cuando se cumplía un año de su terrible caída en Armentieres.
 
Pero no duró mucho el maillot en su espalda, ya que en la tercera etapa iba a tener lugar una contrarreloj por equipos en la que el conjunto Gewiss-Ballan se iba a lucir e iba a marcar el mejor tiempo del día, siendo la ONCE el segundo clasificado, pero no pudiendo mantener la prenda de su jefe de filas, que fue a parar a las espaldas de Ivan Gotti. También durante 2 días pudo lucir la codiciada prenda amarilla, hasta que en la etapa de Charleroi su compañero de equipo, Bjarne Riis, gracias a las bonificaciones se lo arrebató.
 
Con ese caos en la carrera, sin estabilidad en el portador del amarillo, la carrera viajaría fuera de territorio francés, llegando al territorio vecino de Bélgica. Por segundo día consecutivo la carrera tendría lugar en tierras belgas. Concretamente en esa segunda etapa por tierras belgas, la séptima de la carrera, se unirían las localidades de Charleroi y Lieja.
En esa etapa con final en Lieja hubo una lucha constante entre los favoritos, especialmente en las 3 últimas cotas puntuables del día (de un total de 10 puntuables). Esa constante disputa venía propiciada por esa alternancia en el liderazgo de la carrera, ya que Jalabert, gracias a las bonificaciones de los Sprints, se había quedado a solo 6 segundos del líder, Riis. Fue precisamente el francés quien lanzó un ataque en la antepenúltima cota del día, la de Haute Levee, buscando distanciarse del grupo de favoritos, antes de llegar al Sprint Especial de Theux.
 
A rueda de Jalabert salieron Dufaux, Armstrong y un gregario de Indurain, González Arrieta, cumpliendo una función de vigilar el movimiento. Pero a Indurain no le tuvo que gustar el movimiento y el grupo que se estaba formando con Jalabert, por lo que decidió responder en primera persona y alcanzó ese peligroso grupo, poniéndose en cabeza del mismo, neutralizándolo y tomando nota de lo sucedido, de cara a un futuro próximo.
Una vez que Indurain neutralizó el peligroso movimiento, las cosas se apaciguaron y se vivió una ligera calma hasta que se reorganizó el pelotón, de cara a ese Sprint Especial de Theux, que se encontraba a poco menos de 30 kilómetros de meta. En el Sprint se impuso Jalabert, secundado por el gran sprinter uzbeco Djamolidine Abdoujaparov, siendo tercero el líder Riis, con lo que gracias a las bonificaciones el francés se situaba como líder provisional de la carrera, a la espera de lo que sucediera durante el resto de la etapa.
 
Se vivía una calma tensa en el pelotón, con un pequeño parón incluido, antes de afrontar la subida a la penúltipa cota puntuable del día, la de Mont Theux, al poco de salir de Theux, hasta que al poco de atravesar el Sprint se formó un pequeño grupo de escapados, aprovechando el acelerón de Bruno Thibout. Entre los componentes de ese grupo se encontraba gente como Eric Boyer, Bo Hamburger, Lelli, de nuevo González Arrieta, Lance Armstrong y Johan Bruyneel, que quien sabe si fue en esos momentos donde hicieron las buenas migas que luego desembocarían en los grandes éxitos que alcanzaron juntos en el futuro. Era una fuga que favorecía a la ONCE, ya que Bruyneel era el corredor mejor colocado de esos fugados, por lo que consintieron el movimiento.
Y fue en ese momento, a 25 kilómetros de meta fue cuando se produjo un hecho que nadie esperaba en el pelotón. Indurain se ponía al frente del pelotón y dejaba cortado al resto del grupo, ante el estupor de todos los presentes, entre ellos gente tan importante Zülle, Berzin, Riis o Jalabert. Ese ataque de Indurain era un hecho inesperado, ya que todo el mundo intentaba guardar fuerzas para la durísima contrarreloj que iba a tener lugar al día siguiente.
 
Indurain abrió de patas a todos los jefes de fila, que habían intentado salir a por él, y en un momento alcanzó al grupo cabecero, antes de alcanzar la cima de esa penúltima cota. Una vez alcanzada la cima y la cabeza de carrera se puso a tirar del grupo, dejando el mismo reducido a solo 3 unidades; el propio Indurain, Johan Bruyneel y un siempre incómodo Eric Boyer. Por detrás de ese grupo, Jalabert intentaba neutralizar al grupo cabecero y no se dedicaba guardar fuerzas de cara al día siguiente buscando refugio en un más que confuso y hecho trizas pelotón. En los restos de lo que kilómetros antes había sido un pelotón, todo el mundo miraba a todo el mundo, pero nadie se ponía al frente a tirar. Manolo Saiz lo tuvo claro, él tenía a un corredor en el grupo cabecero y Jalabert era el líder provisional de la carrera y aventajaba en unos metros a este pelotón, por lo que decidió que sus hombres no iban a tirar del pelotón. Le iba a dejar la papeleta a los Gewiss, los Mapei o los Mercatone Uno de Cipollini.
Poco después se afrontaba la última subida puntuable del día, la cota de 4ª categoría de Forges. En esa subida por fin alguien se dignó a dar algún relevo a Miguel. Ese alguien fue Eric Boyer, pero no pudo hacerlo durante mucho tiempo, ya que en la parte más dura de esa cota se quedó cortado, dejando por tanto un dueto cabecero formado por Indurain y Bruyneel. Ambos coronaron la cota y 50 segundos más tarde hizo lo propio un pelotón que estaba siendo comandado por el propio líder, Bjarne Riis, y que ya había neutralizado a Jalabert. En esos momentos ya era Bruyneel el líder provisional de la carrera e Indurain era el segundo de la misma, un detalle muy importante de cara a la contrarreloj del día siguiente y por el que probablemente Miguel Indurain se habría movido, aparte de para hacer daño a sus rivales.
 
Desde ese momento, a 15 kilómetros de meta, la carrera se convirtió en un duelo entre Indurain y un pelotón en el que ya tiraba todo el mundo, porque la ONCE, una vez neutralizado Jalabert se decidió a tirar también del pelotón. Era un duelo de Indurain contra el mundo, porque Bruyneel, cumpliendo órdenes de equipo, no iba a darle ni un solo relevo al navarro hasta que llegasen a la recta de meta.
En ese mano a mano entre Indurain y el pelotón, este último no conseguían reducir la distancia que les separaba de cabeza de carrera y los kilómetros para poder recortar la distancia se acababan. Encima se produjo un hecho que perjudicó en la persecución del pelotón, puesto que retiró de la cabeza de carrera a todos los miembros del Mercatone Uno, ya que su sprinter y jefe de filas, Mario Cipollini pinchó la rueda trasera de su bicicleta y se salió en una curva a izquierdas, metiéndose dentro de un portal. Indurain, por su parte, seguía en cabeza, sin recibir ningún relevo del belga Bruyneel.
 
Con esos 50 segundos de ventaja, aproximadamente, se llegaba al último kilómetro y en la línea de meta se repartían 12, 8 y 4 segundos. Esos 12 segundos de bonificación irían a parar al ganador de la etapa, que sería el belga Johan Bruyneel, en el único relevo que daría ese día a Indurain. Es cierto que el detalle de no dar ningún relevo y sprintar a Indurain no fue bonito, pero también es cierto que Bruyneel cumplió con su labor dentro de su equipo y nadie pudo reprocharle nada. Bruyneel ese día consiguió además un premio doble, ya que también iba a lucir en el podium el jersey amarillo. El corredor belga había sido profeta en su tierra por un día, a la espera de lo que sucediera al día siguiente en la contrarreloj.
 
El pelotón hizo su entrada en la línea de meta con 49 segundos de retraso con respecto al dueto Bruyneel e Indurain, siendo encabezados por un Jesper Skibby, que abrió un pequeño hueco de un segundo con respecto al pelotón, el cual entró a 50 segundos del ganador.


La etapa de Lieja que tenía un perfil muy abrupto, había visto una lucha sin cuartel entre los favoritos; desde Jalabert a Indurain o Bruyneel, pasando por un Riis que quiso defender con uñas y dientes su maillot amarillo. Los corredores no se guardaron nada pensando en la contrarreloj del día siguiente y brindaron una etapa espectacular a los espectadores de este hermoso deporte. Una etapa que quedó marcada por el golpe psicológico que asestó Indurain al resto de rivales, un golpe del que algún corredor no fue capaz de recuperarse en el resto de la carrera.


Saludos a todos!!