martes, 24 de abril de 2012

Alfonsina Strada compite en el Giro

El ciclismo tiene más de un siglo de antigüedad, y en ese tiempo han nacido, han crecido y han desaparecido muchas carreras. Desde las más importantes, como el Tour de Francia, la Paris-Roubaix, pasando por la ya extinta Semana Catalana o llegando hasta el Giro d´Italia. Fue precisamente en esta última carrera donde nació una leyenda. La leyenda de una persona que aún a día de hoy no ha podido ser repetida.

En los años 20 del pasado siglo XX surgieron dos figuras. Una de ellas, la del mejor corredor de la época, Alfredo Brinda. La segunda, la más sorprendente de las dos, la figura de una mujer, la única mujer que ha llegado a participar y competir contra hombres. Un hecho inédito, que no llega a dejar de ser sorprendente en cuanto a la forma en la que llegó a competir en ciclismo masculino (no había ciclismo femenino en la época).

Alfonsina nació en 1891, bajo el nombre de Alfonsina Morini de Castelfranco Emilia, apellidos que cambió por Strada cuando se casó. Nació hija de una familia campesina, a lo que ella también se dedicó con el paso del tiempo. Ella, en sus primeros años compaginaba su tiempo ayudando a su madre, embarazada, y cuidando de sus hermanos pequeños, cuando, contando con unos 10 años de edad, su padre volvió a casa con una extraordinaria máquina que la cautivó. ¡¡¡Una bicicleta!!!

Nació en una época muy complicada por no decir que imposible para el deporte femenino, por lo que debía mentir a su madre, diciéndola que iba a la iglesia cuando realmente iba al pueblo vecino, a disputar las carreras que se celebrasen. Los hombres en todo momento la trataron con dureza, y no se habituaban a ver a una mujer enseñando algo más que un tobillo, mucho menos aún intentando competir contra uno de ellos. No la veían como su igual, como al resto de hombres. Su familia, por supuesto, jamás aceptó la afición de su hija, aún a pesar que ganase premios, o que, como en 1911 estableciera el récord de la hora femenino.
 
Cuatro años después, en 1915 se casó, y su marido, lejos de prohibirle esa extraña afición suya, la animó e incluso la entrenó personalmente, ya que él también era un amante del ciclismo.

Con la guerra todavía sin concluir, en 1917, participó en el Giro de Lombardía. La prueba se encontraba exenta de numerosos ciclistas masculinos, puesto que estaban combatiendo, y como las normas no prohibían la participación de una mujer, pudo tomar la salida de dicha prueba. La finalizó en una honrosa trigesimo segunda posición, aunque a más de una hora y media del ganador, el campeón belga Thijs (primer ganador de 3 Tours de Francia).
 
Varios años después, en 1924, se inscribió en el Giro de Italia, pero bajo el nombre de Alfonsin Strada, suprimiendo la última letra de su nombre. Ningún miembro de la organización se dio cuenta y fue aceptada en la ronda italiana. Comenzó las primeras etapas, con relativo éxito, puesto que aunque no estaba cerca de los primeros puestos, tampoco se encontraba en la última posición a la hora de cruzar la meta.
 
Pero llegó la etapa de L´Aquila - Perugia (296 Km.), la cual fue su tumba. En esa etapa tuvo algún que otro percance, incluyendo alguna caída, y al llegar a meta, la organización de carrera la comunicó que había llegado fuera de control a meta, por lo que quedaba descalificada de la carrera.
 
La organización no se encontraba nada contenta con que una mujer los hubiera engañado y se encontrara participando en la carrera. No hay, actualmente, un tiempo oficial para determinar si llegó o no fuera de control.

Fue en ese momento cuando entró en acción la figura de Emilio Colombo, quien fue su máximo apoyo a raíz de esa descalificación. Alfonsina decidió no marcharse a casa y seguir compitiendo, pero económicamente no era fuerte, por lo que no podría pagarse la estancia en los hoteles. Fue ahí donde apareció esa figura de Colombo, quien pagó de su bolsillo los gastos de la corredora, debido al posible filón comercial que conseguiría con ella. Marchaba con mucho retraso con respecto a los demás competidores, pero la afición la mostró su apoyo de una manera increíble, y no solo terminó esa siguiente etapa a su descalificación, sino que llegó hasta el final de la carrera, en Milán, entre los vítores de la gente, que la aclamaron a su llegada. Terminó, extraoficialmente claro, a 28 horas del ganador de la prueba, Giuseppe Enrici, y, en un hito, con un mejor tiempo que el de dos de los participantes que concluyeron la carrera.

En años posteriores intentó volver participar en el Giro, pero su participación fue vetada tajantemente, a pesar del reclamo publicitario que suponía. Unos años después terminó colgando definitivamente la bicicleta de forma profesional, aunque en todo momento la siguió usando como medio de transporte.
 
Enviudó en 2 ocasiones antes de morir, en 1950 y 1957. Su propia muerte se produjo en 1959, cuando tratando de arrancar su moto, esta se le cayó encima. Inmediatamente fue ayudada por los vecinos que se encontraban en las proximidades, pero a pesar de trasladarla al hospital rápidamente, ya no había nada que hacer por su vida. Su corazón se paró antes de ingresar en el mismo, cuando contaba ella con 68 años de edad.

Su legado, hasta el día de hoy, ha sido eterno, puesto que ha sido la única mujer que ha podido participar en el Giro de Italia (a día de hoy hay también prueba femenina), además de contar con hasta dos participaciones en el Giro de Lombardía consecutivas, en 1917 y 1918 (finalizando en la posición 32 y 21 respectivamente).


Saludos a todos!!

martes, 17 de abril de 2012

Lieja hiela al pelotón en 1980

Hablar de tradición en el ciclismo es hablar de la carrera más antigua del calendario, la Liège-Bastogne-Liège, la Decana, que nació a finales del siglo XIX, concretamente en el año 1892. Es el cuarto monumento de la temporada, que consta de unos 260 kilómetros de recorrido y se compone de un gran número de cotas en el mismo, de las que actualmente una decena son puntuables. Cotas tan conocidas como La Redoute o Saint-Nicolas.
 
El año 1980 iba a ser un año muy diferente en lo deportivo para Bernard Hinault. Ese año, aparte de intentar conseguir vencer en el Tour y en el Mundial, también se había propuesto disputar el Giro y hacer algo grande en primavera. Era una época en la que se competía de febrero hasta el Mundial. La primavera de Hinault estaba siendo bastanta cargada, con puestos de honor en la Amstel, en Roubaix y en la Flecha (5º, 4º y 3º respectivamente) le llevaron a afirmar que estaba seguro de no ser 2º en Lieja". El reto iba a ser mayúsculo, tal y como se demostraría el día de la carrera al amanecer.

La mañana en que se iba a disputar la carrera comenzó con una lluvía ligera sobre la localidad de Lieja. Nada más comenzar la carrera, en el kilómetro 5, esa ligera lluvia se transformó en nieve y sólo 5 kilómetros más adelante, al paso por Sprimont, la tormeta se había desatado. Ese fue el último momento en que se dieron unas condiciones humanas en la carrera, puesto que a raíz de ese momento los corredores solamente vieron nieve y sintieron frio. Tanto es así que de los 174 corredores que habían tomado la salida, a las 2 horas de carrera quedaban apenas 60 héroes. Porque ese es el único calificativo que se le puede dar a todos aquellos que corrieron ese día.

La lista pudo verse incrementada con un nombre de mucho lustre, el de Hinault, quien se encontraba preocupado por no comprometer el resto de su temporada por el simple hecho de correr la Decana. El bretón estaba, por lo tanto, pensando en un posible abandono de la prueba. Es en esos momentos cuando el grandísimo director Guimard le convence para que continue al menos hasta el siguiente habituallamiento, a mitad de la prueba. Hinault tenía casi decidido el abandono cuando, de repente, entre el grupo de héroes que siguen en carrera reconoce un maillot como el suyo, de Renault. Era el de Maurice Le Guilloux, compañero de equipo. Es en ese momento cuando Hinault cambia el chip de su cabeza y piensa que el capitán siempre es el último en abandonar el barco, por lo que decide continuar en carrera y llegar hasta la meta.
 
La carrera, por acción del clima, está rota, y en cabeza de la misma se encuentran Pevenage y Peeters cuando se inicia la cota de Stockeu, en la cual Hinault atacará, siendo capaces de seguir su ataque sólamente un par de corredores, a quien no tarda mucho en dejar a rueda. El ritmo de Hinault era impresionante y en la cota de Haute Levee ya es cabeza de carrera, y poco después, lo es en solitario.
 
Eso significaba que a 80 kilómetros de meta se ha quedado sólo en cabeza, y aún queda un mundo para llegar al final de la prueba. Coinciden además esos momentos con los minutos de climatología más adversa. Se planteaba entonces para Hinault una lucha contra las condiciones climáticas y contra el dolor que estas le están ocasionando. En los siguientes kilómetros se dan momentos muy, muy complicados para el bretón, quien los salva porque era un privilegiado psicológica, aparte de físicamente hablando. Por su mente no hace más que repetirse la frase "los que marchan detrás tienen que estar aún peor que yo, y si ellos pueden, yo puedo".

Después de muchos kilómetros en solitario, muchos pensamientos contrarios en su cabeza, Hinault enfilaba la línea de meta de esa edición, en el Boulevard de la Suviniere. Incluso ha empezado a salir ligeramente el Sol, de forma que parece que se burla de los corredores. Hinault entró en solitario, pero sin poder celebrarlo como hubiera merecido la ocasión. Su cuerpo está a un paso de vencerse, puesto que ha superado sus límites.
 
Tal fue la magnitud de la proeza realizada por el campeón francés que tuvo que esperar nada menos que 9 minutos y 24 segundos a que el segundo clasificado del día hiciera su paso por meta. Fue el holandés Kuiper. Aún se hubo de esperar más tiempo para que el tercer integrante del podium hiciera su entrada en meta. Ese tercer hombre que quedó en la foto de un podium de leyenda, por el escenario, fue Ronnie Claes.

En esos momentos ya Hinault no tenía interés en saber quien le acompañaba en el podium, sino más bien en darse una ducha caliente, pero aunque hasta que no se calentó no se duchó, no sería una buena decisión, puesto que su cuerpo no soportó bien el contraste del frio y del calor. Tres semanas después de la gesta, aún no había recuperado la movilidad en los dedos, y aún hoy día, dice no sentir total sensibilidad en los mismos. Fue el precio a pagar por una de las mayores exhibiciones que se han podido presenciar en el mundo del ciclismo.


Saludos a todos!!

martes, 10 de abril de 2012

Knetemann entra en el corazón de la Amstel

El domingo 27 de abril del año 1985 se iba a disputar la vigésima edición de la conocida como la carrera de la cerveza, la Amstel Gold Race, que lleva ese nombre porque la marca de cervezas es patrocinador suyo. Se trata de la primera de las 3 carreras que forman parte del tríptico de las Ardenas, junto con Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja, y quizás también, la menos reconocida de todas. En aquellos momentos la carrera tenía salida en Heerlen y llegada en Meerseen, no como actualmente, que tiene lugar dicho final en el Cauberg.

La prueba de ese año, 1985, coincidía en fechas con la celebración de la Vuelta a España, que por aquellos momentos tenía lugar en la primavera, y no como ahora, en los últimos días del verano. Por motivos de esa coincidencia, algunas de las figuras del pelotón, no iban a estar en la clásica, casos como el de Pedro Delgado, Robert Millar, o el del corredor del Skil-Sem, Sean Kelly.
 
La ausencia de este último corredor de la carrera holandesa iba a permitir que un corredor absolutamente desconocido en España como era Gerrie Knetemann, quien había competido casi toda su carrera en el mítico Ti-Raleigh, pudiera jugar sus bazas a su manera.

El domingo comenzó como un día de perros y el pelotón no comienza muy animado. Ya pasado el ecuador de la carrera, tanto Verhoeven como Van der Poel realizaron un corte peligroso de cara a la victoria final, pero un inoportuno pinchazo hizo que el primero de los dos se viese descolgado. Por detrás, se inició la caza de primero el dueto, y luego del corredor cabeza de carrera. Esa persecución era de una veintena de ciclistas, con Roche, Zoetemelk, Kuiper, Anderson o Knetemann a su cabeza. La carrera estaba siendo muy dura, aparte de por la propia dureza de la carrera, también por la climatología, y eso provocó que uno de los hombres más fuertes del pelotón, Kuiper, se veía cortado en un simple repecho, no hizo falta siquiera que fuese en una de las 17 subidas que estaban marcadas por la organización en el recorrido.
 
De nuevo Verhoeven será quien lance una ofensiva. El primero en responder a la misma es el holandés Knetemann y posteriormente todo el resto del grupo. El grupo se va fracturando constantemente, con incesantes ataques de todo el mundo.
 
Unos cuantos kilómetros más adelante, el grupo consigue neutralizar finalmente a Van der Poel, y es un pletórico Verhoeven quien lanza un ataque sorpresa, puesto que lo hace mientras el corredor que marcaba el ritmo de la carrera, Anderson hablaba con su coche y aprovechó para atacar por el otro lado del coche. A este ataque solo consiguieron salir cuatro corredores, Knetemann, Anderson, Versluys y Lieckens.

Estos cuatro corredores intentan la caza, con continuos ataques entre ellos. A uno de esos acelerones del grupo, de Versluys, solo Knetemann salta a su rueda, mientras que los otros dos corredores, en una guerra de nervios, quedan eliminados por la carrera. Con el paso de los kilómetros Knetemann se había ido encontrando mejor, y decide llevar entonces el peso de la persecución, por lo que se pone en cabeza del dueto e impone un ritmo muy duro. Tan duro era el ritmo que finalmente se quedó en solitario cuando cedió Versluys.
 
En ese 1985 el Cauberg se pasaba cuando aún quedaban 9 kilómetros a meta, y es en su subida cuando por fin aparece en el horizonte de Knetemann el hombre que era cabeza de carrera, el joven holandés Verhoeven, quien lleva un ritmo cansino que no se asemeja en nada al alegre pedaleo que llevaba el veterano. Con esa diferencia de ritmo, era inevitable que el lobo cazase al cachorro, y le sobrepase. Lanzó un contraataque Knetemann y a dicho contraataque no pudo salir Verhoeven, aunque intentase hacerlo, pero rápidamente se dio cuenta que era imposible aguantarle la rueda. El veterano había cocido a fuego lento su victoria, y esta no iba a tener oposición en esa vigésima edición, exáctamente 11 años después de la que hasta ese momento era su única victoria en esa carrera.

Su entrada en la meta se produjo con 32 segundos de ventaja con respecto a Jozef Lieckens y Johnny Broers, con tiempo suficiente para poder saborear un caramelo que desde hacía 11 años se le había resistido. La victoria se producía en el momento final de su carrera, cuando ya muy poca gente apostaba por un renacimiento de ese corredor, máxime cuando no muchas semanas atrás sufrió una caída en A través de Flandes que hizo que la gente le diera ya por acabado. Volvía a ganar la carrera por la que se dio a conocer cuando era apenas una promesa del mundo del ciclismo, y la había vencido por todo lo alto, con una carrera muy inteligente y en la que demostró gran fuerza.
 
Las lagrimas que brotaron de sus ojos no fueron sino el fiel reflejo del aprecio y del cariño que el público siempre le había profesado, especialmente a raíz de dicho accidente. Había entrado en el corazón, no solo de la carrera, sino de toda esa gente que le apoyó, tanto en su periodo de recuperación como en la carrera.

Gerrie se retiraría 4 temporadas después, y con el tiempo, destinado estaba, sería seleccionador de su país, Holanda. Esta victoria sería la última victoria de prestigio del veterano corredor holandés, pero aunque esas carreras del norte ya no eran coto exclusivo de caza de los Países Bajos, había demostrado que los viejos rockeros nunca mueren, e iba a llegar al corazón de todos sus paisanos, quienes le apoyaron semanas atrás en su caída en A través de Flandes, cuando se le había dado por acabado.
 
Finalmente, en 2004, trístemente fallecería víctima de un ataque al corazón, cuando contaba con tan solo 53 años de edad.


Saludos a todos!!

martes, 3 de abril de 2012

El rey del Infierno, De Vlaeminck

A comienzo de los años 70 el pelotón y el calendario ciclista se encontraban tiranizados por un todavía joven belga, Eddy Merckx. Ese belga, desde su primera victoria en el Campeonato del Mundo en 1967 prácticamente había ganado toda aquella carrera en la que había competido. Eso le había generado muchos admiradores entre el público belga, pero también le generó multitud de opositores entre sus mismos compatriotas, especialmente a raíz de la lectura de los votos en su boda solamente en francés, algo que fue considerado poco menos que una traición en su país, y especialmente en la parte flamenca del mismo.

Paralelamente a ese dominio de Merckx se creó un equipo profesional, el Flandria, que a la postre sería el mejor equipo en las clásicas de la historia. Ese equipo en el año 71 llegó a contar en sus filas con una plantilla con la que cualquier director soñaría para sí mismo: Freddy Maertens, los hermanos de Vlaeminck, y el tristemente fallecido y por quien se disociaría tal equipo, el gran talento Monsere, quien moría trágicamente cuando contaba con 22 años. Pues bien, ese equipo, dicen las malas lenguas, fue creado como unas brigadas "anti-Merckx", en el cual uno de los principales impulsores fue Monsere, contando especialmente con las alianzas de su amigo Maertens y de Roger de Vlaeminck.
 
Pero la trágica muerte del primero de estos tres corredores cambió el destino, tanto del equipo como del bueno de Roger. Como reconocería años más adelante, Roger abandonó la estructura del Flandria porque no iba a poder soportar él, un hombre duro donde los hubiera, el estar llorando por todos los rincones por la muerte de su compañero, ya que cualquier detalle mientras perteneciera a esa plantilla, le recordaría a Monsere. Fue por eso por lo que decidió abandonar el Flandria y marcharse al Dreher, en el cual estuvo solo un año, pero a raíz de ese año comenzó a escribir su leyenda personal, a pesar de que en su palmarés ya contaba con importantes triunfos.

En ese nuevo equipo, en el mismo 1972 en que los Miami Dolphins hacían historia y por primera y única vez en la historia de la NFL un equipo terminaba la temporada invicto, de Vlaeminck iba a conseguir su primera victoria en la clásica más dura del calendario, la París-Roubaix. Una carrera para la que no solo la fortaleza cuenta, sino también la suerte, puesto que de sus más de 250 kilómetros, más de 50 de ellos están adoquinados, divididos en varios tramos de pavé, lo que suele ser sinónimo de caídas, pinchazos y espectáculo, máxime cuando la lluvia hace acto de aparición en la carrera. Y fue ahí, en tramos como el que es el más conocido de la carrera, el del Bosque de Arenberg, por lo que es conocida como el "Infierno del Norte", donde el Gitano de Vlaeminck se hizo eterno.

Aunque en los últimos años el "Infierno del Norte" se viene realizando en el segundo domingo del mes de abril, en 1972 se disputó el día 16, tercer domingo de ese mes. En esa edición tuvieron lugar varias caídas en el Bosque de Arenberg, a más de 100 kilómetros de meta, y muchos corredores importantes quedaron rezagados del grupo de favoritos, entre ellos el gran favorito a todo, Eddy Merckx. En ese momento quedó en cabeza un grupo formado por 20 unidades, entre los que destacaban Springel, Gimondi, Janssen, de Vlaeminck o quien sería posteriormente el mejor director de la historia, Guimard.
 
Tan solo unos kilómetros más adelante Gimondi se vió obligado a retirarse de la carrera, al tiempo que Van Malderghem intentó una aventura en solitario, pero de Vlaeminck decidió que era una buena rueda a seguir, por lo que marchó tras él y al alcanzarle formaron un buen dueto, hasta que a unos 10 kilómetros para llegar a la meta de Roubaix de Vlaeminck decidió que ya había aguantado bastante la compañía y probó su aventura en solitario. Aunque la distancia a meta era escasa, fue abriendo hueco con sus perseguidores, hasta que pudo disfrutar tranquilamente de la llegada a meta, consiguiendo así su primera victoria en el Infierno del Norte. Con un minuto y 57 segundos de retraso realizó su entrada el belga André Dierickx, segundo en meta, y en tercera posición el británico Barry Hoban lo hizo con 2 minutos y 13 segundos.
 
Luego vendrían otras tres victorias más, en 1974, 1975 y 1977, para un total de 4, siendo el único ciclista de la historia que ha alcanzado tal número, a lo que hay que sumar los segundos puestos del 70, 79, 81 y el del 78, con el incomprensible pacto con su compañero Moser (vencedor esa edición) por el que ninguno saldría a la rueda del otro en caso de ataque, y el tercer puesto de 1976, que hacía un total de 9 podiums en sus 14 participaciones, cifras por la que es conocido como Monsieur París-Roubaix. Y eso que coincidió en el tiempo con autenticas bestias con Merckx, Maertens, Agostinho o Moser.


Saludos a todos!!