martes, 17 de julio de 2012

La predicción sobre la muerte de Anquetil

"Raymond, vas a volver a ser segundo". La leyenda ha transmitido que esta frase fue la última pronunciada por Jacques Anquetil, llamada telefónica mediante, a un Raymond Poulidor que vería como Anquetil volvería, por última vez, a cruzar una línea de meta antes de que él lo hiciera. En esta ocasión, la línea de meta sería una metáfora de la muerte.

El 18 de noviembre de 1987 moría el primer ganador de 5 ediciones del Tour de Francia, el francés Jacques Anquetil, derrotado en su lucha contra el cáncer. Moría cerca de cumplir los 54 años, y lo iba a hacer como siempre había vivido, con ironía. Pocas horas, o quizás días antes de morir, se supone que dirigió esas palabras a su gran rival en la carretera, Raymond Poulidor, Pou Pou, y a continuación hablaría con quien fuera su primer mentor, André Boucher, también considerado por Maître Jacques como un segundo padre. A André le diría que si recordaba cuando le dijo que jamás moriría de un cáncer. Supuestamente André le diría que sí lo recordaba, a lo que Anquetil le respondió que siempre había tenido razón, que iba a morir de dos.
 
Pues bien, pudo haber sido, la historia es así de caprichosa, que Anquetil jamás hubiese tenido ninguna de estas dos conversaciones si el mago Bellini hubiera acertado en la predicción que realizó unos días antes de comenzar el Tour de Francia de 1964.

El misterioso y extravagante mago Bellini fue un personaje de cierto nombre y popularidad en la Francia de finales de los años 50. Esa popularidad se debía a las predicciones deportivas que realizazó en las páginas del periódico L'Équipe entre los años 1956 y 1958. Tuvo algún que otro acierto importante en sus predicciones, pero a finales de 1958 Jacques Goddet, el director del periódico, se cansaría del mago, ya que solía acumular muchos más errores que aciertos en sus predicciones. Su nombre fue perdiendo fuerza durante los siguientes años, pero para 1964 volvió a encontrar un hueco en la actualidad de los periódicos franceses, siendo contratado por el periódico France Soir, uno de los de mayor tirada en el país. Y fue en ese periódico donde ese supuesto mago realizó una predicción sobre algo terrible que ocurriría durante la disputa del Tour de Francia de ese 1964. El mago predijo que un corredor cuyo apellido comenzaba por la letra A moriría durante la disputa de la 14ª etapa de la carrera, en el descenso de uno de los puertos de la etapa que finalizaría en Toulouse. Inmediatamente la gente pensó que ese corredor cuyo apellido empezaba por A no podía ser otro que Jacques Anquetil, aunque otras fuentes afirman que directamente el mago nombró como víctima de aquella etapa a Anquetil.

La noticia llegó a Anquetil sin hacerse mucho de esperar, ya que se trataba de un periódico de gran tirada. Un Anquetil que era, según relató su mujer Janine, extremadamente supersticioso. Esa noticia descompuso al, por aquel entonces, tetracampeón de la Grande Bouclé. Le hundió psicológicamente. El director del equipo de Jacques, Raphael Geminiani, tuvo una reacción bien diferente, ya que su única intención fue la de buscar al mago y partirle la cabeza. Se supone que, si realmente llegó a buscarle, jamás le encontró, por lo que no pudo cumplir sus amenazas, aunque a raíz de esa predicción, no se volvió a saber más sobre el mago en los medios de comunicación del país galo.
 
Pero Anquetil, a pesar de la predicción tomo parte de la salida del Tour el 22 de junio, probablemente obligado por su director y por su mujer. Las primeras etapas fueron relativamente cómodas para Jacques, ya que fueron una sucesión de sprints. Pero Jacques no era el de siempre. No rodaba a su nivel habitual, y su baja motivación no solo estaba ya afectando a Anquetil, sino que también comenzó a afectar ya a su compañero de habitación, Stablinski. No podía parar de pensar en la predicción sobre esa caída que resultaría mortal para él, se encontraba más nervioso, se mostraba totalmente alicaído, y cada vez más irritable al tiempo que llegó a obesionarse con ese día cada noche en el hotel, perdiendo incluso hasta el sueño. Y la situación no mejoraba cuando a Jacques le llegaron varias cartas anónimas en las que le recordaban esa predicción, cartas en las que también adjuntaban comentarios poco agradables hacia su persona. Anquetil había alcanzado tal grado de esquizofrenia ante la predicción de la caída que decía a sus compañeros, y especialmente a su director que no quería morir sobre la bicicleta, que quería abandonar la carrera. Pero no le permitieron abandonar.

Se iba acercando la fatídica etapa número 14, y Anquetil no mejoraba en el aspecto psicológico, aunque estaba cerca del líder de la clasificación general, y eso que aún no había mostrado su mejor ciclismo en ese Tour.
 
Julio Jiménez vencía en la etapa número 13, la del 3 de julio, y en la jornada siguiente habría una jornada de descanso, la cual se le haría eterna al hombre que dominaba al cronómetro. No quiso salir a rodar, como suele hacerse habitualmente en la actualidad en esas jornadas de descanso, aunque en aquella época era más normal el no salir. Anquetil decide encerrarse a cal y canto en su habitación, con la única compañía de su pareja, Janine, a quien había mandado llamar Geminiani días antes, para ver si conseguía levantar el ánimo a su corredor. Este hecho era algo completamente insólito, y rompía con las puritanas costumbres del ciclismo de la época, el llevar a una mujer a la habitación de un corredor. Aunque su presencia calmó algo al corredor, no hay forma de hacerle levantar el ánimo a Jacques.
 
A lo largo del día, tanto Geminiani como Jeanine, que habían estado intentando entretenerle, consiguen convencer a Anquetil para salir a tomar algo de aire fresco. Jacques accede y los tres montan en un vehículo en el que van hasta las instalaciones de Radio Andorra, que se encuentra en el Col de Envalira. Allí, los miembros de la radio y del Tour habían organizado un banquete en honor al campeón francés, probablmente siendo todo promovido por Geminiani, conocedor del gusto del campeón por los banquetes y la bebida. Acudieron para conseguir que se despejara un poco Jacques y los medios aprovecharon para fotografiarle simulando un mordisco a un cordero, pero la realidad es que aquel día Anquetil no probó bocado, en contra de la comilona que se dice que realizó ese día. La foto con el cordero la hizo únicamente para complacer a los medios asistentes al banquete, ya que aunque en el equipo conocían su estado de ánimo, de cara al exterior era todo fachada y no se había filtrado nada acerca de su preocupación.
 
Finalmente Anquetil toma la salida en la supuesta fatídica fecha de la 14ª etapa de la carrera, el 5 de julio, la que unía Andorra y Toulouse. La carrera comienza lanzada, con ataques desde el primer minuto de competición. El Col de Envalira se subía al poco de comenzar la etapa, y su cima estaba premiada por la organización para quien consiguiese coronar en primer lugar. Pero es en el Col donde se da la primera sorpresa de la jornada. En sus primeras rampas se puede ver como se descuelga el corredor que porta el dorsal número 1 de la competición, Jacques Anquetil, quien es incapaz de seguir el ritmo del pelotón. La debacle estaba asomando en el horizonte del corredor normando y de todo su equipo, pues la crisis que estaba sufriendo parecía insuperable, y todos los días de preocupación por la predicción se estaban cobrando su factura. Germiniani decide que Rostollan se quede con el líder del equipo, para intentar que no se hunda y que pueda salvar la etapa. Poco a poco el pelotón va distanciandose más y más, lo que unido a la densa niebla que domina en los últimos kilómetros del Col, hacen que Anquetil no vea a ningún corredor por delante, salvo a su compañero de equipo. Anquetil se ha mostrado débil como nunca antes lo hizo, y el restraso que acumula entre la densa niebla de la cima del Col de Envalira es de unos 5 minutos y 40 segundos con respecto al pelotón integrado por los primeros clasificados de la general.

Hasta ahí había aguantado la paciencia y las dudas de su director, Germiniani, quien desde el coche se acerca a su pupilo y a voz en grito le dice “¡Jacques, si tienes que morir, te lo suplico: hazlo en cabeza, no delante del coche escoba!”. Esos gritos hacen que Anquetil se sacuda la cabeza, le saca una sonrisa y le responda: “Tienes razón, ¡que pase lo que tenga que pasar!". Anquetil se muestra desde ese momento decidido a afrontar un descenso con intención de alcanzar a ese pelotón del que kilómetros antes se había descolgado, siguiendo las luces rojas de los coches. Afronta un descenso en el que la expresión de bajar a tumba abierta no podía tener un mejor significado, puesto que la niebla hacía prácticamente imposible la visión unos metros por delante. Muchos de los corredores que fueron adelantados durante el descenso pensaron que este era el momento que había vaticinado Bellini, y que no volverían a ver con vida al corredor. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Anquetil estaba realizando un descenso de los que pocas veces se han visto y ningún corredor es capaz de seguir su rueda, aún cuando la niebla ya había quedado atrás. El propio coche de su director también estaba teniendo esos mismos problemas para poder seguirle.
 
Una vez concluido el descenso llega el llano, y prosigue la persecución a la cabeza de carrera. Alcanza a Edward Sels, con quien colabora durante varios kilómetros. Juntos llegan al grupo del líder de la carrera, Georges Groussard, quien se encontraba descolgado del grupo de favoritos, debido a un pinchazo. Durante unos 30 kilómetros prosigue una persecución conjunta con Sel, Groussards y los gregarios de este, hasta que Poulidor, Bahamontes, Julio Jiménez y demás favoritos son alcanzados por ellos. Había obrado un milagro, de tener perdido el Tour, había pasado a volver a entrar en el grupo de los favoritos de la carrera. Pero su suerte no iba a terminar ahí, sino que al poco de enlazar, Poulidor sufría un pinchazo en una de sus ruedas, y como los coches de los equipos habían quedado muy rezagados durante la etapa. Pou Pou no puede cambiar la rueda rápidamente, cediendo más de dos minutos hasta que consigue hacerlo, y una vez que lo ha conseguido, el auxiliar que le había ayudado le tira al suelo al intentar lanzarlo. La mala suerte se había cebado con el favorito de la afición francesa.

En la línea de meta Sels pudo conseguir su tercera victoria de etapa en aquel Tour, merced a su colaboración con Anquetil. Este último, además, había aventajado en 3 minutos y 20 segundos a un Poulidor víctima de la mala suerte en ese final de la etapa y sus opciones de conseguir su quinta victoria en la carrera francesa se había multiplicado desde el momento en que dejó atrás los miedos por una estúpida predicción que había estado a punto de costarle mucho. No solo la carrera, el Tour, sino que también la salud, puesto que perdió el apetito y no era capaz de conciliar el sueño.

La prensa al día siguiente publicó la comilona del día 4 de julio en la que había estado presente Anquetil, y dijeron que esta se le había indigestado en el Col de Envalira, pero que tuvo una reacción de campeón. Pero la publicación de un libro de Raphael Geminiani acerca de aquel Tour años después sacó a la luz la verdadera historia del mago Bellini, el falso atracón y la pájara de Anquetil, y la reacción que este tuvo para no perder aquel Tour que le haría entrar en la leyenda, siendo el primer pentacampeón de la carrera de la historia.
Saludos a todos!!

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