martes, 21 de febrero de 2012

Fausto Coppi, il Campeonissimo

"Un hombre solo y al mando, su maillot es blanco y celeste. Su nombre, Fausto Coppi". Esa fue la frase usada por Mario Ferretti en la narración televisiva de la RAI, al contemplar la exhibición que hizo Fausto Coppi un 10 de junio del año 1949, en su carrera, el Giro, y ante su rival, Bartali, una hazaña que le elevó hasta la eternidad.

Y es que 1949 fue el año en el que se consagró definitivamente Fausto Coppi. Tenía ya dos Giros en su palmarés, pero fuera de sus fronteras, todavía no tenía un nombre acorde a sus cualidades y sus éxitos. Ese año obtuvo la victoria nada menos que en San Remo, Lombardía, el Tour y en el Giro. En esta última, en un 10 de junio, a sólo 3 etapas para que terminase la carrera, Fausto realizó una exhibición que aún a día de hoy, cuando hace más de medio siglo de la muerte del ciclista, se sigue recordando en sus fronteras. Y no fue para menos.

Ese 10 de junio se iba a correr la que era la última etapa de alta montaña de la 32 edición del Giro d´Italia. Al comenzar la jornada, Adolfo Leoni partía vestido con la maglia rossa de líder de la general de la carrera. En esa etapa se iban a afontar nada menos que los puertos de la Madeleine, de Vars, el Izoard, Montgenevre y Sestriere disputándose un total, nada menos, que de 254 kilómetros. Coppi iba a realizar en esa etapa una de las más míticas etapas que se conocen del ciclismo, como demuestran que ese día las radios italianas interrumpieron la programación matutina habitual que ofrecían, para dar en directo la exhibición que estaba ofreciendo su ciclista.
 
Aunque las noticias que recibían los locutores en meta no eran muy exactas, la pasión con la que narraban supo enganchar a todo un país a los transistores a lo largo de aquella mañana, que concluyó por la tarde, con la entrada de los agotados ciclistas en la línea de meta.

Corría el kilómetro 60 de la etapa, en las primeras rampas de ascensión de la Madeleine. Por delante quedaban nada menos que 192 de etapa, cuando el pelotón empezó a temblar. Algo estaba ocurriendo. Fausto Coppi, el bicampeón de la carrera estaba lanzando un durísimo ataque, sin mirar atrás. Con ese ataque no buscaba, obviamente, sólo la victoria de etapa, sino que buscaba mucho más, buscaba su tercer triunfo final. Y para ello, había decidido jugarselo al todo o nada, a un ataque lejano, suicida.
 
Nadie parece querer ir a por Coppi, salvo Bartali, que intenta salir a por él, pero parece decir con la cabeza que no puede con el ataque de su rival. Hubo varios corredores más que intentaron ir a por Coppi, pero esos no importaban. Ahora importaban ya solo Coppi y Bartali. Ni siquiera importaba el líder de la carrera, Leoni.

En la cima de ese primer puerto, la Madeleine, la ventaja de Coppi con su perseguidor era ya de unos 2 minutos, ventaja que aumentaría a 4 minutos y medio en el siguiente puerto, en Vars. Mayor era aún la distancia que les separaba a Martini, Astrua y Biagioni del líder.
 
La narración en la radio de tal hazaña, provocó que muchos piamonteses acuideran a las rampas del Izoard y de Montgenevre, quienes comenzaron a llenar las cunetas de la carretera. En esos momentos la distancia ya era sideral, pues casi 9 minutos era la distancia que separaba a los dos grandes hombres italianos.
 
La ascensión no fue más que un pasillo de honor para Fausto, formado por los tifosi que veían como cuando estaba a punto de alcanzar la cima del Izoard, Coppi aparecía con su figura elegante, con su pedalear inconfundible, sentado sobre el sillín y los codos en forma de ángulo recto. Sólo el gesto de llevar la boca abierta, buscando oxígeno donde no lo había, era lo que le daba a los aficionados la idea del sufrimiento que estaba llevando a cabo el que a partir de ese día sería conocido como "Il Campeonissimo". Y es que ese día no peleó contra los otros ciclistas, sus rivales, sino que compitió contra las montañas mismas, y las derrotaba. Tanto que los que aquel día le vieron en el Izoard dijeron que Coppi no pedaleaba, sino que flotaba por las laderas del coloso.

Desde el Izoard hasta el final de la etapa no fue más que un aumentar la renta de Coppi con respecto a Bartali. Y con respecto a los demás corredores, que aunque ya no importaban, también estaban realizando su carrera.
 
Finalmente llegó a Pinerolo con 11 minutos y 52 segundos de ventaja con respecto a Gino Bartali. La distancia aún fue mayor con Martini, Cottur y Bresci, pues se fue nada menos que a los 19 minutos y 14 segundos. La anterior maglia rossa, Leoni, llegaba a un mundo, a 23´37´´ diciendo no solo adiós a tan preciada prenda, sino que también diría adiós al podium final de la carrera (ese año en Monza).


La hazaña de Coppi ha sido contada por generaciones y hoy en dia se revive todos los años, en la prueba cicloturista llamada la "Fausto Coppi" que sigue las huellas de la escapada del campeón italiano.
 
La frase en la lengua original que dijo Ferretti, fue la siguiente: "Un uomo solo è al comando; la sua maglia è bianco-celeste; il suo nome è Fausto Coppi".


Saludos a todos!!

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