martes, 26 de abril de 2011

Tarbes - Pau 1993

El Tour de Francia afrontaba un 22 de julio del año 1993, la última cita con la montaña de aquel Tour. También iba a ser la penúltima prueba de la ronda gala, puesto que tan sólo quedaba por disputarse la CRI del día 24. La etapa de ese 22 de julio era una etapa corta, de 190 kilómetros, que finalizaría en Pau y contaría con la subida al inicio de la etapa del mítico puerto del Tourmalet. Dicha subida se coronaba a más de 140 kilómetros de meta, por lo que no se esperaba ningún ataque importante de cara a la general, aunque se subiese el Col de Aubisque más adelante, también lejos de meta.
 
Al comenzar la etapa el líder era Miguel Indurain, con una comoda ventaja de más de 4 minutos con respecto al segundo clasificado, el colombiano del Motorolla, Álvaro Mejía. Tercero era el polaco Jaskula (a 4´42´´) y cuarto, y quizás el más fuerte de todos sus rivales, el suizo Tony Rominger (a 5´41´´).
 
La etapa iba a ser televisada íntegramente por la TV francesa. Desde la salida hubo mucha gerra, especialmetne por parte del belga Peter De Clerq, aunque los Banesto no iban a permitir ningún movimiento, ya que trataban de ocultar una bronquitis del líder de la carrera, y por ello decidieron poner todo el bloque al frente del pelotón, para intimidar a los rivales. Hubo numerosos ataques, en uno de los cuales el propio Indurain salió a rueda de los que trataban de fugarse. Sería en el paso por Saint Marie de Campan, aprovechando un sprint especial, cuando el belga De Clerq volvería a atacar y esta vez la carrera se lanzó de manera definitiva. Iba a comenzar la mejor hora de ciclismo de todo aquel Tour. Ante los corredores, su majestad, el Col du Tourmalet.
 
Tras la intentona de De Clerq, se sucedieron un sinfín de corredores de ataques en las primeras rampas del Tourmalet. El francés Pensec fue el primero en abrir un hueco que le valió ser cabeza de carrera durante unos minutos. Por su parte, el grupo principal estaba comandado en todo momento por Marino Alonso, quien sería incapaz de controlar la avalancha de ataques que tendrían lugar a continuación. En primer lugar, Udo Bolts y González Arrieta, a los que más tarde se unirían Hampsten, Millar y Mottet, e instantes después Virenque, cuando estaban neutralizando a Pensec. En esos momentos también decidieron realizar su aventura varios corredores más, entre ellos Escartín, o  Claveyrolat, hasta que se llegó a formar un grupo cabecero de quince unidades.

Batalla en el Tourmalet
Pero sería instantes más tarde cuando, de forma sorpresiva y respondiendo a un ataque de Franco Vona, saliesen a rueda del italiano Chiappucci y Rominger.  Pero si sorpresivo fue el ataque de estos, más sorprendente pudo resultar, tanto para aficionados como para sus propios rivales, que Miguel no intentase salir a por Rominger, amparándose en los gregarios que aún le quedaban al navarro en el pelotón principal.

Consiguieron neutralizar en primera instancia este pequeño grupo, pero los ataques se iban a seguir sucediendo, cuando a mitad de puerto, el único gregario que le iba a quedar al líder iba a ser el bueno de Julián Gorospe, que estaba corriendo por última vez en el Tour de Francia. Ni Perico Delgado, que también se despedía de la carrera, se había podido mantener en el grupo. El Banesto se encontraba en inferioridad numérica con respecto a otros equipos, como por ejemplo el Clas-Cajastur, que contaba con un corredor más en el grupo principal.

Sería a unos 10 kilómetros de coronar cuando se iba a producir un nuevo ataque de Chiappucci, a cuya rueda salieron Vona, Rincón, Hampsten y de nuevo Rominger. En esta ocasión no esperó al trabajo de sus gregarios y Miguel reaccionó en primera persona al ataque del corredor suizo. Una vez que hubo neutralización se produjo un pequeño parón, aprovechado por Vona para marcharse en solitario.
 
Unos instantes de impas hasta que, nuevamente Chiappucci, volvería a lanzar un ataque, acompañado por Unzaga y Rincón. El italiano se había movido viendo los problemas de Riis, en la lucha por la quinta plaza de la general. Por su parte, un extraordinario Gorospe sería quien marcase el ritmo del grupo. A unos 8 kilómetros de la cima partiría Robert Millar del grupo, cuando en la zona de galerías el que lanzaría un nuevo ataque sería Rominger. Un ataque mucho más potente que los dos anteriores. Una muestra fue que ni Hampsten ni Millar consiguieron seguir su rueda, a pesar de intentarlo.
 
Indurain se encontraba aislado, con la única compañía de Gorospe, y Rominger no se lo pensó dos veces, ya que en el grupo que marchaba con unos veinte segundos de ventaja se encontraba su compañero Unzaga, quien le haría de puente. Indurain ni siquiera intentó salir a por el suizo, al igual que hizo Mejía. Jaskula, que venía crecido por su victoria del día anterior, vio la maniobra de estos tres corredores y decidió acelerar su ritmo brutalmente, hasta que consiguió enlazar con el grupo de Rominger a la altura de La Mongie.

Al paso por La Mongie era Unzaga quien tiraba del grupo, mientras que Chiappucci comenzaba a perder unos metros, hasta que la entrada al grupo de Jaskula le permitió volver al mismo. Por detrás, el grupo iba a seguir comandado por Gorospe, y en él sólo permanecían otros ocho corredores, entre ellos un Indurain que llevaba muy mala cara, a pesar de tratar de disimularlo con su habitual rostro sereno.

Nada más llegar al grupo, el polaco Jaskula se puso a tirar del quinteto cabecero, descolgando casi de forma inmediata a Chiappucci y poco después a Unzaga y Rincón. Quedaban, por tanto, Rominger y él en cabeza en solitario. Un Rominger que, además, tenía problemas para seguir el ritmo del polaco. Así se mantuvieron durante todo el resto de la subida, con Jaskula marcando un ritmo imposible y Rominger siguiéndolo a duras penas. Sería en la cima del puerto en donde el suizo daría el único relevo al polaco, para pasar en primer lugar por la cima y llevarse de esta forma los puntos para el maillot de la montaña.
 
Con 35 segundos de retraso coronarían Unzaga y Rincón el puerto, en un sprint que a punto estuvo de llevarlos a las manos. A 50 segundos coronaría el grupo de Indurain y Gorospe, cuando estaban neutralizando al Diablo  Chiappucci. El grupo de Bugno o de un Riis que se estaba jugando la quinta plaza de la general, coronaría con casi un minuto más de retraso.  Tendrían que pasar otros dos mintuos más, llevando un retraso de casi cuatro minutos, para que apareciese por la cima el primer grupo realmente numeroso, en el que se encontraría, entre otros, Perico Delgado.

Un descenso para la historia
Según coronaron, Jaskula perdió un tiempo precioso tratando de colocarse un periódico en el pecho para afrontar el descenso, mientras que Rominger se sacó del bolsillo del maillot un chubasquero a medida que se puso en escasos segundos. El suizo, uno de los mejores bajadores de todo el pelotón, daba así continuidad al ataque de la subida. Enseguida quedó descolgado el polaco, por lo que Rominger afrontaría en solitario el peligroso descenso del Tourmalet. El suizo se acababa de lanzar a tumba abierta a conquistar su primer Tour de Francia, y la Moto 1 sería testigo de lo gran bajador que era, con innumerables problemas para seguir el rápido descenso de este.
 
En el grupo trasero no iba a poder colocar una moto la televisión frances, por lo que las únicas imágenes que iban a poder ofrecer iban a ser las del helicóptero. Este mostraría como inmedatamente según comenzó el descenso, Indurain se puso al frente del grupo y comenzó a arriesgar en cada una de las curvas que tomaba. Chiappucci trataría de seguir su rueda, pero el buen hacer del navarro en las bajadas iba a dejarle rápidamente en solitario en la persecución.
 
La realización de la carrera estaba teniendo muchísimos problemas para poder situar la carrera, ya que la Moto 1 que seguía a Rominger estaba teniendo muchos problemas para aguantar la velocidad de este, mientras que por detrás, no habían podido situar ninguna moto con Indurain, y sólo contaban con las imágenes de la cima. Nadie sabía nada del líder, lo que mantenía a los espectadores con el corazón en un puño, cuando, de forma totalmente inesperada, a la altura de Bareges el Cámara de la primera moto giró al lado derecho su cámara al tiempo que una mancha amarilla se cruzaba en sus imágenes. El líder, Miguel Indurain había neutralizado en tan sólo 12 kilómetros, la ventaja que con tanto esfuerzo había conseguido el suizo. No había pasado nada durante la última hora, ahora el corazón de los españoles podía volver a latir a un ritmo normal.

La etapa ya carecía de importancia, una vez que Indurain había alcanzado a Rominger en el descenso del Tourmalet. Miguel, quien por cierto al alcanzar al suizo, llevaba algún tipo de alimento en su mano derecha que las imágenes no reflejan con total claridad, que indicaría aún más la superioridad del navarro en los descensos. Quizás nunca se ha visto un bajador igual en el mundo del ciclismo.

Para el segundo puerto del día, el Col de Aubisque, se formó una fuga que contaba entre otros con Chiappucci entre sus integrantes. Esta fuga coronó con una renta importante dicho puerto, y a pesar de los esfuerzos del equipo Ariostea por reducir la ventaja del trío cabecero con respecto al pelotón, este trío se terminó disputando la etapa. El sprint final daría como vencedor final a Chiappucci, con una manifiesta superioridad frente a Guirotto y Unzaga.

Pero lo realmente importante de la etapa había ocurrido hacía 140 kilómetros, con el ataque, no por la etapa si no por el Tour, del suizo Tony Rominger al español Miguel Indurain. Nunca antes ningún otro corredor había puesto en jaque de esa forma al corredor y al conjunto navarro. Afortunadamente para los españoles, el líder supo solventar los problemas con un descenso maravilloso, digno de entrar en los anales de la historia.



Clasificación 17ª etapa. Tarbes-Pau.
1- Claudio Chiappucci (Carrera) 5 horas 5 minutos 33 segundos
2- Massimo Ghirotto () m.t.
3- Jon Unzaga (Clas-Cajastur) m.t.
4- Bjarne Riis (Ariostea) a 1´ 17´´
5- Viatcheslav Ekimov (Novemail) a 1´ 21´´
6- Jean-Philippe Dojwa (Festina) m.t.
7- Jesper Skibby (TVM) a 1´ 24´´
8- Johan Museeuw (GB-MG) m.t.
9- Maximilian Sciandri (Motorola) m.t.
10- Stefano Colage (ZG-Mobili) m.t.

Clasificación general
1- Miguel Indurain (Banesto) 90 horas 29 minutos 49 segundos
2- Álvaro Mejía (Motorola) a 4´ 28´´
3- Zenon Jaskula (GB-MG) a 4´ 42´´
4- Tony Rominger (CLAS) a 5´ 41´´
5- Bjarne Riis (Ariostea) a 12´ 08´´
6- Claudio Chiappucci (Carrera) a 14´ 19´´
7- Andy Hampsten (Motorola) a 14´ 35´´
8- Johan Bruyneel (ONCE) a 16´ 30´´
9- Pedro Delgado (Banesto) a 19´ 21´´
10- Vladimir Poulnikov (Carrera) a 20´ 29´´


Saludos a todos!!!

jueves, 7 de abril de 2011

La leyenda del Mont Ventoux

El Mont Ventoux se encuentra ubicado en la región de la Provenza francesa. Se trata de un monte que se eleva como un muro, en solitario, por el llano terreno de la región provenzana. Es por ello por lo que es conocido como el Gigante de Provenza.
 
Era conocido también, además de por esa soledad, por las fortísimas corrientes de viento que soplan en la montaña en sus últimos kilómetros de ascensión (por carretera), curiosamente, y es otra particularidad suya, unos kilómetros totalmente desérticos, puesto que carecen por completo de ningún tipo de vegetación.
 
Pero a partir de 1951 esta montaña comenzó a ser conocido por algo más que ser aquella montaña que se elevaba en solitario en dicha región. Y es que ese año, fue la primera vez que la carrera francesa por excelencia, el Tour de Francia, había decidido incluirlo en su recorrido. En esa ocasión, al igual que en las siguientes, tan solo se haría un paso a través de la montaña, no finalizaría arriba.
 
En esa primera edición fue la única vez que se ha subido por la vertiente de Malaucène, el resto han sido por la misma vertiente, la de Bedoin (22 kilómetros de ascensión al 7.6 % de desnivel). Muy pocas veces se ha ascendido el monte pelado (otro nombre por el que se le conoce), tan solo 14 desde ese año de su descubrimiento.

Transcurrieron varias ediciones del Tour hasta que por fin, en 1958, se aceptó que el Ventoux fuese final de etapa. Iba a tener lugar una etapa contrarreloj, de un total de 21 kilómetros. La victoria, en una exhibición, correría a cargo de Charly Gaul, que ese año deslumbró en las carreteras francesas. Segundo de la etapa fue Bahamontes, y el tercero, en tan solo esa distancia quedó a más de 3 minutos del ganador. El tercero fue Dotto.

Pero esa montaña tenía algo sobrenatural, algo que daba miedo. Y ese algo sobrenatural se vio en 1967. Ese año el Gigante de Provenza pasó a los anales de la historia. Discurría la 13ª etapa del Tour de Francia de ese año, cuando se iba a afrontar la etapa que finalizaba en Carpentras. Julio Jiménez lanza un ataque y se adelanta a los favoritos. Esto le supondrá pasar el primero por la cima del coloso. Por detrás del español iba marcando el ritmo la selección francesa (se volvía a correr por selecciones nacionales).
 
En esos momentos, a poco más de 2 kilómetros para coronar, es cuando se comienza a descolgar una persona del grupo de favoritos. No sería más que un descolgado más de no ser porque se trataba del británico Tom Simpson, líder de su selección. Es una situación anómala, puesto que no solo se está quedando descolgado, si no que además se queda haciendo unas extrañas eses por la carretera al avanzar. Cada vez son más pronunciadas y va con la bicicleta de lado a lado de la calzada.
 
Finalmente, tras quedarse sin fuerzas, se ve obligado a parar. Un grupo de aficionados le rodean, pero él tan solo pide que le suban en la bicicleta y le dejen continuar. Así lo hacen, consiguiendo que suba a la bicicleta. Pero tan solo consigue dar unas pedaladas más, no avanzando ni 500 metros, cuando se desploma casi inconsciente sobre la bicicleta. La gente, que aún seguía rodeándole, le recostan a un lado de la carretera, e intentan hacer ejercicios de reanimación. Incluso llegan los médicos en su ayuda. Cunde el desconcierto hasta que unos minutos después llega un helicóptero a la zona, el cual le trasladará al hospital de Avignon. Allí, el hospital dará un parte fulminante, sobre las 17.30 del mismo día: el ciclista británico Tom Simpson ingresó en el hospital ya como cadáver.
 
¿Quién, a tenor de las noticias que rápidamente circulaban por la caravana del pelotón, iba a conceder importancia a que Jiménez hubiese sido alcanzado en el descenso, o que el vencedor del día fuera Jansen?
 
A Tom Simpson se le habían encontrado anfetaminas en el bolsillo del maillot. Al parecer estas habían sido mezcladas con alcohol previamente a la etapa. Esto unido al calor y al esfuerzo, le provocó una deshidratación y a la postre, su propio fallecimiento.
 
Esa misma tarde, los responsables del Tour, Lévitan y Goddet, realizan una conferencia de prensa en la que piden que se acabe con el uso de las drogas y anfetaminas en la carrera. Los ciclistas piden que se suspenda la etapa número 14, la del día siguiente, que no se suspenderá.
 
Al funeral de Tom solo se presentará un ciclista, compañero suyo en el equipo Peugeot, un jovencísimo belga, Eddie Merckx. Ese Tour terminó con la victoria final de Pingeon, pero ineludiblemente, ese fue el Tour de la muerte de Tom Simpson. El Gigante se había cobrado su primera víctima, aunque estuvo cerca de no ser la primera, puesto que en el 55 Jean Malléjac estuvo muy cerca de adelantársele. Pero no fue así, y el quizás mejor ciclista por etapas británico de la historia pasó a engrosar la leyenda del Ventoux.

Aquí teneís sus últimos metros en el Mont Ventoux:



saludos a todos!!!