martes, 6 de diciembre de 2011

Chava Jimenez

En la tarde del 6 de diciembre de 2003, el mismo día que se cumplía un cuarto de siglo desde que se aprobase la Constitución, en el mundo del ciclismo corrían lagrimas. Cuando se acercaba el ocaso del día, se detenía el corazón de uno de los ciclistas más queridos del pelotón por el publico español. Ese corazón era el de José María Jiménez, "El Chava" Jiménez, con V, por favor, tal y como él pidió a los periodistas que se escribiese su sobrenombre.
 
Nació en el año 1971, en la la localidad del Barraco, donde siempre tuvo su residencia. Bajo la tutela de Eusebio Unzúe y José Miguel Echavarri fue donde desarrolló toda su carrera deportiva, en la estructura del equipo Banesto.
 
Era un magnífico escalador, con cuya forma de correr y de comportarse sobre la bicicleta hizo que tuviera un hueco en el corazón de los aficionados. Sus espectaculares arrancadas, en las rampas más duras de los puertos, fueron las que quedaron en las retinas de ese público que siempre le esperaba en las cunetas de las carreteras, de la gente que esperaba su demarraje, que dejase descolgados a sus rivales.

Surgió, como otros muchos corredores, de la escuela de ciclismo "Ángel Arroyo", creada a raíz del triunfo en la Vuelta a España de este, creada por el padre de Carlos Sastre. Desde ahí promocionó a Banesto, por un acuerdo de colaboración mutuo.
 
Debutó en la subida al Naranco como profesional y desde su primer año dio muestras de su calidad y rozó los triunfos, aunque hasta 1994 no llegaron los primeros. Trinfos logrados, en contra de lo que hacía preveer su cuerpo, en la alta montaña. Y es que su físico no estaba cortado por el patrón tradicional de los escaladores, de corredor pequeñito y de muy escaso peso. Él no. Él tenía más bien un fisico de rodador, pero no rodaba. Tampoco contrarrelojeaba. Él solo subía. Esperaba a que la carretera se empinase, y era cuando comenzaba a lanzar sus ataques, todos hacia arriba. Corría para la afición. Y así fue como les llegaba al corazón. Pero no siempre estaba ahí. Su calidad era incuestionable, pero muchas veces cuando se le esperaba, ahí no estaba. Y otras era al contrario, si no se le esperaba, entonces aparecía. Su filosofía, si no puedo ganar, ni lo voy a intentar.

Participó en las tres grandes rondas por etapas del calendario ciclista. En el Giro lo hizo en dos ocasiones, pero no ganó. El mejor resultado que consiguió fue una segunda posición en una etapa del Giro 99, tras el pirata Pantani, en la etapa de L´Aquila. En el Tour participó hasta en cuatro ocasiones, sin obtener tampoco ninguna victoria de etapa, y al igual que sucedió en el Giro 99, en el Tour del año siguiente, fue su propio ídolo, el pirata Pantani, fue quien impidió que alzase los brazos victorioso en alguna cumbre, como la de Courchevel en que fue segundo tras él.
 
Pero fue en la Vuelta a España donde tuvo sus mejores actuaciones. Ahí si que llegaron las victorias de etapa, los maillots de la montaña, e incluso las clasificaciones generales. El idilio de Chava con esta carrera comenzó en el año 97, cuando consiguió su primera victoria en una grande, además de hacerse con el primero de los cuatro maillots de la montaña que consiguió en la prueba. Para la posteridad quedará la disputa que mantuvo con Olano por la general de la Vuelta del 98. En esa vuelta el Chava protagonizó su mejor participación en una gran vuelta por etapas, y fue durante varios días líder de la general. Pero la contrarreloj fue su tumba aquel año. Llegó como líder a la última etapa, una dura contrarreloj, pero no pudo defender su privilegiada posición, y fue adelantado en la general por el especialista y compañero de equipo Olano, y por Fernando Escartín.
 
Al año siguiente, ya sin Olano en Banesto por la lucha por el liderazgo del equipo, pudo conseguir la primera victoria en la meta del mítico puerto del Angliru, una etapa magnífica, con lluvía, y como toda la vida del Chava, rodeado de polémica.
 
En sus dos últimos años en activo tuvo luces y sombras. El año 2000 no fue especialmente bueno, pues en el Tour acabó lejos de la general y en la Vuelta se retiró. En ninguna de las dos consiguió victorias de etapa, además de unas declaraciones que hizo en la televisión de que no lo estaba pasando nada bien ese año. Pero al año siguiente en la Vuelta, en su Vuelta, volvió por sus fueros. Obtuvo hasta tres victorias de etapa y ganó los maillots de la regularidad y el de la montaña (el cuarto particular).

Y esas fueron sus últimas pedaladas como profesional. En ese invierno se dejó llevar por los placeres de la noche, por la fiesta, el alcohol, y la lujuria. Meses después intentó recuperar el tiempo perdido, con una dura preparación. Incluso llegó a hacer la concentración en Estepona con sus compañeros. Pero esa preparación fue contraproducente a largo plazo. A raíz de ahí se vio sumido en constantes depresiones. Su nombre siguió siendo asociado a la noche, y nadie había para ayudarle. Todos los que le daban palmas en la espalda en sus tiempos de bonanza y que estaban a su lado intentando sacarle lo que pudieran, habían desaparecido en estos malos momentos. Muy pocos intentaron o quisieron ayudarle.
 
Tras los malos efectos de esa preparación física llamó a su director, Unzúe, para decirle que abandonaba, que colgaba la bicicleta. Simplemente se dedicó a vivir la vida... nocturna, sobre todo. Realizó 2 nuevos intentos para volver a coger la bici, yendo a 2 concentraciones con su equipo. La primera fue en la primavera de ese 2002, en Ávila. La segunda, a finales de año, en Gran Canaria. Pero su cabeza ya no era la de un ciclista. El se había acostumbrado ya a otro tipo de vida. Aun a pesar de eso, en mayo se casó con Azucena. Con ella pensaba formar una familia, pero no le dio tiempo a hacerlo.
 
Tras esos intentos de volver a correr que hizo, él se ofreció a correr de manera gratuita, simplemente como forma de agradecimiento a su equipo de siempre, y a su afición, y la invitación le fue declinada. Eso fue un golpe muy duro, desde ese momento ya, la depresión fue la mayor pendiente de su vida, y curiosamente en un escalador como él, la única que no superó.
 
Parece ser que estaba superando sus problemas en ese 2003, pero le llegó un terrible y mortal último golpe. Fue la Vuelta a España de ese año, en la que no participó al no tener equipo. Su prueba. No pudo, no fue capaz de verla por televisión.
 
Las últimas semanas de su vida las pasó ingresado en la Clínica San Miguel, para superar tanto su depresión como su adicción a las drogas. Pero ni una cosa ni la otra. Terminó muriendo entre la tarde y primera hora de la noche del 6 de Diciembre de 2003. Las causas parece ser que fueron por un ataque repentino al corazón. El mismo ataque que paralizó a todos sus seguidores. Pero ese ataque, directo al corazón, ya lo había sufrido hacía más de año y medio, justo cuando colgó la bicicleta. La prensa deportiva, simplemente lo señaló al día siguiente en un rincón de la portada de sus diarios.


“Mi hijo ha muerto como siempre vivió, al ataque y de repente”, fueron las palabras de la madre tras la muerte del ciclista del Barraco.

Se complen ahora 8 años de la muerte del Chava, desde que se le parase el corazón, no solo a él, sino también a gran parte de la afición española.



Saludos a todos!!

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