domingo, 14 de agosto de 2011

El día de la bestia

Hace 15 años, en 1996, cuando las esperanzas españolas en el Tour de Francia recaían únicamente bajo las piernas de Miguel Indurain, hizo su aparición un jovencísimo chico alemán, de 22 años, que parecía que dominaría aquella carrera durante la siguiente década. Aunque no ganó aquel año la carrera, dio muestras de su más que sobrado potencial en la carrera más prestigiosa del ciclismo mundial. Ese ciclista no podía ser otro que el alemán del equipo Telekom, Jan Ullrich.
 
Justo un año después, con un Indurain ya retirado, las esperanzas españolas se acumulaban ahora bajo la responsabilidad de Abraham Olano, curiosamente también su sucesor en el Banesto. Pero se cruzó también en su camino el mismo chaval que había comenzado a cavar la tumba de Miguelón, aunque terminara enterrándolo su compañero Riis.

Pues en ese mismo año de 1997, tuvo lugar una etapa en la que se presentó en sociedad esa bestia de Alemania del Este. En esa etapa se iban a afrontar subidas a puertos como el de Envalira, el de Ordino o la subida final hasta Andorra, por Arcalís.

En las primeras rampas del puerto de Envalira ya directamente se descolgaba la gran esperanza hispana, Olano. Algo más adelante, en el paso por el desvío del col de Puymorens la diferencia del grupo delantero, de 26 unidades, comandado siempre por Stephens era de 35" sobre un numeroso grupo donde marchaban Olano y el líder Vasseur. Ya no se es que se descolgara Olano en las duras rampas del Tourmalet. Lo hacía ahora en las suaves y asequibles rampas, para su forma de correr, del Envalira. Y lo hacía perdiendo la rueda de un grupo nada menos que de 26 unidades, muchos de ellos sin caché ninguno. Cuando se acercaba el grupo de cabeza a las inmediaciones de Pas de la Casa, la distancia había aumentado hasta el 1´10´´. La distancia siguió en aumento hasta la cima, donde las cámaras fijas cogieron el paso del grupo de los Banesto y del líder a 1´47´´ del grupo cabecero.

Aún a falta de dos puertos y de nada menos que 53 kilómetros a meta, Olano estaba eliminado de la carrera. Pero, tal y como sucedió el día anterior, le perdonaron la vida. Igual que fue sucediendo durante toda la carrera. De otra forma no se puede entender sino que el de Irún finalizase 4º en el Tour.
 
El grupo levantó el pie, lo que a final del descenso de Envalira casi había permitido a Olano y su grupo atrapar al grupo que le precedía. Y fue el momento en el que empezó el puerto de Ordino.
Durante unos instantes la carrera se volvió loca, con Virenque atacando y Ullrich saliendo con una falicidad pasmosa a su rueda. Esto propiciaba que Olano volviera a quedarse descolgado de nuevo. Pero volvieron a levantar el pie y perdonar al de Banesto. Por detrás, a un minuto aproximadamente, viajaba el líder Vasseur, quien jugandose el pellejo, conseguía enlazar con el grupo de favoritos (Dojwa marchaba en solitario en cabeza con medio minuto de ventaja), tras estar persiguiendolos desde el puerto anterior.

Mientras que en el pelotón, tras el descenso de Ordino había un parón, llegó el bueno de Vasseur y con un par de narices, decidió atacar al resto de sus indolentes y dubitativos compañeros de pelotón. Poco después le siguió gente como Camenzind, pero entre los favoritos ya se estaban preparando para lo que sucedería unos instantes después. Había llegado el momento clave de la etapa, y por ende, también de la carrera.

Durante imnumerables semanas antes de la carrera, y durante la primera semana de la misma, el último vencedor del Tour, el danés Bjarne Riis, se puso a reclamar sus derechos sobre el liderazgo de su equipo, el Telekom, donde compartía equipo con el deslumbrante talento alemán Jan Ullrich. Hubo cuantiosas discusiones entre el danés y unos directores que hasta entonces con la boca pequeña y a partir de ese momento con todas las consecuencias, apoyaban al joven talento ante el último ganador. Curiosamente en este disputa entre el equipo y Riis, el único que no tomó partido fue Ullrich. Precisamente gracias a su nobleza, el danés no fue eliminado de la disputa de la general el día anterior e incluso en esta, ya que se limitaba a intimidar a los Festina, sin proseguir ninguno de los ataques de estos. Pero el respeto a la jerarquía del alemán duró hasta las primeras y más duras rampas de Arcalis. En ese momento fue cuando un Jan con mejores piernas decidió poner las cosas en su sitió. Desató con su ataque el "día de la bestia".

Nada más iniciarse las primeras rampas del puerto, las más duras, Ullrich se dirigió a su coche para pedir libertad para atacar. El coche del director accedió a su petición y tras eso se puso en cabeza. Un primer acelerón fue respondido por Casagrande. Un segundo acelerón, y definitivo, solo fue respondido por Virenque, aunque la respuesta solo duró unos pocos metros. Rápidamente dio caza Ullrich a los Camenzind, Dojwa o Vasseur y se puso en cabeza de carrera.
 
Por detrás Pantani enlazó con Virenque, pero su alianza fue en vano, porque la bestia que hasta ese momento estaba dormida, había despertado. El alemán pedaleaba agarrando las manetas de freno, con una gran velocidad y quizás un poco atrancado con el desarrollo. La distancia entre él y el duo perseguidor no hizo más que subir y subir, hasta que fueron entrando todos por la línea de meta. Nada menos que 1 minuto y 8 segundos de retraso acumularon Pantani y Virenque. Casi un minuto más empleó Casagrande. Con más de otro minuto más de retraso hizo su entrada en meta el otrora jefe de filas de Jan, Bjarne Riis. A 3´45´´ nada menos se iba la distancia con Olano y su grupo o hasta casi los 8 minutos con el anterior líder, Vasseur.
 
Ullrich había provocado una autentica carnicería, y además en el terreno en el que teóricamente era más vulnerable, la alta montaña. Todavía quedaban 2 etapas contra el reloj, y parecía que ya había sentenciado la carrera en su favor, ya que aventajaba a Virenque en la general en 2´58, a Olano en 4´46´´ y al 4º y último ganador de la ronda, Riis en 4´53´´. Una autentica pasada para una sola etapa de montaña, sin olvidar que además, este no era su punto fuerte.

Todo esto hacía presagiar un dominio futuro similar al que realizó en su momento Merckx, pero por diferentes motivos, casi todos culpa del propio alemán, jamás volvió a alzar los brazos victorioso en París.


Saludos a todos!!

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