jueves, 16 de junio de 2011

Anécdotas de Merckx

Han transcurrido muchos años desde que se retirara profesionalmente del ciclismo el belga Eddie Merckx, allá por la fecha del primero de mayo del año 1978, cuando contaba con tan solo 32 años (le faltaba poco más de un mes para los 33). A dicha edad, por ejemplo, el español Carlos Sastre todavía no había ganado el único Tour que tiene su palmarés, por comparar lo prematuro de su retirada. Se retiraba exactamente el día que cumplía 13 años en el profesionalismo. Sin duda era un fuera de serie, porque sino, de cualquier otra manera no habría debutado a la temprana edad de 19 años.
 
La traectoria del campeón belga fue dilatada, hasta 13 años en la élite, pero se retiró muy joven, ya que se desgastó mucho durante su trayectoria deportiva. No hay que olvidar que durante desde 1976 (inclusive) prácticamente no ganó ninguna prueba, cuando el cuenta en su palmarés con más de 500 victorias, entre victorias de etapa, generales y pruebas de un día o diferentes maillots (combatividad, montaña...). Es por ello por lo que gran parte de la afición le conoce como El Caníbal, y una parte más reducida del publico como El Ogro de Tervueren.

Pero yo hoy no quería hablar acerca de la impresionante carrera y palmarés del mejor ciclista de todos los tiempos (según se dice solo Coppi podría igualársele en calidad, pero le pilló una Guerra Mundial de por medio). Y es que del impresionante corredor belga han corrido ríos de tinta acerca de múltiples leyendas acerca de su comportamiento en la carretera y de su carácter ganador. A día de hoy nadie sabe decir si son ciertas o no esas leyendas, salvo los propios corredores que las sufrieron (o vieron) y el campeón de todo (menos la París Tours).

Alguna de esas leyendas nos sitúan en el Tour de Francia, creo que del año 1972. El año anterior, aunque había ganado el Tour de Francia, había sido derrotado en la carretera por Ocaña, y debido al abandono de este por caída, ganó la carrera. Ante ello, se preparó concienzudamente en el que sería su 4º Tour victorioso. Pues bien, en dicho Tour, en una etapa llana que este quería que fuera de transición un equipo decidió acelerar el ritmo y se pusieron al frente del pelotón. Esto no le sentó bien al Caníbal, y en una de sus habituales demostraciones de carácter, se puso al frente del pelotón en el lado opuesto de la calzada, como queriendo demostrar que podía él solo aguantar dicho ritmo.
 
Evidentemente los miembros del equipo rival se muestran sorprendidos, pero lejos de aminorar su marcha, deciden seguir al frente, esta vez entonando una canción en voz alta, como para demostrar que iban sobrados. La respuesta de Merckx, la habitual. Ataque suyo y entra finalmente extenuado por la línea de meta, pero habiendo vencido en la etapa.

O las leyendas que le unen al español Luis Ocaña, que son varias. Desde una semi desconocida que transcurrió tras varios años de rivalidad entre ellos, cuando Ocaña contó a la prensa que Merckx le solía ganar en la bicicleta, pero que un día se le llevó de fiesta y no pudo aguantarle el ritmo. Circula otra que dice que un día aburridillo en una alguna carrera, Merckx se escapó y se escondió tras un arbusto. Evidentemente Ocaña salió en su persecución. Fue impresionante la sorpresa que se llevó Ocaña al ver a Merckx darle un susto por las espaldas cuando le alcanzó de nuevo. Sinceramente, de todas cuantas leyendas se cuenta de Merckx, esta es la menos creible, debido al carácter en la carretera del campeón belga y mundial.
 
O aquella más conocida en la que el español envió un telegrama al belga a inicos de 1971 en el que le dijo que respirase ahora tranquilo, porque en el Tour no iba ni a poder respirar. Efectivamente, Luis cumplió su promesa, y solo un accidente le impidió cumplir su palabra, cuando contaba con más de 7 minutos de ventaja con el belga.

Y por supuesto, la leyenda más sonada que ha llegado a nuestros días sobre el campeón. Y es que tal era su afán por la victoria, no solo las de etapa, sino también las metas volantes y todo tipo de premios, que un día vio a lo lejos una pancarta que creyó una meta volante y atacó, ante la perplejidad de pelotón, dejándolos atrás. Cuando llegó a la pancarta, se llevó una sorpresa mayúscula, puesto que esta no era más que la de un patrocinador. Sonadas tuvieron que ser las risas de sus compañeros de pelotón cuando se reintegró al mismo.

Realmente no se sabe cuantas de estas leyendas son ciertas y cuales son falsas, pero sin duda ha sido carácter competitivo del Caníbal el que ha dado pie a todas estas leyendas, sean o no ciertas.


Saludos a todos!!

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